Central Park y el hotel Plaza de Nueva York.
El mítico hotel Plaza de Nueva York anuncia que estará cuatro años cerrado y se disparan las reservas
El inesperado anuncio, motivado por la restauración de su fachada, deja bodas y celebraciones en el aire, despierta recuerdos de sus 119 años de historia y dispara las reservas para sus últimas Navidades
Julianne Del Giorno lleva soñando con casarse en el Plaza desde que era una niña y acompañaba a su madre y a su abuela a tomar el té en el Palm Court, uno de los espacios más emblemáticos del hotel y uno de los salones más famosos de Nueva York. Cuando conoció a Andrew Fellus, le advirtió de que algún día quería celebrar allí su boda. Y parece que el futuro marido tomó buena nota. La pareja se casará el próximo 17 de enero, con 250 invitados, en una fiesta inspirada en un cuento de hadas. Será probablemente la última boda que acoja el célebre hotel antes de cerrar sus puertas durante al menos cuatro años. Una circunstancia que los novios han decidido celebrar entregando a sus invitados un recuerdo del establecimiento. Su historia es una de las que recoge estos días The New York Times a propósito del inesperado anuncio del cierre del Plaza.
La fachada del hotel, una imagen cien por cien Nueva York
Seguramente sea la más feliz entre las muchas historias que recoge estos días la prensa neoyorquina, pobladas de novios desconcertados, organizadores de bodas buscando alternativas a contrarreloj e invitaciones ya enviadas con la inconfundible fachada del hotel. Para algunas parejas, el Plaza era el lugar donde tuvieron su primera cita o se prometieron matrimonio; para otras, donde se habían casado sus padres. Y para muchas, el sueño no era solamente la boda, sino celebrarla precisamente en este hotel, escenario de algunas de las celebraciones más famosas de Nueva York. En sus salones tuvieron lugar las recepciones de boda de Patricia Kennedy y Peter Lawford, Julie Nixon y David Eisenhower, y la de Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones. Hasta Hollywood convirtió la obsesión por casarse en el Plaza en argumento de una película, Guerra de novias, protagonizada por Kate Hudson y Anne Hathaway.
Según confirman fuentes del hotel, las reservas se han disparado desde que se conoció la noticia, especialmente para Halloween y Navidad
El anuncio ha tenido también el efecto contrario. Según confirman fuentes del hotel, las reservas se han disparado desde que se conoció la noticia, especialmente para Halloween y Navidad, cuando resulta ya prácticamente imposible encontrar una habitación. El Plaza es un destino en sí mismo para muchas familias no solo estadounidenses que viajan a Nueva York durante las fiestas, con sus espectaculares decoraciones navideñas y el tradicional té del Palm Court. Esta será la última Navidad en el hotel antes de un cierre que se prolongará, como mínimo, hasta 2031.
Monumento protegido
El Plaza cerrará el próximo enero para restaurar su fachada histórica
Situado en la confluencia de la Quinta Avenida con Central Park South, frente a uno de los rincones más fotografiados de Manhattan, el Plaza cerrará el próximo enero para restaurar su fachada histórica. La noticia ha provocado cierta perplejidad entre los neoyorquinos. Resulta curioso que un edificio construido en poco más de dos años, entre 1905 y 1907, necesite ahora cuatro para restaurar su fachada. La dirección alega la complejidad de los trabajos y las exigencias de conservación de un monumento protegido. Las autoridades municipales han confirmado que existen problemas de seguridad en el exterior, aunque las reparaciones no obligan legalmente al cierre completo del establecimiento.
El Plaza abrió el 1 de octubre de 1907. Su primer huésped fue Alfred Gwynne Vanderbilt, heredero de una de las grandes fortunas estadounidenses, que llegó en carruaje
El Plaza abrió el 1 de octubre de 1907. Su primer huésped fue Alfred Gwynne Vanderbilt, heredero de una de las grandes fortunas estadounidenses, que llegó en carruaje y estampó su firma en el registro. El edificio, obra de Henry Janeway Hardenbergh, arquitecto también del célebre Dakota, nació con la ambición de convertirse en el mejor hotel del mundo. Su aspecto de castillo renacentista francés, elevado hasta alcanzar dieciocho plantas, llamó inmediatamente la atención en una ciudad donde los nuevos rascacielos comenzaban a disputar protagonismo a las mansiones de los millonarios.
