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La cantante, actriz y compositora Aymée NuviolaNacho Rodríguez

Entrevista

Aymée Nuviola: «No he visto gente que odie más a su propio pueblo que el gobierno que hay en Cuba»

Aymée Nuviola es cantante, pianista, compositora, productora y actriz cubana. Ganadora de un Premio Grammy (2020) y dos Latin Grammy (2018 y 2022), con 11 nominaciones y reconocida por la revista People como una de las 25 hispanas más influyentes en EE.UU.., Nuviola ha desarrollado una trayectoria que le ha llevado a los escenarios más prestigiosos del mundo con una voz que une tradición, excelencia e identidad cultural. Mañana, domingo 11, dará un concierto en Madrid con motivo del Día de la Hispanidad en la explanada de Madrid Río (al lado de Matadero), a las 19.00 horas.

–Aymée, bienvenida a Madrid. Celebrar el Día de la Hispanidad aquí tiene una carga cultural enorme. ¿Qué significa para ti, como artista cubana y universal, ser parte de esta fiesta que une a tantas culturas a través de la música?

–Bueno, para mí ser parte de lo que es la celebración de la Hispanidad tiene un gran significado. Primero de todo, porque es parte de nuestra identidad. Como siempre digo, de nuestro idioma, de nuestra cultura, de nuestras raíces... Pienso que esta celebración nos ayuda a ambas partes, tanto a la parte española como a la parte de la comunidad hispana e hispanoamericana a conocernos mutuamente un poco más, a reconectar, a decir las verdades históricas, la historia de la conquista, de cómo España ayudó a formar un continente. Ayudó a formar naciones, cómo nosotros hemos interactuado con eso, cómo hemos podido explotar esos fundamentos y esas bases que este país nos dejó.

–Tienes una anécdota divertidísima que te vincula directamente con España. Y es que hace unos años, en una recepción oficial, cuando entonces Felipe era Príncipe de Asturias pasó algo...

–[Ríe] Hace unos años no, hace muchos años. Él era no solamente el Príncipe, sino que era muy joven. Tuve yo el honor de ir con la orquesta con la que tocaba al Palacio de los Reyes y todos los que había allí eran muy jóvenes. Nos dieron unas bolsas con souvenirs de instrumentos típicos cubanos de percusión: maraquitas, claves... todos pequeños,¿eh? Y se fueron tirando desde el escenario hacia la audiencia para que todo el mundo se llevara un recuerdo. Y me doy cuenta de que él no tenía y estaba mirando, como diciendo: 'Bueno, ¿y el mío no?' [ríe] Y ahí lancé yo las maraquitas, pero él (el Príncipe) siempre fue muy alto y le pegó en la frente. Yo decía: 'nos echan, nos echan', pero nadie nos echó. Se lo tomó muy bien, con mucho sentido del humor y no hubo ningún problema.

–Madrid se ha convertido en una de las capitales mundiales de la música latina. Cuando caminas por estas calles, ¿sientes ese 'reencuentro' con tus raíces y con el público que ha tenido que emigrar?

–Yo creo que sí. Me llama la atención porque siento mucha más presencia hispanoamericana. No solamente en la calle, cuando vas a un establecimiento las personas que están sirviéndote son hondureños o salvadoreños, nicaragüenses o mexicanos, o sea, de diferentes nacionalidades, ¿verdad?

–Tu tema Reencuentro habla directamente de la experiencia de emigrar, de la nostalgia y de las raíces. Cantar esta canción en España, un país que ha recibido a tantos miles de cubanos en los últimos años, ¿le da un significado diferente o más emotivo?

–Fíjate que esa canción yo recién la grabé en un álbum que se llama Renacimiento, porque es un álbum dedicado a música oriunda de El Salvador. Y esta es una canción salvadoreña de un cantautor que se llama Álvaro Torres, que pasó por la misma experiencia que hemos pasado muchos y cuando él regresa a su tierra natal, le canta esta canción. Es maravillosa. Yo quise cantarla porque me conecta mucho con mi propia experiencia personal y con mi tierra, Cuba. Pero realmente la canción más emblemática que voy a cantar acá se llama Pan para Yolanda, que grabé con Melendi, y está dedicada específicamente a Cuba. Refleja la situación de mi país desde el amor.

–Hace poco mencionabas en una entrevista la tristeza que te genera la situación de tu tierra y lo difícil que es estar lejos. ¿Es la música tu principal trinchera para sanar esa nostalgia y dar voz a los que no pueden hablar?

