Concentración de tropas en la playa de Ondarreta con destino a la guerra de Marruecos
Quién fue Rosemary Drachman, la joven que pasó de corresponsal en Marruecos a escritora superventas
La intensa vida de Drachman la llevó a sobrevolar campos de batalla y a embarcarse, con los otros periodistas, con 600 soldados
La imagen de una corresponsal de guerra está lejos del carácter curioso y soñador de una estudiante americana, recién graduada, que no se resistió a la invitación de una amiga a acompañarla a recorrer Europa. De ahí a la promoción del consumo de pollo en América hay un interesante recorrido.
Rosemary Drachman era una joven con brillantes resultados académicos en la Universidad de Stanford que llega a España con su amiga Grace Pope. Grace quiere ir a Londres y Rosemary prefiere visitar el Museo del Prado en Madrid. Coge un tren que cambiará temporalmente el rumbo de su vida. Un revisor se precipita sobre ella con malas intenciones y otro americano, el famosísimo corresponsal de The Tribune, Floyd Gibbons, se interpone. Gibbons, corpulento, de tez enrojecida, con un parche cubriendo su ojo izquierdo perdido en un rescate heroico en Francia, durante la Primera Guerra Mundial, la salvó de la agresión y le propuso que, si verdaderamente quería aventuras, podría encontrarlas no en visitar museos sino en la guerra de Marruecos. Ella ignoraba quién era él y hace alarde de un par de artículos publicados en la prensa local de Tucson. En un primer momento el plan no la seduce, pero ¿y si de paso conoce de primera mano el harén del sultán y puede entrevistar a las mujeres que aceptan ese modo de vida?
Drachman sopesa las alternativas: aceptar el puesto al que se iba incorporar a su regreso a Arizona como vicedecana en un colegio mayor de chicas o trabajar comunicando a sus lectores el lado más humano de la guerra de Marruecos. Es entonces cuando surge «Wild Bill Drachman», la corresponsal, la única corresponsal femenina, reportan algunos medios. El propio Tucson Citizen, su periódico local, se sorprende cuando empieza a recibir sus crónicas y se supone que ha destinado a Marruecos a la señorita Rosemary Drachman.
Es julio de 1925 cuando llega a Mequinez con Gibbons, la acreditan como corresponsal del Citizen y forma parte del grupo de periodistas y diplomáticos desplazados para observar el desarrollo de la guerra e informar a sus medios. Conoce a W. B. Harris, corresponsal del Times, al general Pétain, a Stephen King Hall de la inteligencia británica y entabla un romance con el subdirector del Bank of British West Africa. Gibbons se encargará de que otros medios más relevantes, como el Chicago Tribune, reciban sus artículos.
Drachman se interesa por ese imaginario palacio de mujeres que se ofrecen al sultán y la realidad descoloca a esta joven americana cuando descubre que las mujeres que conviven en el harén se consideran hermanas y en ningún caso envidian la situación de las mujeres europeas y americanas. Todo lo contrario: se asombran y desprecian el hecho de que sean ellas quienes tengan que resultar atractivas para salir a la búsqueda de un marido.
Esta primera incursión en las circunstancias colaterales a la guerra va dejando paso a un mayor interés por el conflicto: primero habla de los hospitales, de los jóvenes heridos, amputados de por vida. Más tarde está presente en el bombardeo de Adjir y en algunas acciones en Tetuán. También sobrevuela el campo de batalla en aeroplano y se embarca con los demás reporteros en el buque Escolano con 600 soldados, sorprendidos de ver allí a una mujer. Intentan encontrar a Abd el Krim y el barco queda en mitad del conflicto frente a Morro Nuevo con el acorazado París, el Alfonso XIII y el Jaime I. Ella sigue la acción con sus prismáticos: «mis (sic) Rosemary, serena y ágil, sin que vibre un momento su voz al hablarnos en francés, por cierto, aprisiona tranquilamente su kodak sin que le tiemble el pulso, estas estampas vivas de la guerra» recordará el corresponsal de El Sol en su artículo del 15 de septiembre.
Drachman regresa a su país cuando el desenlace de la guerra ya es incuestionable. Tras unos meses en Nueva York, vuelve a Tucson y se casa con el capitán inglés John Winchcombe-Taylor en 1934. Viajó por toda Europa y Canadá y siguió escribiendo artículos sobre realidades cotidianas y costumbres. Rosemary Drachman será, a partir de entonces, Rosemary Taylor y escribirá una serie de novelas que reflejan la vida en Tucson y tienen como protagonistas a los miembros de su propia familia. Pollo todos los domingos (Chicken Every Sunday, 1943) es una novela divertida sobre las anécdotas del hostal regentado por su madre. La obra vendió más de un millón de ejemplares, se adaptó al teatro y al cine con Nathalie Wood como integrante del reparto. La película se utilizó para fomentar el consumo de pollo en Estados Unidos.
Su popularidad la llevó a escribir Cabalgando sobre el arco iris en 1945; Rancho alegre, publicada en 1949; Come clean, my love, del mismo año; y Harem scare’m, de 1951. Esta última proporciona muchos datos sobre su experiencia en la guerra de Marruecos. Pearl, ciudad fantasma también se tradujo al español.
Rosemary Drachman Taylor tuvo la fortuna de conocer mundos muy diferentes: el cruel y convulso tiempo de guerra en Marruecos, la Europa de entreguerras y la vida sosegada y rutinaria de una pequeña ciudad americana que iba despertando y transformándose al mundo moderno. De todos ellos se valió para informar en unos casos y entretener a sus lectores en otros con novelas muy próximas a la vida real.