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La secretaria de prensa Karoline LeavittDPA vía Europa Press

Trump construirá un salón de baile en la Casa Blanca de 200 millones de dólares y estilo versallesco

El nuevo espacio se extenderá 8.000 metros cuadrados y será de estilo Luis XVI, con oro, columnas y financiado con donaciones privadas

Mientras algunos presidentes, como Pedro Sánchez, comenzaron su mandato cambiando el colchón de su antecesor —un gesto íntimo pero simbólicamente potente—, otros prefieren dejar huella a lo grande. Es el caso de Donald Trump, que ha decidido que su regreso a la Casa Blanca merece algo más que una alfombra nueva: un salón de baile de 8.000 metros cuadrados valorado en 200 millones de dólares. Todo un «pasito adelante» en el arte de recibir jefes de Estado.

La portavoz de la Administración republicana lo explicó sin rodeos: «La residencia presidencial no cuenta con espacio suficiente para organizar grandes eventos». Una carencia histórica, al parecer, que Trump planea solventar con donaciones propias y de otros «patriotas», según el comunicado oficial. Nada de dinero público, aseguran. Solo generosidad millonaria y sentido de Estado... con ribetes dorados.

Las obras comenzarán en septiembre y se espera que estén finalizadas «bastante antes del final del mandato de Trump», es decir, antes del 20 de enero de 2029. La construcción correrá a cargo de Clark Construction Group, una de las mayores empresas de infraestructuras de EE. UU., con sede en Virginia y más de 6.000 millones de dólares en ingresos anuales. Entre sus proyectos emblemáticos figuran el Capital One Arena y el parque L’Enfant Plaza en Washington D.C.

Baile presidencialGetty Images via AFP

El diseño lleva la firma del estudio McCrery Architects. Según las maquetas compartidas por el propio Trump, el nuevo salón de baile será un homenaje neoclásico al gusto palaciego francés, muy en la línea estética de su residencia de Mar-a-Lago. Candelabros dorados, mármol ajedrezado, columnas corintias, techos artesonados y mobiliario versallesco definirán el espacio. Las mesas redondas vestirán manteles color champán, adornadas con centros florales lavanda bajo lámparas palaciegas que, presumiblemente, no serán de Ikea.

La nueva sala se construirá en el lugar del actual ala este, tradicional sede de las oficinas de la primera dama. Con fachada blanca y columnas, evocará la entrada principal de la Casa Blanca. Más allá de sustituir las carpas temporales para las cenas de gala, el objetivo parece claro: dejar una huella visual —y dorada— del gusto personal del magnate en el corazón institucional de la política estadounidense.

Las reacciones, como era de esperar, han sido polarizadas. «¡Eso es jodidamente increíble. Amo a Trump!», celebró un seguidor. Otro fue más poético: «Esto no es solo una expansión, es un movimiento legado. Los líderes visionarios no solo lideran por hoy, sino que construyen para mañana». Pero también hubo críticas: «Parece mucho dinero. Dinero de los contribuyentes que lo necesitan para su día a día», escribió un usuario escéptico sobre el origen real de los fondos.

Donald y Melania Trump

¿Y por qué un salón de baile? Quizá porque a Trump, literalmente, le gusta bailar. Su peculiar «baile de los mítines» se ha hecho viral, imitado por deportistas de la NFL y la UFC. En la gala de investidura bailó pegado con Melania, y durante una visita a las tropas en la base aérea de Al Udeid (Qatar), se animó con unos pasos improvisados. Incluso se le ha visto recientemente bailando junto a Elon Musk en un evento privado. ¿Qué mejor que un escenario propio para continuar la coreografía?