–Es Dios mi trinchera. A través de él miro todo y trato de entender la situación no solamente sociopolítica, también espiritual. Creo que hay un velo ahí en el pueblo de Cuba que no los deja ver un poco más allá. Y creo que esta situación se repite en muchos países que han pasado por este proceso de sistema de comunismo. En Dios me refugio buscando la esperanza de que en algún momento se le ponga punto final a esto y que la gente tenga también esperanza.

–Hablando con el corazón en la mano sobre tu país. Cuando miras la situación actual de Cuba desde la distancia con los apagones interminables, la escasez y el colapso del día a día ¿cuál es el sentimiento que predomina en ti? ¿Es impotencia, tristeza o sigues guardando espacio para la esperanza?

–El mismo que ha predominado siempre [ríe]. El sentimiento de misericordia, tristeza y a veces de sorpresa de ver la capacidad que tiene el pueblo cubano para soportar.

Porque yo los apagones los estoy oyendo y viendo desde que nací. Lo que pasa que ya ahora no son apagones, son alumbrones de quizás dos o tres horas porque antes eran de dos o tres días. Pero es una situación que cada vez va más galopante y lo que me entristece y me preocupa es el poder de adaptación que tiene la gente. De decir bueno, no tengo luz y entonces invento esto, no tengo para cocinar y entonces corto madera, no tengo madera, cojo los muebles...

Aymée NuviolaNacho Rodríguez

Entonces tú te das cuenta de que la gente va cada vez bajando más y más la existencia, ¿no? El nivel de vida. Y eso de normalizar el problema es lo que más me preocupa, es lo que más tristeza me da, el ver cómo la gente va degenerándose, va degradándose, va necesitando cada vez menos cosas o creen que necesitan cada vez menos para vivir. Que no se vive, se sobrevive. Y la verdad es que me da mucha tristeza, muchísima.

–Decías que te cuesta comprender cuánto más puede aguantar la gente adaptándose a vivir sin lo básico. Desde fuera, ¿cómo percibes ese desgaste social y emocional de la gente que sigue dentro de la isla?

–Desde fuera se percibe y tiene matices, porque una cosa es el cubano que lo ve desde afuera, que conoce la situación y el engranaje y cómo se mueve todo allí, y otra cosa es la persona que no es cubana. Esto ha sido una caída al vacío pero viene de muchos años. Nosotros lo vemos como resultado de una política fallida, de un gobierno corrupto, de una dictadura comunista de gente que no le tiene amor a su pueblo. No he visto gente que odie más a su propio pueblo que el gobierno que hay en Cuba porque todo lo que sea para que la gente se sienta mal, para matar la dignidad, quitar la individualidad y no darte esperanza eso es lo que ellos implementan bajo cualquier circunstancia. Entonces tú te das cuenta de que el único afán es perseverar en el poder, más nada.

–A raíz de esto último que acabas de comentar, el propio exilio vive una encrucijada dolorosa: enviar ayuda o recursos alivia el sufrimiento directo de las familias, pero a veces parece que el sistema se aprovecha de eso para desmovilizar las ganas de protestar. ¿Cómo se gestiona a nivel personal esa paradoja de querer salvar a los tuyos sabiendo lo que implica?

–Se maneja, como te digo, con fe. Yo tengo a mi padre en Cuba y nosotros lo mantenemos desde la distancia. Cuando te hablo de 'mantenemos' es todo. Es desde el jabón con el que se baña, el cepillo de dientes con el que se lava los dientes, hasta el aceite para cocinar, las medicinas de él de diario, de su presión arterial, del corazón... Es un hombre que tiene más de 80 años, gracias a Dios con buena salud, no tiene nada que no sean achaques, quizás por la vejez. Pero implica pensar en cada detalle. Por ejemplo, ahora Estados Unidos dio millones en ayudas a través de la Iglesia, pero no sé cómo siempre se las arregla el gobierno para poner la mano sobre eso. Yo con mis ojos vi en tiendas artículos como leche, aceite, azúcar... que habían sido donados por otros países y que tenían el sello de donación puesto y los estaban vendiendo en dólares. Eso nunca llegó a las manos que tenían que llegar. Y eso no me lo contó nadie, eso lo vi yo.

–Alzar la voz con esta claridad tiene un precio muy alto y has confirmado que actualmente no puedes regresar a Cuba. ¿Cómo asimila una artista que su propia opinión sobre la realidad de su país le cueste el derecho de volver a pisar su tierra?

