El halcón maltés (Filmin)

El halcón maltés (Filmin)

La novela negra que nació de un tributo insólito: cuando Malta regalaba un halcón al rey de España

Carlos I entregaría a los caballeros de la Orden de Malta el archipiélago y la ciudad de Trípoli a perpetuidad a condición de vasallaje como rey de Sicilia y la entrega anual de un halcón entrenado para la cetrería, como precio simbólico

En 1930 un escritor treintañero, aún poco conocido, veterano de la gran guerra, enclenque, enfermizo y con una afición desmedida a los cocteles de ginebra, publicaba una de las mejores obras del genero de la novela negra. Su nombre era Dashiell Hammett y la novela El halcón maltés.

Enseguida se convirtió en una obra de culto e incluso fue llevada al cine en varias ocasiones, aunque de ellas, la versión más famosa es la de Houston, (estrenada en 1941). La interpretación de Bogart como el detective Sam Spade lo lanzaría, definitivamente, al estrellato cinematográfico, después de muchos años dando tumbos en papeles menores que le conseguía su gran amigo, el consagrado actor, Leslie Howard. El argumento gira alrededor de la escultura de un halcón con piedras preciosas de incalculable valor que la Orden de Malta habría pagado como tributo al emperador Carlos V.

¿Es verídico el origen de la historia? ¿Realmente los caballeros de la Orden le entregaron un halcón al rey de España? Y si existió el tributo. ¿Cuál fue la razón?

El cuadro de Tiziano 'Carlos V en la batalla de Mühlberg'

El cuadro de Tiziano 'Carlos V en la batalla de Mühlberg'Museo del Prado

Para contestar a estas preguntas, antes debemos de viajar a una batalla naval en el Mediterráneo, el 8 de junio de 1283. Cerca del puerto de Malta se enfrentan dos poderosas armadas. Por un lado, la francesa, liderada por el propio Carlos de Anjou, por otra, la aragonesa, al mando del avezado marino Roger de Lauria que, con algunas innovaciones técnicas introducidas en sus navíos, consiguió derrotar a los hombres de Anjou.

Tras la retirada de las naves francesas sobrevivientes, Pedro III el Grande de Aragón conquistó el castillo de Malta, la isla de Gozo y la de Lipari. Malta pasó a dominio aragonés y alrededor de 400 catalanes se instalarán en la isla.

Fuerte de San Angelo en La Valeta al atardecer

Fuerte de San Angelo en La Valeta al atardecer

Más de dos siglos después, Fernando e Isabel añadirán el Reino de Nápoles y las ciudades de Melilla, Oran, Sfax y Trípoli a la corona hispana. Como consecuencia de ello, Malta pierde cierta relevancia al diluir su influencia entre los nuevos y extensos territorios. Mientras, el Imperio Otomano va ganando terreno y comienza a expandirse hacia occidente.

Esta es la situación que se encontrará Carlos I, cuando es coronado rey de España en 1516. Sin embargo, en 1522, apenas dos años después de ser nombrado, también, emperador romano germánico, se produce un acontecimiento que marcará el devenir histórico de la pequeña isla. Aprovechando la división en occidente por las guerras itálicas entre Carlos V y Francisco I, Solimán el Magnífico pone sitio a Rodas. Sus defensores, los caballeros hospitalarios, no podían esperar, en esta ocasión y a diferencia del sitio de 1480, ayuda de las potencias europeas, por lo que cinco meses después capitulan y abandonan la isla.

Es en esta coyuntura en la que el Cesar Carlos, pensando que aquellos caballeros del hospital de San Juan de Jerusalén y de Rodas podrían ser el perfecto freno a los otomanos, el 24 de marzo de 1530, les ofrece el archipiélago de Malta, (Malta, Gozo y Comino) y la ciudad de Trípoli a perpetuidad a condición de vasallaje como rey de Sicilia, (que también era), y la entrega anual de un halcón entrenado para la cetrería, como precio simbólico.

Eso sí, se trataba de un ave de carne y hueso y no de piedras preciosas como el de la novela. Los hospitalarios, que añadirán el nombre de Malta a su orden, cumplieron lo estipulado entregando un halcón cada año al rey de España, el día de todos los santos, hasta que las tropas de Napoleón tomaron la isla en 1798.

