Vista de Medina de Rioseco (Valladolid)
Medina de Rioseco, la gran Semana Santa de la Ciudad de los Almirantes
La Muy Noble y Muy Leal ciudad de Medina de Rioseco, en pleno corazón de Tierra de Campos, hunde sus raíces en la prosperidad comercial del Siglo de Oro, en el poder nobiliario de los Almirantes de Castilla y en una profunda religiosidad. Algunas de sus cofradías figuran entre las más antiguas de España. En vísperas de la Semana Santa viajamos hasta esta localidad vallisoletana para adentrarnos en su historia y en el esplendor que ha llevado a conservar una Pascua que aquí se vive todo el año, núcleo de las celebraciones penitenciales surgidas tras el Concilio de Trento.
Algunas de las cofradías de Medina de Rioseco figuran entre las más antiguas de España, como la de la Santa Vera Cruz, fundada en 1545
Capital de una de las cuatro Cuadrillas de Tierra de Campos en la Edad Media y sede de los poderosos Almirantes de Castilla en los siglos modernos, además de estrechamente vinculada a la Mesta, la ciudad conserva un notable patrimonio arquitectónico y cultural.
Fiesta de Interés Turístico Internacional
Semana Santa en Medina de Rioseco
En aquel tiempo de fervor religioso y prosperidad económica por sus ferias y la lana surgieron las cofradías riosecanas más antiguas de España, como la de la Santa Vera Cruz (1545), aún vinculada al convento de San Francisco, junto a la Pasión, la Quinta Angustia, la Soledad o el Santo Sepulcro, que custodia los pasos más emblemáticos del Encuentro. Hoy diecisiete cofradías y más de 4.000 cofrades sostienen una Semana Santa única, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional y convertida en la principal seña de identidad de la ciudad. Pasa la vida pero no pasan sus pasos, tal y como escribió sobre ellos Unamuno en 1932.
Paso Grande de la Crucifixión (Longinos), de Tomás Sierra
En la iglesia de la Santa Cruz, de estilo herreriano y vinculada al clasicismo vallisoletano, se encuentra el Museo de la Semana Santa. Entre sus piezas más valiosas destaca la talla del siglo XV de Nuestra Señora de la Piedad, una de las obras más antiguas de la ciudad. El museo reúne numerosas imágenes de los siglos XVI y XVII procedentes del taller de los Sierra. Entre ellas, Jesús atado a la columna, pequeña talla atribuida a Juan de Ávila inspirada en un modelo de Gregorio Fernández y conocida como el Ecce Homo, y la Dolorosa de finales del siglo XVII, obra de Tomás de Sierra basada en la Virgen de las Angustias de Juan de Juni, que cierra la procesión del Jueves Santo.
Paso Grande del Descendimiento (La Escalera)
Otras piezas destacadas son el Cristo de la Pasión, el Cristo de la Paz, el Cristo Yacente y el Nazareno. Junto a los pasos procesionales, el templo conserva sus retablos originales. El altar mayor, obra de Juan de Medina Argüelles, incluye once lienzos de Diego Díez Ferreras dedicados a la vida del emperador Constantino. En la capilla mayor se mantienen dos retablos laterales del siglo XVII dedicados a Nuestra Señora de la Piedad y al Santo Cristo de la Pasión, con relieves de Tomás de Sierra. En el museo puede verse también el tapetán, pequeño tambor forrado que toca un niño al inicio de la procesión del Jueves Santo, cuyo redoble anuncia el avance del cortejo.
Un altar, tres autores
Altar mayor de Santa María
Otro de los templos emblemáticos es Santa María y Santiago de Mediavilla. De estilo gótico de transición, propio de finales del siglo XV, conserva aún capiteles de la iglesia románica que la precedió. Destaca su imponente coro de madera de nogal con pinturas y su reja, trasladados desde el convento de San Francisco tras la desamortización. Su altar mayor constituye una gran obra del Renacimiento castellano, ya que aúna a tres de los escultores más importantes del siglo XVI. Gaspar Becerra se ocupó de sus trazas, incorporando el modelo clasicista que había traído de Italia y que desarrollaba también en la catedral de Astorga. Juan de Juni fue el encargado de ejecutarlo, aunque mantuvo un pleito por la autoridad de las trazas de Becerra. Su estilo manierista quedó plasmado en figuras como San Pedro y San Pablo. Tras su muerte en 1577, la obra fue concluida por Esteban Jordán.