–Bueno, tienes que asimilarlo. Cuando lo haces tienes que ser consciente de las consecuencias. Eso lo sabe uno desde el momento en que nace y vive en esa isla. Tú sabes que tus palabras pueden condenarte o tus palabras, sencillamente, te pueden poner en una posición de beneficio, siempre y cuando vayas a favor de la dictadura. Ahora, si le vas a ir en contra, sabes que esa es una condena para ti. A nosotros ellos mismos nos dejan bien claro que aunque estemos fuera de Cuba arrastramos un lastre aplicándote este tipo de leyes... Ellos pueden decir que no puedes venir o que tu música no va a sonar, que no eres bienvenida aquí y no eres bienvenida allá. Y bueno, pues yo lo asumo, pero eso no me va a parar.

–Mucha gente te descubrió a nivel masivo por tu impecable actuación como Celia Cruz en la televisión. Celia también vivió el exilio y nunca pudo regresar. Al verte hoy en una situación similar, ¿sientes que, de alguna manera, estás heredando o continuando ese legado de cantar con alegría pero con el corazón puesto en la libertad de tu tierra?

–Yo creo que ese tipo de posiciones uno las elige, no se heredan, porque son cosas que tú tienes que tener la convicción. No la puedes hacer, como te dije, ni por imitación ni por seguir una corriente. Ni porque la gente te lo adjudique, sino que tú tienes que tomar la decisión. Y yo recuerdo que Celia tenía esa tristeza de que ella quiso en algún momento ir por lo de la muerte de su madre y le cerraron las puertas. No pudo ir, no la pudo despedir.

Aymée NuviolaNacho Rodríguez

Yo, por el contrario, en algunos momentos sí pude entrar a Cuba. Pude hacer incluso proyectos musicales allí, precisamente cantando la música de Celia Cruz, una osadía que Dios permitió... pero en este momento no y lo asumo así.

Sí creo que ella ha sido como un modelo, un ejemplo de artista, cubana, mujer, que emigró en un momento muy difícil, porque había un hermetismo todavía aún más grande con Cuba. Ni siquiera te podías comunicar con tu familia con la facilidad que quizás hoy en día algunas personas tienen a través de WhatsApp o de internet o de una llamada telefónica, porque en ese momento no era así.

–Te conocen como La Sonera del Mundo, un título enorme en un género que históricamente estuvo muy dominado por hombres. ¿Cómo de difícil ha sido abrirse paso y mantener el son y la salsa vivos y frescos para las nuevas generaciones?

–Y sigue dominado por hombres [ríe]. Mira, esta es una pregunta muy interesante porque sigue siendo el género bien machista. Los hombres a veces nos cogen terror a las mujeres cuando podemos ser un punto de confrontación o de polémica.

La Sonera del Mundo precisamente fue un título que me puso Óscar de León por la capacidad de improvisación, que es una de las cosas que el son cubano marca, busca y establece como regla para ser un buen sonero. Me ha costado el doble de camino y el doble de esfuerzo llegar y hacer cosas que otros cantantes con menos trayectoria y menos tiempo de carrera que yo han hecho rápidamente porque son hombres. Pero al mismo tiempo lo disfruto el doble cuando lo logro.

–Has colaborado con grandes de la música y ganado premios Grammy. Al mirar atrás, desde tus inicios en La Habana hasta los escenarios de Madrid hoy, ¿cuál dirías que ha sido el mayor sacrificio y la mayor recompensa de tu carrera?

–Mira, cuando tú eres artista los sacrificios no paran nunca. Pero indiscutiblemente creo que mi vida está muy ligada a mi carrera. Y uno de los grandes sacrificios es irte de tu país.

Es un proceso difícil de asimilar, por lo menos en mi caso. El que no ha vivido un exilio o una emigración no sabe lo que es eso. Pero mi mayor recompensa ha sido que mi trabajo me ha llevado a lugares a los que yo nunca pensé llegar. Países como este mismo, como España. También Israel, que me encantó poder ir allí y descubrir muchas cosas allí. Y la mayor de todas fue conocer a Cristo. Esa ha sido una de las grandes recompensas que me ha dado mi vida y mi carrera, porque por mi carrera llegué a Costa Rica y allí fue donde conocí a Dios.

–¿Qué mensaje le mandas a toda la comunidad hispanoamericana y española que se va a reunir a escucharte y a celebrar la música en estos días?

Bueno, pues que vengan, que celebren, que se lo gocen, que se diviertan, que reconecten, que reconozcan sus raíces, su identidad. Que valoren mucho este país que los ha acogido, que les ha dado abrigo, espacio, casa y una esperanza y un porvenir. Yo soy muy desinhibida en mis conciertos, me encanta que la gente participe, el público es parte de mi show. Lo pongo a cantar, a bailar, lo pongo a que se divierta mucho y de seguro que la van a pasar de maravilla. Eso se lo puedo asegurar.