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Los Labubu se han convertido en un fenómeno mundial

Los Labubu se han convertido en un fenómeno mundialAFP

¿Quién está detrás de los Labubu, el muñeco de moda sospechoso de ser un amuleto diabólico?

Estos juguetes coleccionables se han viralizado en España y levantan pasiones en todo el mundo. Sin embargo, cada vez son más las familias preocupadas por su vínculo con un demonio mesopotámico.

se han convertido en un fenómeno global, capaz de generar colas en los establecimientos cada vez que sale un nuevo modelo a la venta. En España, en pocos meses han conquistado a miles de familias de toda clase y condición, cuyos hijos los llevan colgando en la mochila del colegio, duermen con ellos o los coleccionan con pasión. Y hasta se han hecho un hueco en los mercadillos y top-manta a través de falsificaciones y copias «de marca blanca» más o menos elaboradas. Son los Labubu.

Estos pequeños muñecos de peluche (aunque también hay versiones de goma o plástico) se ha convertido en el último «trend» entre niños y mayores, y vienen a ser un pequeño osito de cuerpo suave y peludo, con orejas de conejo... y con el ceño fruncido y una amplia sonrisa llena de colmillos, como si fuese un sátiro o un pequeño diablo.

Lejos de ser un juguete al uso, los Labubu se han convertido en un complemento de moda, que lucen celebritys como las Kardashian o Rihana, y se cuelan en campañas de los bolsos Hermès. Incluso hay quienes pagan a diseñadores, como el norteamericano Marko Monroe, para que les hagan modelos exclusivos que pueden llegar a costar miles de dólares.

También ha sido adoptado como una especie de «mascota» o «amuleto» entre personas próximas al colectivo LGTBQ (como el propio Monroe), que comparten en Youtube y TikTok cada ocasión en que abren un «sobre ciego» con uno de ellos en su interior.

Marko Monroe acudió a los premios MTV Video Music Awards con uno de sus Labubu personalizados

Marko Monroe acudió a los MTV Music Awards con uno de sus Labubu personalizados y una camisa de estética sado-homosexualAFP

Pero, ¿qué hay detrás de este fenómeno?

Qué son los Labubu

Labubu es un personaje creado por Kasing Lung, un ilustrador nacido en Hong Kong y educado entre Bruselas y Holanda, que en 2015 lanzó su universo «The Monsters»: un bestiario compuesto por elfos de estética «ugly-cute» (feos-adorables), con ojos enternecedores, cuerpo blandito, orejas puntiagudas y dientes serrados que a veces chorrean sangre.

El propio Lung ha explicado que diseñó «personajes con muchos dientes para hacerlos únicos en el mercado», con una mezcla de atributos que les da un aire perturbador, y como parte de un catálogo de monstruos inspirado en los elfos y gnomos malvados, en los sátiros y en otras figuras del folklore nórdico.

Los Labubu son creaciones de elfos "ugly-cute"

Según su creador, los Labubu son representaciones de elfos «ugly-cute»AFP

Su objetivo, como él mismo ha asegurado, es presentar como divertidas las «travesuras» de estos seres, y por ello suaviza sus formas para que sean percibidos como adorables los rasgos feístas que los componen. Un cruce turbador de Chucky, el célebre muñeco diabólico, y el oso de Mimosín.

China, detrás del fenómeno

El fenómeno Labubu explotó cuando la compañía china Pop Mart compró la licencia y produjo las figuras y peluches en formato «blind box» (caja ciega), generando 300 modelos para disparar su rareza y su potencial entre los coleccionistas.

De hecho, aunque su público objetivo eran (y son) los niños, tanto en Estados Unidos como en Europa se han visto largas colas en los establecimientos de Pop Mart, se han repartidos cientos de maquinas expendedoras con estas creaciones, y la reventa y las ediciones limitadas (con diferentes tamaños y estilos) pueden alcanzar los miles de dólares en Internet.

Wang Ning: el cerebro tras el fenómeno

Para comprender bien la fiebre por los Labubu hay que añadir un nombre a su génesis: Wang Ning, un treintañero fundador y CEO de Pop Mart, la empresa que ha convertido estos muñecos en un éxito global.

