Vista aérea de la hermosa ciudad de Telc, en las Tierras Altas de Chequia
Vysočina
La desconocida y bella región de las Tierras Altas de Chequia que alberga tres Patrimonios de la Humanidad
Al sur de la República Checa, entre Bohemia y Moravia, se esconde una región de extraordinaria riqueza cultural. Allí donde la naturaleza habla con la escultura, los castillos con los escritores o la plata con la cerveza, Vysočina sorprende al visitante más curioso
Entre campos interminables, montañas, estanques y bosques, la Meseta Checo-Morava o Vysočina es una región dura de la que se dice desde tiempos remotos que «aquí se acaba el pan y empiezan las piedras». Una región de belleza armónica y ambiente agradable cuyo patrimonio no se limita a los merecidos reconocimientos de la UNESCO.
El triángulo de la UNESCO
Plaza de Telč, declarada Patrimonio de la Humanidad
Tres vértices y tres legados diferentes a pocos kilómetros para descubrir el carácter patrimonial de Vysočina, palabra que significa «tierras altas» o «sierra» en checo. Al sur, Telč representa el esplendor renacentista impulsado por Zachariáš de Hradec, quien tras conocer Italia transformó el castillo gótico y la ciudad medieval en uno de los conjuntos renacentistas más importantes de Centroeuropa.
Castillo de Telč
Telč fue el primero de los tres enclaves en entrar en la UNESCO en 1992. Su gran plaza, rodeada de fachadas renacentistas y barrocas unidas por soportales, parece un escenario de ficción. El castillo conserva el refinamiento italiano de aquella transformación, visible en sus patios porticados, jardines y salones, entre ellos el espectacular Salón Dorado.
Iglesia de San Juan Nepomuceno en Zelená Hora
Třebíč, al este, conserva el excepcional legado de convivencia entre judíos y cristianos, mientras que al norte, Zelená Hora aporta al patrimonio universal su iglesia de San Juan Nepomuceno, la obra maestra de Santini construida alrededor de la simbología del número cinco.
Castillos de caza y literatura
Hotel de Třešť en el antiguo castillo palacio
En el castillo de Třešť, hoy hotel y centro de conferencias de la Academia Checa de Ciencias, Franz Kafka pasó varios veranos visitando a su tío, médico rural. La fortaleza del siglo XVI fue transformándose hasta adquirir su actual aspecto neorrenacentista. Años después Kafka escribiría El castillo: resulta tentador buscar aquí una inspiración, aunque nunca se ha demostrado. El palacio está rodeado por jardines y bosques que abarcan casi 16 hectáreas y lo convierten en un lugar de retiro y descanso.
Castillo de Lipnice nad Sázavou
Mucho más estrecha es la relación entre Jaroslav Hašek y el castillo de Lipnice nad Sázavou. Levantado a comienzos del siglo XIV para controlar las rutas comerciales, pasó por manos de algunas de las grandes familias de Bohemia antes de que un incendio en 1869 lo convirtiera en la monumental ruina que hoy domina el paisaje. Hašek llegó a Lipnice en 1921 y allí escribió buena parte de Las aventuras del buen soldado Švejk, obra que, inacabada a su muerte en 1923, llegó a traducirse a 50 lenguas y continúa siendo uno de los libros más leídos en Chequia. Hašek llegó a ejercer como guía del castillo y, fiel a su humor, comparó su silueta con «una locomotora mal hecha».
Castillo de Roštejn
Muy diferente es Roštejn, levantado en el siglo XIV por los señores de Hradec y transformado dos siglos después por Zachariáš de Hradec en residencia renacentista de caza. Escondido entre los bosques de Javořice, a 677 metros de altitud, conserva su singular torre gótica de siete lados.
Hombre bomba en la Sala de los Escudos del castillo de Roštejn
En la Sala de los Escudos, restaurada en los años sesenta, los restauradores se permitieron una licencia insólita: entre los blasones pintaron ¡un hombre bomba! Su gran corredor ha sido transformado en zona interactiva sobre flora y fauna.
La ironía de la naturaleza
La Boca del Monumento a las Escuchas
Vysočina es tierra de horizontes ondulados, donde campos y verdes praderas alternan con bosques, rocas, ríos y centenares de estanques, creados por el hombre hace siglos. En los bosques que rodean Lipnice nad Sázavou, donde el granito y el agua estancada cobran especial protagonismo, unas antiguas canteras abandonadas e inundadas son el escenario de tres relieves esculpidos en la roca por Radomír Dvořák. Son la Oreja de Bretschneider, la Boca de la Verdad y los Ojos Dorados, que forman el denominado Monumento Nacional a las Escuchas (Národní památník odposlechu), una irónica reflexión sobre la vigilancia y la intromisión en la vida privada.
