Sofía Vergara, Eugenia Martínez de Irujo y el resto de invitados a la velada
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El restaurante de Madrid que reunió a Sofía Vergara y Eugenia Martínez de Irujo
Compartieron velada en uno de los locales más exclusivos de la capital
Ni el sofocante calor de julio impidió que Sofía Vergara disfrutara de Madrid como si fuera su segunda casa. La actriz colombiana, que aterrizó en la capital para presentar su marca de cosmética, Toty, no se limitó a los flashes ni al protocolo: exprimió cada minuto libre para reencontrarse con amigos, pasear con su sobrina y, por supuesto, sentarse a la mesa en uno de los comedores más exclusivos —y comentados— de la ciudad.
Horas antes de la cita gastronómica, se la vio caminando por el centro de Madrid junto a Claudia, su sobrina, desafiando las temperaturas con gafas de sol, sonrisa amplia y estilismo impecable. Pero la verdadera escena se reservó para la noche: una cena íntima y elegante en el corazón del viejo Madrid, rodeada de personajes ilustres como Eugenia Martínez de Irujo y su marido Narcís Rebollo, presidente de Universal Music para España y Portugal.
Al encuentro se sumaron otros rostros conocidos del panorama artístico y social, como la cantante Lola Índigo, la diseñadora Vicky Martín Berrocal y su hija Alba Díaz. La actriz, cercana y en clave distendida, compartió mesa, anécdotas y fotos. El lugar elegido no fue casual: el espacio Marqués de Cubas, el buque insignia del universo Manero, se ha convertido en el punto de encuentro del Madrid más cosmopolita y sibarita.
Lejos de ser un restaurante al uso, Marqués de Cubas —uno de los espacios más emblemáticos de esta firma que aúna gastronomía, diseño y estilo de vida— se ha consolidado en muy poco tiempo como un auténtico referente del nuevo lujo urbano. Desde su fachada hasta su cocina, todo responde a una filosofía de hedonismo contenido: elegancia castiza con vocación contemporánea.
El grupo disfrutó de la cena en el reservado Carlos III, una estancia privada que rinde homenaje al monarca ilustrado que modernizó Madrid y la elevó a la categoría de villa y corte. Este espacio condensa la esencia del lugar: refinamiento sin excesos, historia reinterpretada con ironía y una estética que coquetea con lo teatral sin renunciar al confort. Lámparas de cristal, terciopelo granate y vajilla de autor convierten el comedor en una escena pensada no solo para comer, sino para habitar.
La propuesta culinaria está a la altura del entorno. Platos como el rigatoni con salsa de parmesano y caviar Oscietra, el puerro a la brasa, el tataki de atún rojo o el marlin envuelto en hojaldre figuran entre los más solicitados. La carta juega con un equilibrio afinado entre el clasicismo del recetario español y un enfoque técnico, depurado y actual. La experiencia se eleva aún más con la barra de caviar, que ofrece variedades como Oscietra Golden o Siberian, maridadas con champagnes de altura como Dom Pérignon o Krug.
En cuanto a precios, hay opciones que van del gourmet cotidiano al capricho de coleccionista: una ostra con caviar por 15 euros, una lata de Oscietra de 100 gramos por 185 euros, ventresca de bonito a 14, una tabla de ibéricos de bellota por 26 o un Espresso Martini por 14. Para terminar, un clásico reinventado: el flan de queso, por 8 euros.
El Oscietra Golden, en particular, destaca por el tamaño de su grano y su color dorado, dos características que lo convierten en uno de los más apreciados a nivel mundial. Su textura suelta y cremosa permite percibir cada perla individualmente. La forma más pura de degustarlo, como dictan los cánones, es directamente sobre el dorso de la mano, donde el pH de la piel ayuda a revelar sus matices más sutiles. Servido a temperatura fresca, puede tomarse solo o acompañado de un champagne Vintage 2015 o un vodka Belvedere Ten, en lo que se considera una experiencia gastronómica de excepción.
Los detalles no terminan en el plato. La sala incluye un cóctel-bar donde se preparan desde combinados clásicos hasta creaciones de autor, vermuts artesanales, spritz y espumosos que acompañan la velada desde el aperitivo hasta bien entrada la madrugada. En un rincón más íntimo se encuentra el Espacio Julio Iglesias, decorado con un mural fotográfico del artista, en un guiño nostálgico y elegante que resume el espíritu del lugar: tanto truhán como señor. Por otro lado, el local ha sido concebido como una experiencia integral: restaurante, bistró, club social, bar de tapas e incluso karaoke.