Huésped de ficción
Interior del hotel Plaza de Nueva York
Durante más de un siglo, sus salones han acogido algunas de las fiestas más célebres de Nueva York, como el legendario baile en blanco y negro que Truman Capote organizó en 1966, con quinientos invitados cuidadosamente seleccionados entre la flor y nata de la sociedad estadounidense. Por sus habitaciones han pasado los Beatles, F. Scott Fitzgerald y toda clase de celebridades, aunque quizá su huésped más famoso sea un personaje de ficción, Eloise, la traviesa niña creada por Kay Thompson que vivía en la última planta con su niñera, su perro y su tortuga. Sus aventuras hicieron tan popular al personaje que el hotel acabó dedicándole una suite, naturalmente decorada en rosa.
Una lectora de 'The New York Times' recuerda que cuando era niña una camarera le enseñó a escondidas la suite de Cary Grant
Con los comentarios que ha suscitado la noticia del cierre entre los lectores de The New York Times podría escribirse un pequeño libro de memorias neoyorquinas. Una mujer recuerda su encuentro en el ascensor con Robert Redford, elegantísimo con un abrigo de pelo de camello. Otra cuenta que fue presentada en sociedad en sus salones en 1973. Un antiguo huésped evoca la primera tarta de queso con chocolate que probó allí cuando tenía quince años. Hay recuerdos de bodas, lunas de miel y bailes de graduación. Una lectora relata incluso que, cuando era niña, una camarera le enseñó a escondidas la suite de Cary Grant, completamente blanca salvo por una moqueta verde esmeralda que, según recuerda, había elegido el propio actor.
De Conrad Hilton a Donald Trump
Salón del Plaza preparado para un banquete
El Plaza ha cambiado de manos numerosas veces desde su inauguración. Entre sus propietarios figuran Conrad Hilton, el príncipe saudí Alwaleed bin Talal y, sin duda el más famoso de todos, Donald Trump, que lo compró en 1988 por 390 millones de dólares. El actual presidente estadounidense llegó a compararlo con la Mona Lisa y reconoció que había pagado un precio difícilmente justificable desde el punto de vista económico. El Plaza es lo que en el mundo inmobiliario se conoce como un activo trofeo, una propiedad cuyo prestigio puede pesar tanto o más que su rentabilidad. Desde 2018 pertenece a Katara Hospitality, la compañía hotelera estatal de Qatar, que lo adquirió por unos 600 millones de dólares y cuenta entre sus inversiones con otros establecimientos emblemáticos, como el Savoy de Londres. La gestión está en manos de Fairmont, perteneciente al grupo francés Accor.
Donald Trump compró el Plaza en 1988 por 390 millones de dólares y llegó a compararlo con la 'Mona Lisa'
No será la primera vez que el hotel cierre sus puertas. Entre 2005 y 2008 permaneció cerrado para una reforma de 450 millones de dólares que supuso su transformación parcial en apartamentos privados de lujo. El nuevo paréntesis llega poco después de la reapertura del Waldorf Astoria, otro de los grandes hoteles históricos de Nueva York, que volvió a recibir huéspedes en julio de 2025 tras ocho años de obras y una profunda transformación que también ha incorporado centenares de residencias privadas.
La noticia coincide, además, con otra decisión municipal que afecta a una de las imágenes más tradicionales de sus alrededores. El Ayuntamiento de Nueva York acaba de aprobar la prohibición de los carruajes de caballos a partir de junio de 2028, una medida impulsada tras la muerte de un joven turista en un accidente el pasado verano y que todavía puede acabar en los tribunales. Los coches de caballos que aparecen en tantas fotografías del Plaza, y hasta en las invitaciones de boda de algunas parejas que ahora tendrán que cambiar sus planes, tienen también sus días contados, si prospera definitivamente la nueva legislación.