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La caída del Muro de Berlín, en imágenes

Hace 33 años, el 9 de noviembre de 1989, se derribaba el Muro que había dividido la capital alemana durante 28 años. El Muro no solo dividía una ciudad, sino que simbólicamente también dividía al mundo bipolar con dos referentes de gran peso, Estados Unidos y la Unión Soviética. Su caída posibilitó la reunificación alemana, la desaparición de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría

Sarah Durwin

Madrid 09 nov. 2022 - 04:30

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En octubre de 1990 se firmó el Tratado de Unificación que hizo que las cuatro potencias (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética) renunciasen a sus derechos, de modo que se reunificó el país y se constituyó nuevamente como una nación en su totalidad. Las imágenes de la gente celebrando la reunificación de Berlín dieron la vuelta al mundo.

©GTRESONLINE

El 13 de agosto de 1961 se cerraba la frontera entre la parte occidental y la oriental de Berlín. Una gran valla metálica con una alambrada de púas de 3,6 metros de altura, 155 kilómetros de perímetro y 186 puestos de vigilancia separaría a familias y amigos durante 28 años.

©GTRESONLINE

El estancamiento económico soviético y la floreciente Berlín occidental provocaron que en el años 1960, alrededor de 20.000 personas se mudasen de forma definitiva al oeste dejando a la República Democrática Alemana (RDA) al borde del colapso social y económico.

©GTRESONLINE

En los días posteriores las autoridades obligaron a ciudadanos, albañiles, policías y soldados a levantar el muro. Varios policías fronterizos comenzaron a construir barricadas defensivas con el pavimento de las calles que conectaban el este y el oeste de la capital alemana.

©GTRESONLINE

El Muro se justificó como un método de resistencia antifascista, aunque su objetivo en realidad era evitar que los jóvenes siguiesen marchándose a buscar mejores oportunidades. En la madrugada del 12 al 13 de agosto por órdenes de Walter Ulbricht, jefe de Estado de la RDA, comenzaba a desplegarse una larga alambrada de espino y de hormigón ante la confusión de los responsables de la administración de Berlín occidental y de los propios ciudadanos que de la noche a la mañana veían como se les separaba de sus familias, de sus parejas y de sus amigos.

©GTRESONLINE

Para hacer más difícil la huida colocaron una superficie semiesférica para que fuese imposible agarrarse a la parte superior del muro.

©GTRESONLINE

Desde su fundación hasta su caída más de 5.000 ciudadanos de la RDA escaparon con éxito; más de 3.000 personas fueron detenidas y al menos 138 perdieron la vida.

©GTRESONLINE

El entonces presidente estadounidense Ronald Reagan dejó un desafío a la Unión Soviética que hoy todos recuerdan, aunque no haya tenido el efecto que algunos le atribuyen en la reunificación de Alemania. Su famosa frase «Sr. Gorbachov, derribe este muro» inmortalizó su discurso ante la Puerta de Brandemburgo en Berlín en 1987 por el 750º aniversario de Berlín. Dicho discurso fue motivo de controversia dentro de la propia administración de Reagan, con varios empleados y asesores veteranos advirtiendo que debía ser omitida cualquier frase que pudiera causar más tensiones Este-Oeste o una mayor ignominia hacia Gorbachov con quien el presidente Reagan había establecido una buena relación. El discurso recibió, en su momento, poca cobertura mediática. Los dirigentes comunistas germano-orientales consideraron «absurdo» el discurso,​ y la agencia soviética de prensa TASS acusó a Reagan de «provocador» y de «alentar un discurso de guerra».

Nueve meses después de la construcción del muro, el 9 de noviembre caía uno de los principales símbolos del totalitarismo en el siglo XX. La presión social y las demandas de los berlineses consiguieron derribar el «Muro de la vergüenza» y un año más tarde se hizo oficial la reunificación de Alemania.

©GTRESONLINE

La intervención de san Juan Pablo II fue esencial para propiciar la caída del muro. El Papa polaco expresó que «el comunismo no tiene nada más que decir, ni en filosofía, economía, sociología, ni en los otros planes de actividad». San Juan Pablo II sabía que era un sistema que estaba muerto, por eso su primer mensaje cuando fue elegido como Pontífice fue «no tengáis miedo». ​Fue quien intervino en el acercamiento entre Margaret Thatcher y Ronald Reagan, lo cual condujo a la participación de Mijaíl Gorbachov en los diálogos que permitieron culminar la caída del muro. De hecho, el mismo líder soviético reconoció públicamente que la intervención del Papa polaco fue decisiva en los acontecimientos.

