El expresidente del Gobierno, José María Aznar
El postre que nunca podía faltar en la Moncloa cuando Aznar era presidente
Los antojos más cotidianos pueden acabar convirtiéndose en auténticas anécdotas de palacio
Martín Ovejero, experto en detección de la mentira, sobre Zapatero: «Está muy tranquilo, me tiene bastante desconcertado»
En la Moncloa, durante los años de José María Aznar al frente del Gobierno, había un producto que no podía faltar en la nevera presidencial. Y no hablamos de un manjar exclusivo ni de un postre elaborado por un chef con estrella Michelin. Era algo mucho más sencillo, pero imprescindible para el entonces presidente.
La curiosa historia la desveló Julio González de Buitrago, jefe de cocina de la Moncloa durante más de tres décadas, en su libro La cocina de La Moncloa, publicado en el año 2014. A lo largo de su trayectoria, el cocinero conoció de primera mano las costumbres gastronómicas de varios presidentes del Gobierno, pero el antojo de Aznar dejó una de las anécdotas más llamativas.
Según relató, el presidente tenía una rutina muy concreta: tomar su helado favorito, de café, después de comer y de cenar. Una costumbre que obligaba al personal de cocina a estar siempre pendiente de las existencias. Porque, al parecer, quedarse sin aquel postre sencillo no entraba en los planes de la familia presidencial.
El fallo en la logística
Durante una estancia de los Aznar en Jaén, el personal intentó localizar el producto sin éxito. Por lo que, según relata el cocinero, tuvieron que buscarlo en otro lugar.
Eso sí, la cocina de la Moncloa ofrecía mucho más que helados. Entre sus fogones se preparaban elaboraciones como la tarta Sacher de chocolate, el bavarois de café y otras especialidades de repostería. La residencia presidencial contaba con profesionales capaces de diseñar menús para grandes acontecimientos y atender a invitados de la máxima relevancia internacional.
Un helado de café tradicional
Sin embargo, entre tanta sofisticación gastronómica, Aznar mantenía una debilidad muy concreta. No necesitaba grandes elaboraciones ni postres de autor para terminar sus comidas: su elección estaba clara y tenía nombre propio.
Pequeños caprichos
La anécdota también permite asomarse a la cara más cotidiana de la vida en la Moncloa. Detrás de los discursos, las reuniones de Gobierno y los compromisos oficiales, existían rutinas familiares y pequeños caprichos que el personal debía conocer al detalle. Porque durante los años de Aznar podían cambiar los menús, los invitados y la agenda política, pero había algo que, según el testimonio de su antiguo jefe de cocina, debía estar siempre disponible: el helado de café.
Una historia que demuestra que, incluso en el corazón del poder, los antojos más cotidianos pueden acabar convirtiéndose en auténticas anécdotas de palacio.