El Príncipe Moulay Hassan, este martes, en la inauguración de la Morocco Gaming Expo en Rabat
El llamativo saludo con el que Moulay Hassan de Marruecos evita que le besen la mano
El hijo de Mohamed VI ha vuelto a revolucionar el protocolo real durante la inauguración de la Morocco Gaming Expo en Rabat
El lenguaje corporal de los líderes mundiales comunica tanto o más que sus discursos, convirtiendo cada saludo en una poderosa herramienta estratégica. Un claro ejemplo es la Reina Letizia, que proyecta cercanía mediante un saludo activo y directo: mantiene una fuerte conexión visual, un apretón firme y recurre al «saludo estilo guante» para transmitir empatía. En el extremo opuesto se sitúa Donald Trump, cuyo apretón de manos es un gesto enérgico y dominante con el que busca proyectar autoridad inmediata y control absoluto sobre la situación. En este complejo universo de la comunicación no verbal, el príncipe heredero de Marruecos, Moulay Hassan, acapara miradas internacionales precisamente por hacer lo contrario, rompiendo las reglas tradicionales de su corte.
El hijo del Rey Mohamed VI inauguró, el pasado martes, la Morocco Gaming Expo, una destacada feria de videojuegos donde su comportamiento volvió a ser objeto de análisis. En un acto de marcado carácter institucional, el tradicional besamanos por parte de las autoridades presentes era inevitable.
Fiel a su estética sobria, el joven heredero apareció con un impecable traje azul marino, camisa blanca y corbata dorada, reforzando una imagen seria y consciente de su peso institucional. Sin embargo, lo que verdaderamente captó la atención fue que repitió un gesto que ya es una constante en él y que volvió a viralizarse en las redes sociales oficiales del reino alauita. Tras estrechar la mano a los hombres de la comitiva y saludar a la única mujer con un leve toque en el brazo, retiró la mano con una rapidez milimétrica, evitando de forma sutil pero firme que los asistentes pudieran inclinarse para besarla.
El Príncipe saludando
El verdadero interés del gesto radica en que no es una reacción aislada ni improvisada. El heredero lleva repitiendo este comportamiento desde que era un niño, lo que demuestra una decisión completamente consciente. En Marruecos, besar la mano a la familia real es una tradición ancestral que simboliza respeto, lealtad y sumisión institucional. Por eso, que el futuro monarca rechace sistemáticamente este tributo ha despertado un intenso debate con dos lecturas muy claras entre los expertos en comunicación política.
Por un lado, se interpreta como una muestra de modernidad y una sutil rebeldía frente a los protocolos más arcaicos de la monarquía, buscando una mayor cercanía con el pueblo en sintonía con los avances que siempre representó su madre, Lalla Salma. Por otro lado, los conocedores de la cultura marroquí apuntan a una lección de respeto hacia la veteranía; el Príncipe considera inapropiado que ministros, militares y líderes religiosos que le doblan la edad tengan que adoptar una posición de subordinación física ante él. Así, en un entorno donde cada movimiento está rígidamente calculado, Hassan ha encontrado una forma silenciosa de transmitir un mensaje rotundo: respeto mutuo sin necesidad de sumisión.
A este constante escrutinio de sus gestos se suma el peso de sus crecientes responsabilidades de Estado. En los últimos tiempos, Moulay ha dejado de ser un mero acompañante para asumir un rol dinámico, presidiendo actos oficiales clave y representando a su país en cumbres internacionales en sustitución de su padre. Esta intensa agenda institucional no solo consolida su liderazgo dentro del reino alauita, sino que refuerza la trascendencia de cada uno de sus movimientos en público.