Ning lanzó Pop Mart en 2010 y la sacó a bolsa en Hong Kong en 2020. Este 2025, con el éxito de Labubu aupado a lomos de los videos de TikTok (otra de las grandes empresas de matriz China), Pop Mart reportó ventas semestrales de casi catorce mil millones, según ha recogido el Financial Times.

Una máquina expendedora de Labubu en Miami (Florida)

Una máquina expendedora de Labubu en Miami (Florida)AFP

Como ocurre con ByteDance (empresa creadora de TikTok y su versión china Douyin, sin cuya participación es inexplicable el fenómeno Labubu), también Pop Mart tiene su sede corporativa en Pekín.

Y también mantiene los vínculos con el régimen comunista de Xi Jinping, que interviene y fiscaliza en todas las compañías de éxito, sobre todo aquellas con implantación en occidente. Y en este caso, el éxito es innegable, porque su CEO, Wang Ning, aparece ya en los listados de Forbes y Bloomberg como uno de los empresarios más ricos de China.

Alarma entre los usuarios

Pero este fenómeno social ha despertado las suspicacias de miles de familias y usuarios de Internet, que han detectado en Labubu un patrón muy diferente de otras «criaturas animadas» como Molly, Skullpanda o Dimoo, que también forman parte de la serie The Monsters y, como Labubu, han salido de la imaginación de Lung y han sido convertidas en juguetes por Pop Mart... pero con una estética mucho más infantil y amable.

En concreto, son cada vez más las voces que apuntan a las enormes similitudes que hay entre Labubu y los amuletos de Pazuzu, un diablo mesopotámico cuya existencia ha sido reportada por exorcistas y demonólogos.

De hecho, en la célebre película El Exorcista, el demonio contra el que combate el padre Carras se hace llamar, precisamente, Pazuzu.

¿Quién era el demonio Pazuzu?

Los restos arqueológicos (como las muestras que existen hoy en el Museo Británico) presentan a Pazuzu como un ser diabólico, con ojos saltones, boca grande de fauce canina (o picuda) con dientes afilados, cuerpo rugoso, garras de ave, cola de escorpión, pene serpentiforme y grandes alas.

Además, su campo de actuación, creían en Mesopotamia, era el hogar y la maternidad, pues exigía a las madres pequeñas ofrendas y sacrificios para «evitar» el ataque a sus hijos de entes más agresivos.

Y aunque Lung ha negado la relación entre sus creaciones y este demonio, existe un paralelismo evidente.

Paralelismos entre Labubu y Pazuzu

Lo primero que llama la atención es el hecho de que ambos nombres, Labubu y Pazuzu, mantienen un patrón idéntico en las letras: L/P + A + B/Z + U + B/Z + U.

También hay enormes similitudes en su fisionomía: Labubu y Pazuzu comparten ojos saltones y ceño feroz, mueca abierta, rostro redondeado, sonrisa amplia de colmillos y dientes serrados, y cuerpos rugosos (bien por escamas, bien por nudos de pelo corto o mechones de pelo largo en las ediciones de coleccionistas).

La tenista japonesa Naomi Osaka llevó un Labubu, a modo de amuleto, en su bolsa durante el pasado US Open

La tenista japonesa Naomi Osaka llevó un Labubu, a modo de amuleto, en su bolsa durante el US OpenAFP

Además, ambos personajes funcionan como talismanes de profundo significado social, son utilizados como colgantes o llaveros, y son empleados en el ámbito del hogar, la infancia y la maternidad.

Las diferencias más obvias son, naturalmente, que Pazuzu sería la representación de un «espíritu apotropaico» (o sea, ritual) de la Mesopotamia antigua, con morfología híbrida y escamosa; y Labubu es, a decir de su creador, un elfo «pop» contemporáneo, de peluche, producido en serie y con estética «ugly-cute».

Decisión de los padres

Que detrás del fenómeno Labubu exista sólo una inocente moda infantil globalizada desde las redes sociales, o una confluencia nada casual de factores que entremezclan el satanismo pagano, el capitalismo occidental, la estética LGTBQ, las injerencias de la China comunista y la exaltación de lo feo y perturbador, es algo que corresponde a las familias discernir.

Pero, si Pablo VI tenía razón cuando dijo, en 1965, que «este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza», tal vez los Labubu no sean, exactamente, los mejores aliados de los niños.

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