Los fieles llenan el Pórtico de Salomón en el Templo de Herodes durante una celebración de la Pascua del siglo I, en una pintura del ilustrador bíblico y artista del siglo XXI Balage Balogh.
Semana Santa
Por qué Roma debía extremar el control de Jerusalén durante la Pascua en el siglo I
Cada año, miles de peregrinos de los territorios judíos del Imperio romano acudían al Templo de Jerusalén para conmemorar la liberación del pueblo hebreo de Egipto. Una celebración que intensificaba las tensiones entre Roma y los judíos
Jerusalén, siglo I. La política de expansión del Imperio romano tenía varias formas: desde territorios plenamente romanizados e incorporados como provincia, hasta reinos aliados o vasallos que reconocían el poder de Roma, pero habían mantenido prácticamente íntegras sus leyes y costumbres.
Esto es una distinción importante en la Judea del siglo I, porque la dominación romana sobre el territorio judío no era homogénea: los territorios de Judea, Samaria e Idumea formaban una provincia romana, gobernada directamente por el prefecto imperial Poncio Pilatos; mientras que Galilea y Perea estaban bajo el control de Herodes, un rey cliente.
Nazaret, por tanto, junto con Cafarnaúm o el lago Tiberíades, eran zonas de Galilea gobernadas de forma más indirecta por los romanos, pero Jerusalén se encontraba directamente bajo la jurisdicción de Roma. Esto explica que Herodes tuviera potestad para ordenar la ejecución de Juan el Bautista, mientras que el Sanedrín llevó a Jesús de Nazaret ante Poncio Pilato, prefecto romano, para exigir su muerte.
Peregrinación hacia el Templo de Jerusalén
La ciudad de Jerusalén veía multiplicada su población durante la Pascua. Esta festividad forma parte de los shalosh regalim, las tres grandes fiestas de peregrinación del judaísmo, durante las cuales, en tiempos del Templo de Jerusalén, los fieles acudían a la ciudad para ofrecer sacrificios. Estas eran la Pascua o Pésaj, que conmemora la liberación del pueblo hebreo de Egipto; Shavuot, o fiesta de las Semanas, que celebra la entrega de la Ley a Moisés en el Sinaí; y Sucot, la fiesta de las Cabañas, que recuerda la vida en el desierto durante el éxodo.
En Pascua, por lo tanto, miles de personas se congregaban para celebrar la liberación del dominio de un poderoso enemigo extranjero, Egipto, algo que tenía fuertes resonancias políticas en un contexto de ocupación romana. La revuelta de los Macabeos contra Roma, todavía presente en la memoria colectiva, era un precedente de lo que podía ocurrir si no se mantenía el orden.
El prefecto romano de Judea, Poncio Pilato, ya había tenido algún choque con las autoridades religiosas judías. Solo seis semanas después de llegar a su cargo, cometió un desliz diplomático al colocar estandartes romanos frente al Templo, lo que fue interpretado como un insulto por los judíos.
Otro incidente, relacionado con el uso de fondos del Templo para construir un acueducto, había tensado aún más las relaciones entre poder político y religioso. Para mantener la autoridad romana sobre la población judía sin interferir abiertamente en la práctica religiosa, Poncio Pilato custodiaba las vestiduras del sumo sacerdote, necesarias para los rituales más importantes. Estas prendas se guardaban en la fortaleza Antonia y solo se entregaban al sacerdote en momentos concretos.
El historiador romano-judío Flavio Josefo, que escribió a finales del siglo I, describe estas prácticas como la forma que tenía Roma de supervisar el culto sin prohibirlo, recordando al Sanedrín, la asamblea de rabinos, quién tenía la última palabra en las celebraciones.
Josefo describe también que durante la celebración se ofrecían tantos corderos como fuera posible y que la ciudad se veía desbordada por la afluencia de peregrinos que venían «de todas partes», desde Judea hasta los judíos helenísticos, que vivían en las zonas de influencia griega y romana en Alejandría o Siria. Las familias se reunían también para la cena del Seder, la comida ritual que abre la Pascua judía.
Lavar los platos para la Pascua judía (1657)
Durante ella, las familias recuerdan la liberación de Egipto a través de la lectura de la Hagadá, el consumo simbólico de alimentos como el pan sin levadura, hierbas amargas y vino, y la realización de preguntas y cantos que transmiten la historia a las nuevas generaciones.
La gran concentración de peregrinos en la Pascua terminó por ser telón de fondo de la primera guerra judeo-romana, que estalló en el año 66 d. C. y culminó con la llegada de Tito a Jerusalén y el sitio de la ciudad. Según Flavio Josefo, que vivió la guerra de primera mano, los romanos cercaron la ciudad cuando esta estaba repleta de gente por la festividad, lo que contribuyó a que la pérdida de vidas fuera enorme. Tras la conquista, las fuerzas romanas prendieron fuego al Templo y demolieron sus muros, poniendo fin a la celebración de la Pascua en el antiguo culto del Segundo Templo.