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Mikel Merino y una imagen de San FermínRedes

UEFA Nations League

Mikel Merino, el católico y devoto de San Fermín que salvó a España con su 'doble chupinazo'

mikel Merino ha sido otro de los héroes de la selección española en el Mundial y también lo fue anoche, frente a Croacia. Gracias a su doble gol, la selección española está en cuartos de final de la UEFA Nations League. Pero lejos del verde, el centrocampista navarro del Arsenal es un hombre cercano y sencillo.

Mikel nació en Pamplona, en 1996 y creció con las fiestas como parte de su calendario sentimental. Sus padres le transmitieron desde pequeño el cariño por San Fermín, una tradición que ha mantenido incluso cuando su profesión le ha obligado a vivir lejos de casa.

En 2019, cuando jugaba en la Real Sociedad, ya explicaba que sus padres le habían inculcado aquellas costumbres. Nunca ha corrido el encierro y asegura que no piensa hacerlo, pero eso no le ha impedido vivir las fiestas intensamente.

Lo pudimos ver en el Mundial, con su gol ante Portugal, justo en vísperas de San Fermín. Merino no pudo estar en Pamplona, pero quiso que el santo estuviera presente en su celebración. Había preparado el pañuelo, había pensado en el gesto y, cuando llegó el momento, encontró la manera de hacerlo. Después explicó que no sabía qué tenía San Fermín, pero que sentía que le guardaba y le ayudaba. La coincidencia de sus grandes goles con fechas cercanas a las fiestas ha alimentado esa conexión. En 2024, su tanto ante Alemania en la Eurocopa también llegó en los primeros días de julio. Y cuando regresó a Navarra tras conquistar el Mundial, volvió a proclamar su cariño por el santo y por su tierra.

Una fe que forma parte de su vida

Merino estudió en el Colegio Luis Amigó de Pamplona, un centro de tradición católica vinculado a los religiosos amigonianos (oficialmente llamados Religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores). Allí pasó parte de su infancia, antes de que el fútbol le llevara a convertirse en uno de los grandes nombres de su generación.

En julio de 2026, la revista religiosa Vida Nueva recordó su paso por las aulas y recogió una frase del propio jugador que permite acercarse a su espiritualidad: «Dios me da las fuerzas para seguir». En un futbolista acostumbrado a hablar de esfuerzo, sacrificio y trabajo, reconocer a Dios como fuente de fortaleza permite descubrir otra dimensión de su manera de afrontar la vida.

El hijo de Miguel y Maite

Detrás del futbolista hay una familia en la que el deporte siempre ha tenido un papel protagonista. Su padre, Miguel Merino, fue futbolista profesional y jugó en Osasuna, entre otros equipos. Después entrenó a jóvenes jugadores, incluido su propio hijo. Su madre, Maite Zazón, fue jugadora profesional de baloncesto.

Mikel creció, por tanto, en una casa donde se conocían las exigencias del deporte de élite. Pero sus padres también quisieron que encontrara su propio camino. Su padre le transmitió el amor por el fútbol y por Osasuna. Su madre, según ha contado el entorno del jugador, procuró que la afición no se convirtiera en una obligación. El fútbol debía ser una elección. Y lo fue.

La relación con Miguel tiene, además, una expresión muy visible sobre el terreno de juego. Cuando marca, Merino suele rodear el banderín de córner con los brazos abiertos, una celebración que recuerda a la que realizaba su padre cuando jugaba. Un gesto que, en las grandes noches, convierte el gol en algo familiar.

Lola, Marco y la vida lejos de casa

En junio de 2024, Mikel se casó con Lola Liberal, también pamplonesa. La boda se celebró en la iglesia de San Nicolás, en Pamplona, antes de que el futbolista se incorporara a la selección para disputar la Eurocopa de Alemania. La elección de la ciudad y de una parroquia pamplonesa encaja con esa constante en su vida: incluso en los momentos más importantes, sus raíces siguen presentes.

En mayo de 2026 nació Marco, el primer hijo de la pareja. La paternidad llegó en una etapa extraordinaria de su carrera, pero también en un momento complicado. La lesión que había sufrido meses antes puso en duda su presencia en el Mundial y, una vez recuperado, tuvo que afrontar el campeonato lejos de su mujer y de su bebé. Merino reconoció que tenerlos lejos restaba algo de brillo a la experiencia. También explicó que pensar en su familia le daba fuerzas.

Un futbolista de costumbres

Quienes conocen a Mikel suelen destacar su carácter tranquilo, su cercanía y una forma de vivir bastante alejada de los excesos asociados a algunas estrellas del fútbol.

Le gustan los planes sencillos, los juegos de mesa y pasar tiempo con sus amigos. Mantiene una relación muy estrecha con Pamplona y con Osasuna, el club del que es socio y al que sigue siempre que puede. Su carrera le ha llevado a Dortmund, Newcastle, San Sebastián y Londres. Sin embargo, su identidad sigue estando muy vinculada a Navarra.