La Oreja del Monumento a las Escuchas
La gigantesca oreja toma su nombre de Bretschneider, el policía secreto que espía a los clientes de la taberna en El buen soldado Švejk, enlazando de nuevo el lugar con Hašek. La boca representa la delación y los ojos, la vigilancia. Escuchar, delatar y observar se convierten en inquietantes metáforas escondidas entre roca, bosque y agua.
Tradiciones hechas oficio
Hornos de cristalería en la histórica fábrica Hut Jakub en Tasice
La región conserva numerosos oficios artesanales que todavía pasan de generación en generación. Algunos resultan tan insólitos como el tallado manual de limas y escofinas, la carretería o la delicada técnica de incrustar hilos de cobre y latón en la madera. A ellos se suman toneleros, cesteros, canteros, talabarteros y fabricantes de tejas de madera.
Edificio original de la fábrica Hut Jakub en Tasice
Pero dos tradiciones permiten comprender hasta qué punto la artesanía continúa formando parte de la identidad de Vysočina: el vidrio y los belenes. La histórica fábrica Hut Jakub en Tasice recuerda la importancia del vidrio en la cultura checa. Adoptó su actual nombre tras el rodaje en sus instalaciones de la serie Synové a dcery Jakuba skláře (Los hijos e hijas de Jakub, el vidriero). Fue fundada en 1796 y conserva edificios de los siglos XVIII y XIX e instrumental de la época.
Cristalería artesanal checa
Su historia atravesó guerras, nacionalizaciones y cambios de propietarios. Fabricó piezas para toda Europa y América, como diez enormes jarrones encargados para el Palacio Presidencial de México. La producción industrial cesó en 2002 y el conjunto fue declarado Monumento Nacional. Es una de las fábricas más antiguas y mejor conservadas del país y en 2016 recuperó la fabricación artesanal a pequeña escala y demostraciones de soplado.
Belén de cartón de 1804 en Třešť
En Třešť, la creación de belenes suma más de 220 años de historia. Comenzaron con figuras de papel o cartón y simulando la arquitectura local, posteriormente se impuso la madera. Cada año se celebra Dřevořezání, un encuentro de talladores que elaboran nuevas figuras para un belén colectivo. La exposición permanente se encuentra en la casa natal del economista Joseph A. Schumpeter, donde puede verse un belén de cartón de 1804. El más grande, con más de 1.500 piezas de madera, se amplía cada año con nuevas figuras.
Plata y cerveza
Iglesia de Santiago el Mayor en Jihlava
Los tesoros de Vysočina también se esconden bajo tierra. En el siglo XIII el descubrimiento de plata transformó Jihlava, capital de la región, en una próspera ciudad minera. Aquella riqueza quedó reflejada en su arquitectura civil y en monumentos como la iglesia de Santiago el Mayor, patrón de los mineros. Sus dos torres cumplieron funciones diferentes, una como campanario y otra de vigilancia. En su interior se custodia una Piedad del siglo XIV, una de las más antiguas de Europa Central. Entre junio y septiembre puede verse el impresionante entramado medieval que sostiene sus tejados.
Entramado medieval de madera que sostiene los tejados de la iglesia de Santiado en Jihlava .
La restauración de un edificio de la plaza Masarykovo sacó a la luz evidencias de una ceca real del siglo XIII: un cuño para acuñar bracteatos, finas monedas medievales de plata, de Přemysl Otakar II, moldes y fragmentos de plata preparados para producir moneda. El edificio, abierto al público en 2024, lleva hoy un nombre inevitable: Stříbrný dům, la Casa de la Plata, que funciona como espacio cultural.
La cervecera Bernard fue la primera en sustituir la pasteurización por la microfiltración.
Las entrañas de Jihlava esconden también una extensa red de sótanos y corredores donde se almacenaban mercancías y cerveza, la bebida nacional checa. A unos 50 kilómetros, en Humpolec, la tradición cervecera se remonta a 1597. La fábrica estuvo al borde de la desaparición hasta que, en 1991, tres socios la compraron en subasta y la reflotaron bajo el nombre de uno de ellos, Stanislav Bernard. Tres años después se convirtió en la primera cervecera checa en sustituir la pasteurización por la microfiltración.
No se puede pasar de largo por un lugar donde las piedras escuchan y los mejores tesoros son los que uno no sale a buscar. Por Vysočina no se puede no pasar.