La varicela es contagiosa desde antes de la erupción de las ampollas en la piel
Salud
Cómo saber si tu hijo se ha contagiado de varicela
Esta enfermedad es más común en invierno y en primavera y una vez se pasa es muy poco común volver a contraerla
La aparición de granitos en la piel de los niños puede despertar las alarmas de sus padres. En ocasiones puede no ser más que una erupción, pero si estos comienzan a convertirse en ampollas estaremos seguramente ante una infección por varicela. Los síntomas más comunes de esta enfermedad tan común en niños son, aparte de estas erupciones, que suelen comenzar por la cara, el tronco y el cuero cabelludo; la fiebre, desde uno o dos días antes de aparecer los granitos; el dolor de cabeza, el malestar general, la pérdida de apetito o vómitos.
El culpable de todo ello es el virus varicela-zóster, llamado así por ser también el causante del herpes zóster. Aunque es normal que pueda aparecer en cualquier época del año, la infección se da con mayor frecuencia durante el invierno y la primavera. Casi todos los niños la contraen antes de la adolescencia, pero si no, el Ministerio de Sanidad recomienda la vacunación contra la varicela para los mayores de 12 años que no lo hayan pasado. Por su parte, la Asociación Española de Pediatría recomienda la inyección a todos los menores de dos años como arma para reducir los ingresos hospitalarios por esta enfermedad.
De fácil contagio
La varicela es muy contagiosa, de manera que cuando alguien en casa la padece lo más normal es que si otro miembro de la familia no la ha pasado, y tampoco se ha vacunado, la contraiga en ese momento. Desde dos días antes de aparecer las ampollas tan características de esta enfermedad hasta que todas ellas se convierten en costras secas es muy fácil pegarle la infección a otra persona, algo que ocurre si se entra en contacto directo con las lesiones de la piel o a través de la saliva o los flujos nasales que son expulsados al toser o estornudar.
Lo habitual es que sea una enfermedad benigna, sin necesidad de tratamiento específico más allá de aliviar los síntomas como la fiebre o el dolor de cabeza, y sin mayores complicaciones. Los riesgos llegan cuando es un adolescente, un adulto, una embarazada o una persona inmunodeprimida la que se contagia. Durante la gestación, la varicela puede llegar a afectar al feto y, sobre todo si se contrae durante las 20 primeras semanas de embarazo, puede causar cicatrices en la piel, defectos musculares y óseos, malformaciones. Esto es llamado síndrome de la varicela congénita, y aunque es poco común, las madres pueden prevenirlo vacunándose contra esta enfermedad.
Una vez se pasa, no se vuelve a coger
Que se una enfermedad leve no significa que no puedan aparecer algunas complicaciones que requieran atención médica. Lo más frecuente es la infección de la piel, favoridas por el rascado de las heridas que causa la varicela. Algo poco habitual es la ataxia cerebelosa, bajo cuyo rimbombante nombre solo se esconde una pérdida del equilibrio y la coordinación que es pasajera.
Una vez desaparecen las heridas de la piel, que hay que proteger del sol para evitar futuras manchas cutáneas, el niño genera inmunidad permanente, es decir, es muy difícil volver a contagiarse. Algunos virus se refugian en las células del sistema nervioso donde permanecen inactivos, hasta que después de años salen de su escondite causando la aparición del herpes zóster. Una bajada de defensas del organismo provoca que erupcionen de nuevo esas pequeñas ampollas que tanto picor y molestia generan.
Cómo aliviar los picores de la varicela:
- Baños cortos con jabón neutro y agua templada, y secado del cuerpo sin frotar.
- Ropa ancha y de tejidos suaves, como el algodón.
- Ingerir suficientes líquidos.
- Manos siempre limpias, al cambiar pañales o prendas.
- Una buena ventilación de la estancia.
- Para evitar futuras manchas en la piel, aplicar protección solar y cortar las uñas del niño para cuando se rasque.