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La gesta de la Real Armada en la campaña mundial de vacunación: la Expedición Balmis

Dinastías y poder

Cuando la viruela asoló la Corte española y llevó a Carlos IV a impulsar la vacunación

La viruela causó estragos en la población hasta muy avanzado el siglo XX, no solo afectaba al pueblo, sino que también alcanzó a las cortes y a las grandes dinastías europeas

Fue una enfermedad mortífera, la más temida después de la peste. El «ángel de la muerte», la llamaban. La viruela causó estragos en la población hasta muy avanzado el siglo XX.

Ciego, demente o marcado por antiestéticas señales en el rostro eran otras de las consecuencias de esta plaga. Una desgracia que no afectaba solo al pueblo, sino que también alcanzó a las cortes y a las grandes dinastías europeas, causando la muerte de varios descendientes de regia cuna. Luis XV, el «Bien Amado» soberano francés, moría en 1774 a causa de esta enfermedad.

Su rostro parecía «una máscara de bronce», atestiguaron los testigos en las horas finales. En Rusia, el zar Pedro III la padeció de niño y en España, el infante don Gabriel. Tanto Catalina la Grande como Carlos IV de Borbón trataron de erradicarla en sus imperios. La viruela no distinguía entre reyes o plebeyos, ricos y pobres, y la vacuna parecía la gran esperanza para poner fin a aquella devastación.

Carlos IV de rojo, por Francisco de Goya (c. 1789)Museo del Prado

Cuentan que Catalina la Grande quedó desagradablemente impresionada cuando le mostraron el retrato de quien iba a ser su esposo. Pedro III había padecido viruela en su infancia y su cara estaba afectada por la enfermedad. Por ello, cuando esta mujer ilustrada y amante de la medicina se hizo con el poder en Rusia, no dudó en poner en marcha una campaña de vacunación que desafió a la ciencia.

De «imbéciles», «ignorantes» y «malvados» llegó a tachar a los antivacunas que se oponían a los avances que ofrecía la investigación. Su hijo, el futuro Pablo I, con el que nunca se entendió, necesitaba tener una cara limpia, libre de marcas y pústulas, para encontrar una mujer bella con la que desposarse. El joven fue inoculado con el bacilo y quizá por ello se libró de la enfermedad. Luego no resultó un gran zar. Su madre ya lo había imaginado necio e incapaz y así lo describía en sus propias Memorias.

En España, la corte de los Borbones tampoco se libró de la viruela. El infante don Gabriel, uno de los hijos de Carlos III, instruido y a quien se debe la «Casita del Infante» en El Escorial, vio morir a su esposa Mariana de Braganza a causa de la enfermedad. Pocas semanas después, él mismo le seguía a la tumba tras un periodo agónico.

Quizá por ello, cuando Carlos IV se convirtió en soberano en 1788, quiso poner en marcha una campaña de vacunación que mitigase la devastación que la enfermedad seguía causando en los territorios del Imperio. Fue él quien costeó la Real Expedición Filantrópica con la que los doctores Balmis y Salvaní pretendían inmunizar a la población de los virreinatos ultramarinos. Una expedición marítima, compuesta por facultativos hábiles y adictos a la empresa, y costeada de su Real Erario (Mercurio de España, 1803).

En esa expedición, que partió del puerto de La Coruña en octubre de 1803, viajaban más de una decena de niños expósitos acompañados por Isabel Zendal para, de brazo a brazo, mantener vivo el fluido vacuno hasta cruzar el Atlántico. Ella no regresó a la península, aunque el éxito de la campaña es uno de los puntos más valorables de un reinado negativo que terminaba abruptamente con unas abdicaciones en Bayona que dejaban a España a merced de la rapiña del emperador Napoleón en 1808.

La vacunación contra la viruela fue obligatoria en España desde comienzos del siglo XX. La enfermedad logró ser eliminada en nuestro país en 1954. El régimen de Franco continuó con las campañas de vacunación, que siguieron hasta 1979. Los españoles nacidos a partir de esa fecha decían adiós a esa marca tan característica que dejaba en la piel. La viruela se erradicó definitivamente en 1980 según la OMS. Solo en el siglo XX había terminado con la vida de muchos millones de personas.