Natalia Bayona

El turismo, una herramienta para el diálogo y la diplomacia cultural

El turismo no solo moverá economías, sino que seguirá moviendo lo más valioso: nuestra capacidad para entendernos y respetarnos

Después de pasar las fiestas en mi querida Colombia, disfrutando de la naturaleza de un país tan biodiverso, y con la cabeza asentada en lo que ha sido mi hogar durante la última década, España, me reafirmo en un pensamiento que siempre me ha acompañado: la prioridad somos y debemos ser, siempre, las personas y el respeto.

Estar en el campo, conectando con mis raíces, plantando orquídeas colombianas, desayunando arepas santanderianas, me recordó aquello que siendo solo una niña mi padre me repetía: «Los valores deben ser la prioridad, porque lo material pasa, pero la esencia de lo que somos y defendemos se mantiene».

Y hoy, en momentos de profundos cambios y de transformación del mapa del multilateralismo, esa idea se traslada al mapa global. Es ahora cuando debemos generar acuerdos y fomentar la conversación a todos los niveles y, el turismo, nuestro querido sector, es un gran aliado en ese sentido.

El sector económico más humano

El turismo genera entendimiento; ese es su valor supremo, ayudar al entendimiento entre las personas, en dar a conocer sus costumbres y sus modos de vida. Porque este sector no se basa en el transporte y el hospedaje. El turismo es relación humana, conocimiento compartido y construcción de puentes culturales.

También es desarrollo económico y de inversión. A nivel mundial, el turismo conforma más del 3% del PIB global. En España, cuando se consideran sus efectos directos e indirectos, representa alrededor del 12%. Y en Colombia, ya en 2019, antes de comenzar la pandemia, el sector aportaba más del 4%, y hoy vuelve a recuperar su dinamismo con cifras crecientes de llegadas internacionales.

Millones de puestos de trabajo, muchos de ellos en pymes y economías locales, dependen de la actividad turística

El turismo es además generador de empleo: millones de puestos de trabajo, muchos de ellos en pymes y economías locales, dependen de la actividad turística. Según datos oficiales recientes, en España el turismo emplea directamente a más de 3 millones de personas; en Colombia, la recuperación del empleo turístico es una prioridad para alcanzar la inclusión regional y la reactivación rural.

La diplomacia cultural como catalizadora del entendimiento

Pero además de los factores económicos y de empleabilidad, el turismo es capaz de aportar en otras áreas. La dimensión política del turismo es notable gracias a su capacidad para tender puentes y para hacer parte de la llamada diplomacia cultural o soft diplomacy, en la que las artesanías, la gastronomía, las festividades y la hospitalidad proyectan la marca país de forma perdurable. Ejemplos sobran: desde eventos culturales internacionales relacionados con la creación artística hasta ferias gastronómicas o rutas de patrimonio que abren puertas económicas y políticas.

La dimensión política del turismo es notable gracias a su capacidad para tender puentes y para hacer parte de la llamada diplomacia cultural o 'soft diplomacy'

Ese terreno está abonado para el desarrollo cultural, pero para que florezca es necesario diseñar políticas públicas que apoyen lo local y fomenten el intercambio y la preservación de los recursos. También facilitar la internacionalización de pequeñas empresas creativas y artesanales y usar el turismo como instrumento de diálogo entre comunidades y gobiernos.

La educación, siempre en la base del crecimiento

La dimensión social del turismo exige atención: la educación es clave para mantener y ampliar la calidad en el sector, pero también para mejorar la formalidad, el gran reto al que tiene que enfrentarse. Hoy, una parte importante del empleo turístico sigue siendo informal o de baja cualificación; en muchos países, entre el 30% y el 50% de los trabajadores vinculados al turismo no cuentan con formación específica. Por eso necesitamos programas formativos adaptados: capacitación en innovación y digitalización, en gestión sostenible, y en idiomas.

En muchos países, entre el 30% y el 50% de los trabajadores vinculados al turismo no cuentan con formación específica

La inversión pública y privada en formación técnica y superior vinculada al turismo ya está en la hoja de ruta, pero tiene que continuar incrementándose. Las alianzas entre instituciones educativas, cámaras de comercio y organizaciones comunitarias son la vía para profesionalizar el sector y aumentar su calidad en todos los puntos de la cadena de valor del turismo.

También es esencial incorporar el desarrollo sostenible y la preservación del patrimonio como ejes transversales. Proteger la biodiversidad y a las comunidades que la pueblan, como en mi querida Colombia, no es un lujo sino una condición para la permanencia de destinos; la gestión responsable del agua, los residuos y el acervo cultural debe formar parte del camino formativo en el sector y de las nuevas formas de inversión.

En tiempos de cambio, el turismo es una herramienta poderosa para humanizar. Si apostamos por un turismo enfocado en el respeto y el acercamiento, que ofrezca oportunidades reales de empleo digno y que impulse educación y formación, construiremos sociedades más cohesionadas. Las humanidades (la historia, la lengua, las artesanías) nos ayudan a leer contextos, a respetar las diferencias y a generar empatía. Invertir en la formación humanística de quienes trabajan en turismo es invertir en calidad de experiencia y en paz social.

El turismo puede ser un motor económico y un catalizador para la diplomacia, pero solo será sostenible si las personas están en el centro

Termino donde comencé: las raíces y los valores. El turismo puede ser un motor económico y un catalizador para la diplomacia, pero solo será sostenible si las personas están en el centro. Por eso propongo tres prioridades concretas que son políticas públicas que aumenten la inversión en formación; incentivos reales para formalizar empleo y mejorar condiciones laborales en pymes turísticas; planes de gestión y promoción de inversiones sostenibles que vinculen a comunidades locales y protejan la biodiversidad. Así el turismo no solo moverá economías, sino que seguirá moviendo lo más valioso: nuestra capacidad para entendernos y respetarnos.

  • Natalia Bayona es Directora Ejecutiva-Organización Mundial del Turismo
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