El gran maestre Jean de la Valette y sus hombres dan gracias a Dios tras la victoria en el asedio de Malta. Obra de Philippe Lariviere

El gran maestre Jean de la Valette y sus hombres dan gracias a Dios tras la victoria en el asedio de Malta. Obra de Philippe Lariviere

Hasta entonces, Malta fue el gran azote de occidente frente al turco, razón por la que los otomanos pusieron a la orden de Malta en su punto de mira. De hecho, en 1551 el célebre corsario Dragut, (o almirante para los turcos, ya que al igual que con Drake, el titulo depende de la nacionalidad del autor), ya se había apoderado de la isla del Gozo y de Trípoli.

Así las cosas y tras la derrota cristiana en la batalla de Djerba (1560), en mayo de 1561 Solimán el Magnifico envía a la isla una de las mayores flotas nunca vistas hasta la fecha. Unas 193 naves. La mayoría galeras de guerra y unos 50.000 hombres. Frente a ellos, 500 caballeros hospitalarios y unos 5.600 soldados españoles y malteses, (algunos autores incluyen a soldados italianos. Es un error muy común. Italia es una nación que nace en el siglo XIX. los napolitanos y sicilianos que combatieron en Malta formaban parte, entonces, de la corona hispana, en igualdad de condiciones que aragoneses o navarros).

La situación parecía desesperada a todas luces y con muchas similitudes con el sitio de Castelnuovo, (1539). Prácticamente el mismo número de fuerzas invasoras, una enorme desigualdad entre ambos contendientes. En el caso de la plaza montenegrina apenas tres mil soldados de los tercios, poco más del doble en este caso, pero con un espacio mucho más amplio que defender.

Aunque el valiente maestre de campo, Francisco de Sarmiento, (quien, por cierto, debería tener, al menos, una estatua en alguna plaza de la capital de España), vendió muy cara su derrota llevándose por delante la mitad del ejército otomano, no pudo evitar la caída de Castelnuovo.

Todo indicaba que lo mismo volvería a suceder con Malta. Sin embargo, se daban en este asedio algunas diferencias que resultarían fundamentales. Por un lado, no existía un mando único en el ejército otomano, comandado por el visir Mustafa Bajá y el almirante Pialí Bajá. Lo que provocó numerosas tensiones, incluyendo el error estratégico de Pialí al decidir tomar el fuerte de San Telmo antes que la ciudad vieja de Medina.

También, a diferencia de Castelnuovo, Malta si esperaba refuerzos por parte del virrey de Sicilia, García Álvarez de Toledo. Los seiscientos defensores de San Telmo, entre caballeros y soldados dieron su vida en la defensa del fuerte, pero se llevaron por delante al temible Dragut y a 6.000 turcos, la mitad jenízaros, sus tropas de elite. Los defensores consiguieron retrasar un mes el asalto a la ciudad y al resto de fuertes.

El 28 de junio llegaron los primeros refuerzos. Unos 600 hombres comandados por Juan de Cardona que elevaron notablemente la moral de los asediados. Pese a disparar los turcos más de 130.000 balas de cañón y mantener una abrumadora superioridad de hombres y armamento, la eficaz defensa del gran maestre La Valette, junto a importantes errores del Visir, alargaban el sitio para desesperación otomana. El 7 de septiembre llega finalmente el virrey de Sicilia al mando de 10.000 soldados de infantería. Los turcos, que habían perdido la mitad del ejército y estaban exhaustos, deciden la retirada al día siguiente. Malta, contra todo pronóstico, había vencido.

Felipe II, por la valentía mostrada por los malteses, les envió de regalo al gran maestre una espada y una daga adornadas con oro y pedrería y con el lema «más que el mismo valor vale La Valette». Todos los 8 de septiembre, las denominadas espadas del valor desfilan por las calles de La Valeta, (ciudad que, por cierto, debe su nombre al gran maestre). Espada y daga son una de las muchas reminiscencias españoles.

Plano de La Valeta del siglo XVII

Plano de La Valeta del siglo XVII

En la localidad de Floriana, en las afueras de la capital se encuentra el barrio de Balzunetta, (Barceloneta) y la iglesia de Nuestra Señora de Sarriá. La sede del primer ministro es un palacio conocido como «el albergue de Castilla». La sede del Ministerio del Interior es «el albergue de Aragón» situado cerca de las iglesias de Santiago y del Pilar. En la concatedral de San Juan están también las capillas de Castilla y Aragón y el notable sepulcro del gran maestre Perellós. También permanecen las murallas diseñadas por el mallorquín Cotoner conocidas como «cotonera lines» y el hermoso palacio conocido como la casa de Cataluña. Todos ellos vestigios de aquella aguerrida Malta española que fue la orgullosa defensora de Occidente en el Mediterráneo.

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