La pequeña y desconocida isla griega de las esponjas, la fortuna y la muerte

La pequeña y desconocida isla griega de las esponjas, la fortuna y la muerteCarla Royo-Villanova

Symi

La pequeña y desconocida isla griega de las esponjas, la fortuna y la muerte

Es una de las islas más bonitas de Grecia, con elegantes mansiones de colores y calas de agua cristalina, pero también con una dura historia de supervivencia de sus habitantes derivada de su dedicación al comercio de esponjas recogidas del fondo del mar

El archipiélago del Dodecaneso en el mar Egeo siempre fue protagonista en la historia del Mediterráneo, en la literatura e incluso en la mitología griega. Pero si hay una isla que acapara las miradas más curiosas, esa es Symi. Pequeña, poco poblada y sin apenas vegetación, sus habitantes supieron sacar partido a las profundidades marinas, enriquecerse y comerciar incluso en mercados internacionales. Sin embargo, la historia de una de las islas más bonitas de Grecia no siempre fue feliz.

El comercio de esponjas enriqueció a la isla de Symi, pero también condenó a muchos de sus buceadores a la parálisis o la muerte

Tras las elegantes mansiones de colores que rodean su puerto se oculta la memoria de una época en la que sus habitantes hicieron fortuna buscando esponjas en el fondo del mar, un oficio que enriqueció a la isla, pero que también condenó a muchos de sus buceadores a la parálisis o la muerte. La historia de Symi es la historia de hombres y mujeres que, jugándose la vida, construyeron uno de los entornos isleños más pintorescos de Grecia.

Origen mitológico

Algunas de las coloridas mansiones en la isla de Symi

Algunas de las coloridas y elegantes mansiones en la isla de SymiGetty Images/iStockphoto

Como la mayor parte de las islas griegas, también Symi tiene su propio origen mitológico. Fue Ctonio, hijo de Poseidón y Syme, el primer colonizador de la isla, a la que puso el nombre de su madre. Otra leyenda asegura que Syme, una princesa de Rodas, llegó aquí con Glauco huyendo de su padre, quien no aceptaba su unión.

De la mitología pasa a la literatura universal de la mano de Homero, quien, en el Catálogo de las Naves de La Ilíada, narra cómo Nireo, hijo del rey Cáropo de Symi, «el más hermoso de todos los griegos que llegaron ante Troya después de Aquiles», iba al frente de tres barcos rumbo a la guerra de Troya.

De Bizancio a la II Guerra Mundial

Vistas del puerto, con goletas y embarcaciones de pesca y recreo

Vistas del puerto, con goletas y embarcaciones de pesca y recreoCarla Royo-Villanova

La isla pasó por Bizancio hasta acabar en la órbita de los Caballeros de San Juan instalados en Rodas. En 1522, tras la conquista otomana de Rodas, pasó a formar parte del imperio otomano. Dominio que se prolongó hasta 1912, cuando Italia ocupó el Dodecaneso en la guerra italo-turca. En la Segunda Guerra Mundial fueron los nazis quienes la ocuparon. El 8 de mayo de 1945, coincidiendo con el final de la guerra en Europa, se firmó precisamente en Symi la rendición de las fuerzas alemanas del Dodecaneso ante los Aliados. Las islas quedaron bajo administración británica hasta que el Tratado de Paz de París estableció que Italia cedía a Grecia todo el archipiélago. A pesar de tanto cambio, Symi siempre mantuvo una intensa y próspera actividad marinera y comercial.

La «piedra campana»

Pescador de la isla de Symi

Pescador de la isla de SymiGetty Images/Joakim Leroy

Un trabajo mucho más arriesgado sería el que acabara transformando su destino: la búsqueda de esponjas en las profundidades del Mediterráneo. Durante siglos, los hombres de Symi se especializaron en la recolección de esponjas, una actividad que compartieron especialmente con la cercana Kalymnos y que acabó convirtiéndolos en algunos de los buceadores más reputados del Mediterráneo.

Durante siglos, los hombres de Symi se especializaron en la recolección de esponjas, siendo de los buceadores más reputados del Mediterráneo

Descendían a pulmón con la ayuda de la llamada kampanellopetra, la piedra campana, por su forma. Se trataba de un lastre de entre doce o quince kilos, atado con un cabo a la embarcación. En el fondo cogían todas las esponjas que sus pulmones les permitieran. Podían llegar en sus barcos hasta las costas de África y las campañas eran largas. De vuelta a casa las limpiaban y comercializaban. El negocio era tan fructífero que llegaron a venderlas en Londres, París e incluso en Estados Unidos. Armadores y comerciantes levantaron con aquella riqueza la gran mayoría de las mansiones neoclásicas que ahora llaman tanto la atención del visitante.

