07 de julio de 2022

Un grupo de rescatadores en la puerta del centro Dator

Un grupo de rescatadores en la puerta del centro Dator, siendo identificados por la PolicíaAbogados Cristianos

26 de junio - Manifestación en Defensa de la Vida y la Verdad

A pesar de la ley que castiga a los provida, los voluntarios hacen «más rescates que nunca»

En los alrededores de los abortorios de España, los voluntarios siguen rezando por las vidas de los bebés que allí se pierden y por las madres que acuden, aunque ahora sea un delito

Desde febrero de 2022, rezar en la acera frente a un centro de abortos es un delito. También lo es acercarse o hablar con las madres, que entrarán con su hijo dentro en un quirófano y saldrán solas, para ofrecerles alternativas o ayuda. La pena por ello va desde los tres meses al año de cárcel o trabajos comunitarios de entre 31 y 80 días.
Atentos a estas consecuencias viven los voluntarios, los rescatadores, que pasan las mañanas o las tardes haciendo turnos en los alrededores de los abortorios orando e intentando ayudar a las personas que allí se dirigen, ya sean las madres, sus parejas, sus padres...

Defensores de la vida

José Antonio, que ahora tiene 24 años, es rescatador desde los 18. Lleva más de cinco años ayudando a mujeres que se han quedado embarazadas de manera imprevista y se han visto avocadas al aborto. Fue un amigo de la parroquia quien le llevó por primera vez a los alrededores de la Clínica Dator. «Creía que abortar estaba mal, pero no era un férreo defensor de la vida. Me planté allí con mis prejuicios y empecé a ver la realidad del aborto: entran dos personas y sale una», cuenta el rescatador.
Lo que más le llamó la atención a Jaime, otro rescatador de 25 años, cuando empezó a ir a los alrededores de los abortorios convencido por su hermana, fue ver cómo salen las mujeres de estos sitios, «hechas polvo», afirma. «Los primeros días llegaba a casa destrozado de ver tanto sufrimiento», cuenta.

Por la distancia pierden muchos rescates

Cuando José Antonio empezó con los Rescatadores Juan Pablo II, hace cinco años, llevaban más de 3.000 bebés salvados. Ahora, más de 6.000. Pero algo que ambos han notado es que desde que se aprobase la ley, han hecho «más rescates que nunca», aunque con miedo. «Cada vez que vas sabes que te las estás jugando», afirma Jaime, para pasar a explicar que por la distancia que han de tomar con el abortorio para no ser denunciados, no pueden hablar con muchas mujeres y pierden muchos rescates.
Para José Antonio es un miedo infundido por quien se dedica al aborto. «Cada bebé que rescatamos es uno menos que pasa por caja», explica. A los abortorios no les interesa que estén allí y que ofrezcan la alternativa de la vida a las mujeres, afirma el voluntario, porque «no les interesa decir que las mujeres españolas ya no abortan porque existen ayudas, sino que no hay alternativas y la única solución es el aborto».
«He pasado muchísimas horas delante de varias clínicas», afirma Jaime. Pero desde poco tiempo antes de que la ley fuese aprobada, día que iban, día que rescataban. Antes de que el debate del acoso llegase a la mesa del Congreso, había mañanas en las que no hacían ni un solo rescate, y ahora «dos o tres en unas horas».
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