Fundado en 1910
Puente Colgante

Puente Colgante Boutique Hotel, en Portugalete

La historia del hotel de Portugalete que acogió a huéspedes como Alfonso XIII y la Emperatriz Zita

El Puente Colgante Boutique Hotel fusiona la elegancia indiana con la cocina vasca y la importancia de sus salsas en el recetario

frente a la ría del Nervión y a los pies del famoso Puente Colgante de Portugalete destaca la fachada azul de un edificio que se levantó en 1871. Su historia va intrínsecamente ligada a la de Manuel Calvo y Aguirre, quien nació en la localidad bilbaína, pero emigró a Cuba donde hizo fortuna gracias a sus empresas de cultivo de caña. Como la tierra siempre tira regresó a Portugalete en 1898 para fijar su residencia en una mansión que hoy es el Puente Colgante Boutique Hotel.

Sin embargo, debido a su delicada salud, su estancia allí fue breve antes de trasladarse a Cádiz, donde falleció en 1904. En su testamento, dejó una voluntad clara: que su palacete en el Muelle Nuevo se convirtiera en hotel y que los beneficios obtenidos se destinaran a repartir ayuda social («raciones de olla y pan») entre los más necesitados de Portugalete.

Convertido ya en el hotel de referencia de la villa, el establecimiento vivió una época de gran esplendor durante las primeras décadas del siglo XX. Su elegante salón funcionaba como restaurante y como el epicentro social de la zona, albergando bailes, fiestas y actos culturales. Por sus habitaciones pasaron figuras de gran relevancia histórica internacional y de la realeza, como Alfonso XIII y la emperatriz Zita de Borbón-Parma.

Hotel Puente Colgante

El Puente Colgante Boutique HotelEL DEBATE

A Manuel Calvo le unió una especial amistad con Emilio Lhardy (1806-1887) y con su hijo Agustín que le sucedió al frente de su famoso restaurante madrileño. Una muestra de esa estrecha relación fue que Calvo se encargó de reformar por su cuenta un piso de la casa Lhardy amueblándolo lujosamente para así habitarlo en sus visitas. Allí se juntarían personajes notables de la época y según la prensa, «era un banquete diario y fastuoso, buscado y apetecido por el experto naviero para ponerse en íntima relación con los conspicuos de la política, para satisfacer sus fines».

A día de hoy el hotel cuenta con 74 habitaciones y los espacios comunes muestran vestigios del ayer como el ascensor original conservado en la entrada. Paredes revestidas con papeles pintados singulares, grandes ventanales y mobiliario confortable de terciopelo.

Y la gastronomía vasca con la chef Zuriñe García al frente es otro de los pilares del hotel. Las cuatro salsas tradicionales vascas (vizcaína, pil-pil, verde y tinta) y su juego de colores son uno de los hilos conductores de la propuesta, tanto en El Paladar, el restaurante gastronómico, como en el más informal El Txakoli.

Bacalao al pil pil

Lomo de bacalao al pil-pil de El TxakoliEL DEBATE

Bacalao al pil-pil

Bacalao al pil-pil de El Paladar

Concebido como un homenaje a las casas de comidas de toda la vida y a las recetas tradicionales de las abuelas (amumas), probamos en el Txakoli el menú Cuatro Salsas (45 euros persona) que incluye una jarra de txakoli y cuatro contundentes platos; mejillones en salsa verde, calabacín relleno de puerro y gambas en salsa bizkaina, lomo de bacalao al pil-pil y begihandi (chipirón), cuyo nombre significa «ojos grandes» en euskera, en su tinta con arroz salteado. un flan pone el toque dulce.

En El Paladar ofrecen un menú degustación Martiñe (90 €) que comienza con un aperitivo servido en Cromwell, el espacio de coctelería del hotel decorado con guitarras e imágenes de los Beatles. Se comienza con un vermú 1871, acompañado de una anchoa en mariposa desalada en casa y mollete de gilda. Ya en el restaurante sirven un plato de jamón ibérico Montaraz cortado a cuchillo con un shot de jerez. La experiencia continúa con un foie con costra de caramelo y kumquat dulce-ácido. Y volvemos a recuperar las cuatro salsas en las pochas con bacalao confitado (negra); morro de merluza al pil-pil; txipirón de potera con kokotxa en salsa verde; lomo de ciervo en salsa bizkaina. El broche dulce lo pone un postre de higuera en texturas.

Desayuno Casilda

Desayuno del hotel Puente Colgante

Desayuno del hotel Puente Colgante

Apetece comenzar el día con el Desayuno Casilda, cuyo nombre rinde homenaje a una niña que quedó huérfana cuando su padre murió al salvar la vida de su patrón, el hacendado Manuel Calvo. Conmovido por la tragedia, Calvo la acogió junto a su hermana, les dio su apellido y las crió bajo su protección. Al llegar a la mesa dispuesta con un mantel de cuadros amarillos y vajilla duralex aparece una bandeja con fruta, yogur, miel, tarta de queso, pastel de arroz, bollo de mantequilla y mermelada casera con miel. Luego llegará una tortilla de patata recién hecha y tostadas con jamón ibérico de bellota Montaraz. Y como siempre hay hueco para más dispone de varios «txokos» o rincones temáticos dedicados a panes, quesos, bizcochos caseros y café. Ofrecen una bolsa y un envoltorio para llevarse a casa lo que sobre.

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