El escafandro

Puesto de esponjas con un escafandro de buceo

Puesto de esponjas con un escafandro de buceoCarla Royo-Villanova

En 1863 el empresario Fotis Mastoridis regresó a su isla con un escafandro que permitía respirar aire enviado desde la superficie y permanecer mucho más tiempo bajo el agua. Como es natural, los buceadores desconfiaron, así que, según la tradición local, para demostrar que el equipo era seguro, su esposa Eugenia, embarazada, se lo enfundó y bajó hasta el fondo del puerto. Así fue como el nuevo método comenzó a utilizarse. Fue toda una revolución que multiplicó las capturas y permitió llegar a fondos antes inaccesibles. Pero las consecuencias fueron terribles, porque pasaban mucho tiempo a gran profundidad sin conocer los peligros de una descompresión rápida. Comenzaron las parálisis, las lesiones neurológicas y las muertes.

El escafandro multiplicó las capturas de esponjas, pero también los peligros para la salud de los buceadores

La rebelión contra la máquina no se hizo esperar y comenzaron los disturbios de los buceadores contra armadores y comerciantes, a los que acusaban de hacer dinero a costa de sus vidas. En 1903, el poeta Kalafatas escribió Sueño de invierno, un poema de protesta para que el sultán se hiciera eco y prohibiera el uso del escafandro asesino. Symi aparecía como la madre que llora desconsolada la muerte de sus hijos: «Antes Medusa los convertía en piedra; ahora lo hace el horrible casco».

A la isla solo se puede llegar en barco

A la isla solo se puede llegar en barcoGetty Images/iStockphoto

Aquella época de esplendor y tragedia firma la imagen de la bahía de Gialos. Quienes hicieron fortuna quisieron reflejar su poderío con la construcción de sus nuevas mansiones y adoptaron el neoclasicismo, muy de moda en la Europa del siglo XIX, y las pintaron de colores. El conjunto ha conservado tal unidad, que fue declarado lugar histórico protegido en 1971 y constituye una de las imágenes más reconocibles del Dodecaneso.

Las coloridas mansiones neoclásicas de Symi constituyen una de las imágenes más reconocibles del Dodecaneso

Las casas ascienden en anfiteatro por las laderas y, entre ellas, una monumental escalinata de unos 500 peldaños, la Kali Strata, comunica Gialos con Ano Symi o Chorio, la parte alta de la población. Más arriba se encuentra el antiguo Kastro, levantado sobre una posición fortificada desde la Antigüedad, y junto a él la iglesia Megali Panagia. Desde este punto elevado se comprende mejor la disposición de la ciudad y su relación constante con el mar.

Casas de estilo neoclásico en modo anfiteatro

Casas de estilo neoclásico en modo anfiteatroGetty Images

El monasterio del arcángel

En el extremo opuesto, hacia el suroeste de la isla, en la bahía de Panormitis se encuentra el monasterio de Panormitis, dedicado al Arcángel Miguel y santuario de la Via Michaelica. Durante siglos los pescadores acudían al templo para pedir protección. Los simiotas apodan al Arcángel Miguel El ladrón: según la tradición, quien le promete una ofrenda a cambio de un favor debe cumplir su palabra porque, si no lo hace, el santo acaba «tomándola» por su cuenta. Una curiosa tradición está también vinculada al mar: los navegantes introducen sus ruegos y ofrendas en botellas y las arrojan al agua, confiando en que las corrientes las conduzcan hasta el Arcángel. Algunos de estos exvotos se conservan en la sacristía del monasterio, uno de los centros de peregrinación más importantes del Dodecaneso.

Monasterio de Panormitis, en Grecia

Monasterio de Panormitis, en GreciaGetty Images/Andrei Nekrassov

El mar que dio fortuna y muerte a Symi es también hoy uno de sus grandes atractivos. Buena parte de sus mejores calas solo son accesibles desde una embarcación. Entre ellas sobresale Agios Georgios Dysalonas, encerrada bajo una pared rocosa de unos 350 metros, y Nanou, una playa de grandes guijarros y aguas transparentes protegida por montañas y árboles.

Gambas y dulces

Las pequeñas gambas de Symi

Las pequeñas gambas de SymiGetty Images

También en la mesa manda el mar. La especialidad más característica es la diminuta gamba de Symi, que suele servirse frita y se come entera como aperitivo. Otro plato típico es la gaelopita, elaborada con los pequeños peces atherinas, cebolla y una masa ligera que se fríe en la sartén. Para terminar, los akoumia, un dulce tradicional de la isla parecido a un buñuelo, cuya peculiar masa incorpora arroz cocido y que antiguamente acompañaba celebraciones y acontecimientos familiares.

A Symi solo es posible llegar en barco. Hay ferris desde Rodas, el Pireo, Kos o Kalymos y múltiples opciones de alquiler. Cuando las mansiones de Gialos empiezan a aparecer sobre la ladera, se entiende que en esta isla el mar fue camino, alimento, fortuna y, para muchos de sus habitantes, también muerte.

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