©GTRESONLINE

La caída del muro supuso que los berlineses del este tuvieran los mismos derechos y libertades que en el Berlín Occidental, que familiares separados por el muro pudieran reunirse y que todos pudieran circular libremente por su ciudad.

©RADIALPRESS

Tras meses de protestas y reivindicaciones, las autoridades aprobaron la anexión de la RDA a la República Federal de Alemania el 3 de octubre de 1990. Al mismo tiempo, la desaparición de la RDA y el declive de las políticas comunistas condujeron al fin de la Unión Soviética. La disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) supuso también el nacimiento de 15 nuevos países que antes estaban integrados dentro de la Unión Soviética.

Bundesarchiv / Wikimedia Commons

Una pregunta sobre los permisos de viajes de los ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA) en una rueda de prensa ofrecida por el portavoz del Gobierno comunista de la RDA, Günter Schabowski, por el periodista italiano de la agencia Ansa Riccardo Ehrman precipitó la caída del muro. Schabowski había realizado un largo discurso sobre los éxitos del régimen y había admitido también que se habían cometido errores. Entonces Ehrman le preguntó si entre esos errores estaba la nueva ley de permisos de viajes pues, a su juicio, «no cambiaba nada». El portavoz de la RDA, sorprendido por su tono directo, sacó unos folios de su bolsillo en los que estaba escrita la nueva ley y leyó que según esta los alemanes orientales podrían viajar libremente, sin visado ni pasaporte, a la Alemania Occidental.

Se produjo un silencio sepulcral en aquella rueda de prensa, que poco tiempo después fue interrumpido por un coreado «¿Cuándo?». A lo que Shabowski soltó un desliz: «A mi entender, con efecto inmediato... ahora mismo». En realidad, según Ehrman, en las notas de Schabowski se consignaba que las normas de viajes perdían su valor «provisionalmente» y que esta medida entraba en vigor «inmediatamente». El «ahora mismo» fue lo que precipitó los acontecimientos. El inesperado anuncio, emitido en directo por televisión, propició que miles de ciudadanos de la RDA se acercaran aquella misma noche a la frontera para festejar el fin de un muro que separaba, a lo largo de 155 kilómetros, dos modelos de Estado completamente antagónicos.

En alemán, el sustantivo «Mauerspecht» designa a todas aquellas personas que, desde la célebre noche del 9 de noviembre de 1989, trabajaron para derribar el muro de betón que había separado el este y el oeste de Berlín durante más de 28 años. Durante su labor, algunos de estos Mauerspechte se quedaron con trozos del Muro, otros los vendieron... Estas personas también fueron motivadas políticamente para participar en el desmembramiento del muro a modo de fiesta popular.

La demolición del muro empezó espontáneamente al anochecer del 9 de noviembre de 1989 y continuó los días y semanas siguientes. Las imágenes de los ciudadanos que derribaban secciones del muro el 9 de noviembre era pronto seguida por el Gobierno germanooriental, que anunció diez nuevos cruces fronterizos, incluyendo los pasos históricos de Potsdamer Platz, Glienicker Brücke y Bernauer Straße. Multitudes se reunieron a ambos lados de los cruces históricos esperando horas para aclamar los bulldozers que echaron abajo porciones del muro para comunicar las carreteras. Mientras el Muro oficialmente quedaba controlado en una intensidad de decrecimiento, cruces de frontera nueva continuaron por algún tiempo. Si bien inicialmente el ejército germanooriental intentó reparar el daño hecho por los «pájaros carpinteros del muro»; gradualmente estos intentos cesaron, y los guardias se tornaron más laxos, tolerando los escombros crecientes y el «cruce» de frontera no autorizado a través de los agujeros.

GTRES

Más de dos millones de personas del Este de Berlín visitaron el Oeste de la ciudad el fin de semana del 10 al 12 de noviembre de 1989 para participar en la gran fiesta que se celebró en aquellos días.

Los ciudadanos de la RDA son bienvenidos en Bösebrücke, 10 de noviembre de 1989. Los ciudadanos alemanes y los berlineses occidentales pudieron ingresar a la RDA sin visa por primera vez el 24 de diciembre de 1989 a partir de la medianoche; hasta ese momento seguían vigentes las normas relativas a requisitos de visado y cambio mínimo. En las semanas entre el 9 de noviembre y el 23 de diciembre, los ciudadanos de la RDA tenían, en cierto modo, «mayor libertad para viajar» que los alemanes occidentales. El 30 de junio de 1990, se abrieron nuevos cruces fronterizos hacia Berlín Occidental. Y el 1 de julio de 1990, día de la entrada en vigor de la unión monetaria, se suspendieron las guardias en el Muro y todos los controles fronterizos.

Bundesarchiv / Wikimedia Commons

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