Avión de Iberia

En situaciones límite, cada segundo cuenta, y el objetivo es siempre el mismoEuropa Press

Un piloto explica qué ocurre si se rompe una puerta o una ventana en pleno vuelo

La explicación pone de relieve hasta qué punto la seguridad aérea se apoya en protocolos estrictos y en la rapidez de reacción de las tripulaciones

Una despresurización en pleno vuelo es uno de los escenarios más delicados a los que puede enfrentarse una tripulación aérea. De hecho, aunque es poco frecuente, la rotura de una puerta o una ventana a gran altitud desencadena una cadena de efectos físicos inmediatos que obligan a actuar con rapidez y precisión para garantizar la seguridad de todos los ocupantes del avión.

Según explica en el podcast B3tter, lo primero que perciben los pasajeros y la tripulación es un cambio brusco en el ambiente dentro de la cabina. «Lo primero que notarás es una niebla muy fuerte, mucho frío y tienes una conciencia útil de entre 10 y 12 segundos», detalla. Ese breve margen de tiempo es clave, ya que marca el inicio de un fenómeno conocido como hipoxia.

La hipoxia se produce cuando el organismo no recibe suficiente oxígeno, una situación que a gran altitud puede provocar la pérdida de conciencia en apenas unos segundos. Por este motivo, la reacción inicial está perfectamente protocolizada. «Entonces lo primero en ese momento es máscaras de oxígeno», subraya el piloto.

En el caso de la tripulación, el equipamiento es aún más específico. «Nosotros tenemos una aún más potente que es que nos cubre toda la cara y nos permite oxígeno al 100 % y comunicaciones internas», explica, en referencia a las máscaras que utilizan los pilotos para mantener el control de la aeronave y coordinarse entre ellos incluso en situaciones extremas.

Descenso urgente a una altitud segura

Una vez asegurado el suministro de oxígeno, la prioridad absoluta es reducir la altitud lo antes posible. «Entonces lo primero es bajar a atmósfera respirable», señala el piloto, quien añade que este descenso se realiza con rapidez. «Le tardamos muy pocos minutos en llegar porque bajamos muy rápido».

En ese momento, cualquier consideración sobre la comodidad del vuelo pasa a un segundo plano. «Ahí ya no estamos pensando en lo cómodo, incómodo, agradable o no agradable que es el vuelo. Estamos pensando en llegar a atmósfera respirable», precisa.

Comprobaciones y aterrizaje de emergencia

Al alcanzar una altitud en la que el aire vuelve a ser respirable, la tripulación inicia las comprobaciones internas. «Entonces una vez llegamos a esa altitud, avisamos a nuestros compañeros y les decimos oye, atmósfera respirable, se comprueba que todo bien, que todo el mundo está bien», relata.

A partir de ese punto, el daño estructural deja de ser el problema principal. «Una vez estás ahí ya te da igual que tengas una ventana, una puerta o cualquier agujero en el avión», afirma. Con la respiración asegurada para todos los ocupantes, el procedimiento es claro: «Ya obviamente todo el mundo está salvo porque puede respirar, pero ya te irías a aterrizar en el aeropuerto más cercano».

La explicación pone de relieve hasta qué punto la seguridad aérea se apoya en protocolos estrictos y en la rapidez de reacción de las tripulaciones. En situaciones límite, cada segundo cuenta, y el objetivo es siempre el mismo: recuperar una atmósfera segura y llevar el avión a tierra lo antes posible.

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