Capilla de los Benavente
También sobresale la capilla funeraria de los Benavente, conocida como la Capilla Sixtina de Castilla y dedicada a la Inmaculada. Su rica decoración y bóveda estrellada la convierten en una joya artística de España. Junto a esta iglesia se encuentra la Capilla de los Pasos Grandes, donde se custodian los monumentales conjuntos escultóricos de la Crucifixión (Longinos) y el Descendimiento (la Escalera). Dadas sus dimensiones, fue necesario levantar esta capilla en 1664 para albergarlos. Cada Viernes Santo, cuando atraviesan su estrecha puerta para incorporarse a la procesión, protagonizan uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa riosecana.
La vida del Apóstol
Iglesia de la Santa Cruz con el Museo de la Semana Santa
Vinculada desde siempre a la Pasión es también la iglesia de Santiago de los Caballeros. Renacentista y barroca, esbelta por sus columnas y sobria por su fachada herreriana, refleja el esplendor de Medina de Rioseco en la época de prosperidad de la ciudad. El templo sustituyó a otro anterior. Rodrigo Gil de Hontañón diseñó sus trazas renacentistas y posteriormente se rehízo el altar mayor en estilo churrigueresco. Este fue limpiado en profundidad con motivo de Las Edades del Hombre de 2011, cuando se retiraron más de 150 kilos de polvo acumulado. En sus cúpulas elípticas con motivos compostelanos aparece el Apóstol montando un caballo blanco. Tanto el altar mayor como las representaciones del interior narran con gran detalle la vida del Apóstol.
El Apóstol Santiago montando un caballo blanco con manchas negras en la la iglesia de Santiago de los Caballeros.
El Encuentro
El templo es parada de peregrinos en el Camino de Madrid. Entre sus espacios destacados tenemos la capilla de San Cayetano, la de la Vera Cruz y la sacristía de Hontañón, con sus notables cajoneras de nogal. Desde aquí parte en procesión Jesús Nazareno la mañana del Viernes Santo para encontrarse con la Virgen de la Soledad, que sale de Santa María. El llamado Encuentro constituye uno de los momentos más emotivos de la Semana Santa, cuando los pasos avanzan hasta quedar frente a frente en medio del silencio del público. También de Santiago salen la Verónica, que limpia el rostro de Cristo camino del Calvario, y el Cristo de la Clemencia.
Marca de los dedos de Juan de Juni en una de sus obras
La desamortización de Mendizábal obligó al cierre del convento franciscano de Nuestra Señora de la Esperanza, fundado en 1491 por el IV Almirante de Castilla, primo de Fernando el Católico. Fue uno de los primeros conjuntos renacentistas de Castilla y hoy funciona como museo que alberga muchas obras que lo decoraron. Entre ellas destacan esculturas de la familia Sierra, la iglesia gótica de los Reyes Católicos obra de Hontañón, y las yeserías de los hermanos Coral. El convento custodia una singular colección flamenca de óleo sobre cobre y Las mujeres orantes en bronce, realizadas un siglo antes que las de los Leoni para los Austrias. También conserva importantes obras de Juan de Juni; en una de ellas, que se rompió, puede verse en su interior las marcas de los dedos del maestro.
Santa María y Santiago de Mediavilla
Durante siglos este convento fue fundamental para el desarrollo de la Semana Santa riosecana, ya que los franciscanos impulsaron la devoción por la Pasión de Cristo. En él tuvieron su sede varias cofradías y se custodiaron algunos de los pasos más antiguos. Fue, en definitiva, uno de los focos espirituales donde se gestó una tradición que en Medina de Rioseco se vive todo el año y que hoy constituye una de las celebraciones más sobrecogedoras de Castilla.