Los novios, la princesa heredera Juliana y el príncipe Bernhard, saludan desde el carruaje durante un paseo por Ámsterdam, aquí en Apollolaan, con motivo de su compromiso, septiembre de 1936
Dinastías y poder
El príncipe alemán que se integró en la RAF pero no borró su pasado nazi
Está enterrado en la cripta real de la Nieuwe Kerk, de Delft, el panteón en el que descansan los restos mortales de la dinastía Orange
El marido alemán de la reina Juliana de los Países Bajos desempeñó un papel importante durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su labor en las fuerzas aliadas no sirvió para que los holandeses olvidasen sus veleidades nacionalsocialistas como miembro del NSDAP.
A principios de los años treinta, había mostrado simpatías por el movimiento político de Adolf Hitler igual que hizo su futuro yerno, el príncipe Claus, miembro de las Juventudes Hitlerianas. Pero el abuelo del actual soberano holandés había ido forjando una relación cercana con el general Montgomery y fue una pieza importante en la reconstrucción del país tras la ocupación. Pese a ello, los servicios de seguridad británico nunca confiaron en él.
El Príncipe Bernhard en Ottawa (1942)
El conde Bernardo de Lippe-Biesterfeld, nació en Jena en 1911. Era el primogénito del príncipe Bernardo, hermano del soberano del pequeño estado de Lippe y de la aristócrata alemana, Armgard von Sierstorpff-Cramm. Tras la Gran Guerra su familia perdió parte de sus ingresos, aunque consiguió mantener propiedades en Brandeburgo, al oeste del río Oder, una zona rica.
Educado en la iglesia protestante, pasó su infancia en un internado en Brandenburgo hasta que se marchó a estudiar Derecho a la Universidad de Lausana. Regresó a Alemania a comienzos de la década de los treinta, cuando el país parecía fascinado ante los aires de renovación y nacionalismo que prometía el movimiento de Hitler.
En Países Bajos, la reina Guillermina empezaba a plantearse el futuro de la dinastía Orange puesto que sólo tuvo una hija de su unión con el también alemán Enrique de Mecklemburgo-Schwerin. Juliana había nacido en 1909. La princesa heredera y el conde Bernardo se conocieron en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1936. El se nacionalizó holandés y se anunció el compromiso.
Boda de la Princesa Juliana y el Príncipe Bernhard en 1937
La boda se celebró el 7 de enero de 1937 y reunió a toda la realeza europea en un tiempo en el que se escuchaban voces que alentaban del peligro expansionista alemán. El matrimonio tuvo pronto a sus dos primeras hijas, Beatriz e Irene. Pero cuando Alemania ocupó los Países Bajos en mayo de 1940, llegó la guerra.
Durante ese tiempo Bernardo cortó las relaciones con sus familiares alemanes, su madre y su hermano especialmente, a los que se tachó de connivencia con el Partido Nazi, algo que Bernardo trató de desmentir con una carta publicada en The Times y que nunca consiguió aclararse con certeza. La princesa Juliana abandonó el país con sus hijas y se estableció en Canadá. Bernardo, alternó sus estancias en Londres acompañando a su suegra la reina Guillermina, con los viajes a Ottawa. Aquí nació la tercera de las hijas de los herederos, Margarita.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el príncipe Bernardo se integró en el escuadrón «holandés» de la RAF y se le autorizó a cooperar con los mandos militares británicos. Lo hizo como pilotó un Spitfire, caza monoplaza. Conforme la ofensiva aliada fue tomando cuerpo, Bernardo ayudó a organizar el movimiento de resistencia y asumió un papel destacado en las fuerzas armadas neerlandesas.
El General Brian Horrocks, el Mariscal de Campo Bernard Montgomery y el Príncipe Bernhard antes de la Operación Market Garden el 8 de septiembre de 1944
Su buena relación con el general Montgomery trascendió lo meramente militar. Bernardo estuvo presente en las negociaciones para el armisticio y rendición alemana en el Hotel Wereld, en Wageningen. Terminó la guerra con el rango de general. Tras cinco años de ausencia, en 1945 la Familia Real volvió a su país: en La Haya los recibieron apoteósicamente. Poco después nació en Utrech la cuarta de las hijas del matrimonio, Cristina que nació ciega a causa de una rubeola contraída durante el embarazo.
En 1948 abdicaba la reina Guillermina y Bernardo se convertía en consorte de la nueva reina, Juliana. Aunque nunca le gustó tener que abstenerse de los asuntos de Estado. Fue un apoyo para su primogénita Beatriz cuando en 1965 confesó que se había enamorado de un diplomático alemán con pasado en las Juventudes Hitlerianas y combatiente de la Wehrmacht, Claus von Amsberg.
Tampoco le resultó agradable que su segunda hija, Irene, se casase con el pretendiente carlista al trono español, Carlos Hugo de Borbón-Parma. Aquello suponía que la princesa se convirtiese al catolicismo, un escándalo para los protestantes y una crisis constitucional en los Países Bajos. Carlos Hugo se presentaba además como uno de los futuribles candidatos a suceder a Franco. Con el tiempo terminaron separándose.
Durante los años en los que Bernardo ocupó la posición de príncipe de Orange-Nassau, no se libró de ciertas polémicas como las que le vincularon con provechosos negocios tecnológicos o con prácticas esotéricas. Fue también un deportista aficionado a los coches y al ecologismo, cuando no imperaban esas posiciones.
En 1980 la reina abdicó en su primogénita, Beatriz. Juliana de Holanda falleció el 20 de marzo de 2004. Nueve meses después murió Bernardo de Lippe a causa de un cáncer. Está enterrado en la cripta real de la Nieuwe Kerk, de Delft, el panteón en el que descansan los restos mortales de la dinastía Orange. Su herencia continua en su nieto Guillermo y su bisnieta, la princesa Amalia.