Fundado en 1910

Esgrimistas practicando, hacia 1900

Picotazos de historia

El duelo a espada entre dos damas de la nobleza que escandalizó a Austria

La baronesa Lubinska sugirió que se desprendieran de la ropa superflua y se combatiera solo con el corsé protegiendo el pecho. Más tarde, algunas versiones más escandalosas afirmaron que las duelistas combatieron con los pechos al aire

La princesa Paulina von Metternich-Winneburg (1836-1921) era una Metternich por doble vínculo. Su madre fue Leontine, nieta del gran canciller del Imperio austríaco y creador de la Santa Alianza. Su padre fue el conde Moritz Sándor de Szlavnicza, quien tenía fama de ser un magnífico y temerario jinete. A Paulina la casaron con su tío Richard, hermano de su madre e hijo de la segunda esposa del gran estadista: la baronesa María Antonieta von Leykam. La madre de Paulina, Leontine, era hija del canciller Klemens von Metternich y su primera esposa, la condesa Eleonora von Kaunitz-Rietberg.

Paulina acompañó a su marido en el desempeño de sus funciones como ministro en Sajonia y embajador en París. Es en este último puesto donde brilló especialmente. Se convirtió en uno de los principales ejes sociales y artísticos de la sociedad parisina. Fue íntima amiga de la emperatriz Eugenia, protegió y ayudó a un músico llamado Richard Wagner y a unos pintores desconocidos que se llamaban Edgar Degas y Eugène Boudin.

Ahora cambiemos de tiempo y de lugar. Vamos a situarnos en el día 7 de agosto del año 1892. El lugar: la Viena del Imperio austrohúngaro. En concreto, en la Exposición Internacional de Música y Teatro que se estaba celebrando en el Prater (así es como se conoce a una extensa área del distrito de Leopoldstadt). Esta importante muestra internacional estaba dirigida por un comité de damas.

Paulina de Metternich. Obra de Franz Xavier WinterhalterDominio Público

En realidad, se había creado oficialmente una comisión directiva, pero era tan numerosa —tenía 242 miembros— que era incapaz de tomar la más mínima decisión. Motivo por el cual las señoras estaban al mando de todo.

Todo marchaba magníficamente bien hasta la fatídica fecha, en la que una diferencia de opinión entre la poderosa princesa Paulina von Metternich y otra dama del comité dio lugar a los hechos posteriores.

Entre las damas, el tono fue haciéndose cada vez más gélido, y los «queridas» se transformaban en puñaladas. La otra dama envuelta en la discusión era la encantadora condesa Anastasia Kielmansegg, y el motivo de tan agria disputa fue la desavenencia respecto a unos adornos florales. Paulina tenía entonces 56 años y Anastasia (de soltera, Anastasia Lebedewna von Lebedeff), 32. Transgredo esta fundamental norma de educación al compartir tal información porque es relevante.

Anastasia Kielmansegg-Lebedeff

La disputa entre las señoras fue subiendo de tono, y antes de que nadie se diera cuenta, ambas estaban comprometidas en un duelo. Téngase en cuenta que, en ese tiempo, tener cuarenta años era ser viejo. La tradición y las normas que regían los duelos afirmaban que se podía renunciar a cualquiera al alcanzar tal edad, sin menoscabo alguno.

El duelo era ilegal en Austria, por lo que los padrinos de cada una de las partes —la principal padrina de Paulina fue la princesa Schwarzenberg, y por Anastasia, la condesa Kinski— arreglaron trasladarse a Vaduz, capital del pequeño principado de Liechtenstein. Tuvieron la precaución de llevarse a la baronesa Lubinska, quien no solo era doctora en medicina, sino que combinaba una dilatada experiencia en el cuidado de heridos de guerra.

Dicen que fue ella quien sugirió que se desprendieran de la ropa superflua y se combatiera solo con el corsé protegiendo el pecho. Más tarde, algunas versiones más escandalosas afirmaron que las duelistas combatieron con los pechos al aire. Esta última imagen por sí sola —dos señoras con los pechos al aire combatiendo espada en mano la una contra la otra— era capaz de poner en estado licantrópico a buena parte de la población masculina y escandalizar al resto.

El duelo. Obra de Emile Antoine Bayard

En este caso, lo más probable es que combatieran con el corsé. Se había decidido que el duelo fuera a primera sangre. Aquel que primero hiciera a su oponente una herida de la que brotara sangre sería el vencedor. Cada una de las contendientes tomó su arma y se decidió quién ocuparía qué parte del campo. La recia baronesa/doctora Lubinska dispuso a los criados en los alrededores con órdenes de mirar hacia el exterior —este era un asunto de señoras y ajeno a los ojos masculinos— y dio comienzo el duelo.

Por lo que cuentan, este no duró mucho. Se llevaron a cabo unos pocos ataques y contraataques. En uno de estos, la condesa hirió a Paulina en la nariz. Viendo la sangre en el rostro de su adversaria, la pobre Anastasia se asustó y se llevó las manos a la cara con horror. En ese momento, atacó Paulina y clavó la punta de su arma en el antebrazo derecho de la condesa, quien lanzó un gritito y soltó el arma.

Intervinieron los padrinos. El duelo se dio por concluido. Ambas contendientes habían satisfecho el honor. La baronesa Lubinska alejó a los curiosos criados que, al oír el entrechocar de los aceros y el grito de la herida, se acercaban para comprobar que sus amas se encontraban bien. Unos enérgicos movimientos de su sombrilla fueron suficientes para mantenerlos alejados.

'La reconciliación'. Obra de Emile Antoine Bayard

Las dos contendientes se abrazaron, derramaron algunas lágrimas, se besaron y se dio por concluido todo el asunto.

La noticia del duelo causó sensación. Todo era demasiado genial, demasiado picante, y la noticia saltó de los mentideros a los periódicos. Del cotilleo local al internacional. El 15 de agosto, el periódico vienés Wiener Sonn und Montags Zeitung publicó un artículo declarando la noticia como un bulo. Tiempo después hubo un flojo desmentido, por telegrama y en nombre de la princesa Paulina; por parte de la condesa Anastasia... el silencio más absoluto. Y así quedó el asunto. Si se llevó a cabo el duelo o no, es algo que todavía se debate.

Paulina tuvo tres hijas en su matrimonio con su tío Richard. Sophie, la mayor, casó con el príncipe Francisco Alberto Oettingen-Oettingen. Fue un matrimonio feliz, pero no tuvieron hijos. La segunda, Pascualina, casó con el conde Georg von Waldstein-Wartenberg. Este era un alcohólico que terminó asesinando a su esposa, en 1890, durante un ataque de delirium tremens. Por último, la pequeña Clementina, quien, siendo niña, fue atacada por un perro, quedando desfigurada a consecuencia de las heridas. Traumatizada, nunca se casó.

En 1907, el compositor austríaco Josef Bayer compuso una opereta, Das Damen-Duell, basada en los relatos sobre el duelo.