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Peter Townsend y la Princesa Margarita de Inglaterra

Cuando la Princesa Margarita renunciaba a casarse con el coronel Peter Townsend porque estaba divorciado

Las presiones de la Iglesia anglicana, deseosa de preservar la moral tradicional, y del Gobierno, empeñado en evitar una nueva crisis como la de 1936, pudieron con el romance

El 31 de octubre de 1955, hace 70 años, el presentador de noticias de la BBC, John Snagge, interrumpió la programación habitual para leer una breve declaración de la Princesa Margarita. En ella, le segundogénita de Jorge VI decía: «He sido consciente de que, siempre que renunciara a mis derechos de sucesión, podría haberme sido posible contraer matrimonio civil. Sin embargo, teniendo presente la enseñanza de la Iglesia de que el matrimonio cristiano es indisoluble y consciente de mi deber para con la Commonwealth, he decidido anteponer estas consideraciones a cualquier otra». De esta forma, la hermana de Isabel II daba por finalizado su idilio con el coronel -group captain, según la terminología británica- de la Royal Air Force Peter Townsend (1914-1995), héroe de la Segunda Guerra Mundial.

«Mala suerte, está casado»

Todo empezó en febrero de 1944 cuando Jorge VI nombró por primera vez a un ayudante de campo procedente de la aviación. El elegido fue Townsend, repleto de condecoraciones -entre ellas la Orden del Servicio Distinguido y dos Cruces de Vuelo Distinguido-, la mayor parte obtenidas en la Batalla de Inglaterra a los mandos de un Hurricane, entre otros aparatos.

Al enterarse de la llegada de un apuesto oficial, a las princesas Isabel y Margarita les pudo la curiosidad. Parece que la futura Reina le dijo a su hermana, de 13 años: «¡Mala suerte, está casado!». No tan mala, pues el destino inicial de tres meses en el Palacio de Buckingham devino permanente. Los Reyes apreciaban a Townsend, al que admitieron en su primer círculo. Eso implicaba tener trato con la Princesa Margarita.

Los rumores de un romance con la Princesa afloraron cuando los fotógrafos captaron a Margarita quitando la pelusa del uniforme militar de Townsend

Townsend pasaba tan a menudo cerca de Margarita que los periodistas de chismes lo pasaron por alto como pretendiente de la princesa. No está claro cuándo comenzó su relación. Townsend, que en 1950 había sido designado jefe adjunto de Logística de la Casa de Jorge VI, afirmó que su amor por ella comenzó en el castillo de Balmoral en 1951: recordó un incidente ocurrido allí en agosto, cuando la princesa lo despertó de una siesta después de un picnic mientras el Rey observaba, lo que sugiere que el Rey estaba al tanto. Townsend y su esposa Rosemary se separaron ese mismo año.

Mas los rumores de un romance con la Princesa afloraron el 2 de junio de 1953, día de la Coronación de Isabel II, cuando los fotógrafos captaron a Margarita quitando la pelusa del uniforme militar de Townsend, que ya se desempeñaba como intendente de la Casa de la Reina Madre Isabel en cuya nueva residencia oficial, Clarence House, también vivía su hija menor. El episodio de la pelusa marcó un punto de inflexión: ya no se podía negar lo innegable. En un principio, Isabel II aceptó el idilio de su hermana.

La ira de sir Alan Lascelles

Con todo, la recién estrenada condición de divorciado de Townsend planteaba un problema constitucional. Como en tantas historias de la realeza, y también en la Gran Bretaña de entonces, el divorcio seguía sonando como una palabra fea. Entre bastidores, la pareja se enfrentó a la ira de sir Alan Lascelles, el poderoso secretario privado de la Reina, con amplia experiencia en este ámbito: su servicio se remontaba a la crisis de la abdicación de 1936, cuando Eduardo VIII, incapaz de conciliar su deseo por la divorciada estadounidense Wallis Simpson con su papel como rey, tomó la impactante decisión de renunciar al trono. Sir Alan aconsejó a la Reina y al primer ministro sir Winston Churchill que se deshicieran de Townsend de inmediato. Le dijo a Townsend que, o «debía estar loco» o «era malo» si creía poder casarse con la hermana del líder de la Iglesia de Inglaterra.

Townsend sale de su Hawker Hurricane en el aeródromo RAF Castle Camps, en julio de 1940

Sir Alan disponía, además, de poderosos aliados en el sector más tradicionalista del Gobierno, empezando por el temible marqués de Salisbury, lord presidente del Consejo. Daba también la casualidad de que el primer ministro, sir Anthony Eden -en quien recaería la decisión última de autorizar, o no, la boda de Margarita con Townsend- estaba divorciado de su primera esposa y había contraído matrimonio en segundas nupcias con Clarissa Churchill, sobrina carnal de su predecesor en el número 10 de Downing Street. Precisamente, fue Churchill quien encargó un primer informe al fiscal general de Inglaterra, sir Lionel Heald, acerca de las posibles implicaciones constitucionales, renuncia a los derechos sucesorios incluida, de un matrimonio de la Princesa Margarita con un divorciado.

La renuncia

Al final se impuso la moral clásica: el Gobierno decidió que si la princesa insistía en casarse con Townsend, sería despojada de todos sus privilegios reales, así como de sus ingresos. Esto dejó a Margarita en una situación insostenible y, el 31 de octubre, la Princesa hizo pública su renuncia a casarse con Townsend.