Gregorio, Yolanda y Carolina García de Bodegas Valduero
Así es el único vino rosado reserva de la Ribera del Duero
Bodegas Valduero presenta un rosado que nace de la unión de dos variedades que forman parte de la identidad de esta tierra: Tinto Fino y Albillo Mayor
Hay vinos que nacen de una tierra y otros que aspiran a contar su historia. Desde su llegada a Ribera del Duero, Bodegas Valduero ha construido su trayectoria alrededor de una idea: entender esta tierra, preservar su legado y llevarlo un paso más allá. Entre sus primeros grandes retos estuvo la recuperación y puesta en valor del Albillo Mayor, una de las variedades blancas autóctonas de la región. Hoy, ese conocimiento del viñedo y de sus variedades vuelve a convertirse en el punto de partida de un nuevo hito: Valduero Rosado Gran Reserva 2019, el primer rosado Gran Reserva de Ribera del Duero.
El resultado es un vino que nace de la unión de dos variedades que forman parte de la identidad de esta tierra: 55 % Tinto Fino y 45 % Albillo Mayor. Un rosado que no busca parecerse a los demás, sino expresar desde el principio el carácter de su origen. Su elaboración rompe con la concepción más habitual de esta categoría: aquí no se mezclan vinos terminados para conseguir el color y el perfil final, sino que las uvas tintas y blancas se unen desde el inicio del proceso para fermentar conjuntamente y desarrollar, desde el origen, todo su potencial.
Una suerte de alquimia enológica en la que los matices de ambas variedades se encuentran durante la fermentación y construyen una armonía propia. El resultado es un rosado de otra dimensión, con mayor estructura y complejidad, capaz de desafiar el arquetipo de frescura inmediata que tradicionalmente acompaña a esta tipología de vinos.
Valduero Rosado Gran Reserva
La historia de Valduero Rosado Gran Reserva 2019 comienza mucho antes de llegar a la botella. Lo hace en La Yunquera y Fuentepinedo, dos fincas situadas entre los 850 y los 900 metros de altitud, donde los suelos de guijarro arenoso y arcilla acogen viñedos de más de 30 años. En ellas conviven las dos variedades protagonistas de este vino. El Albillo Mayor crece en espaldera -trabajando las plantas completamente a mano, sin intervención de maquinaria -, mientras que el Tinto Fino se cultiva en vaso, dos formas de conducción adaptadas a las características de cada variedad y a una viticultura que busca extraer de cada parcela su máxima expresión.
Son viñedos sin riego, sometidos a las condiciones propias de una tierra de contrastes y de gran altitud. La producción se mantiene deliberadamente contenida para concentrar los esfuerzos en un único objetivo: preservar la máxima calidad de cada racimo. La vendimia, como parte esencial de esta filosofía, se realiza de forma manual y las uvas se recogen en cajas de 14 kilogramos. Una vez en bodega, la uva se enfría durante la noche hasta alcanzar los 4 ºC antes de su estrujado y encubado. Es entonces cuando comienza uno de los rasgos más singulares de este vino: el encuentro entre la uva blanca y la tinta.
No se trata de una mezcla posterior, sino de una convivencia desde el principio. El Albillo Mayor y el Tinto Fino maceran y fermentan conjuntamente, permitiendo que sus características se integren durante el proceso y que cada variedad aporte aquello que mejor sabe hacer. La frescura y vivacidad del Albillo Mayor encuentran el carácter, la estructura y la profundidad del Tinto Fino en un vino que se construye desde el origen como una única expresión. Después llega el tiempo. Porque un Gran Reserva no se construye con prisa. La crianza pasa por 4 años en barrica y 2 en botella, con una clara predilección a preservar una guarda en botella más longeva.