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Representación Cid Campeador

Representación Cid CampeadorJesús Helguera

El origen del término «Cid Campeador»: ¿realmente llamaron así a Rodrigo Díaz de Vivar?

El historiador David Porrinas comparte que nadie se refirió a este «señor de la guerra» como el «Cid» en plena Reconquista

En la historia de España, existen ciertos personajes que han construido la identidad cristiana de la nación-estado actual. En pleno siglo XIX, todos los países emergentes buscaron en su pasado figuras capaces de legitimar el recorrido histórico de sus comunidades a lo largo de los siglos. En el plano nacional, la Reconquista fue un hecho trascendental, donde hombres como Don Pelayo o el propio Cid Campeador sirvieron como modelos para la lucha por la supervivencia de los españoles. Precisamente, será en este último en el que nos vamos a centrar en este artículo para comprender de dónde viene su título honorífico de «Cid Campeador».

Por la mayoría es sabido que el «Cid Campeador» fue el sobrenombre otorgado a Rodrigo Díaz de Vivar, uno de los grandes personajes a los que la tradición convirtió en leyenda por sus hazañas en la lucha contra los moros, en plena Reconquista.

En respuesta a esta imagen idealizada, algunos historiadores han empleado el término «mercenario» para referirse «con más rigor» a sus actuaciones en una época convulsa como fue la de finales del siglo XI. El autor de El Cid: Historia y mito de un señor de la guerra, David Porrinas, asegura que aquel momento no puede entenderse con el dualismo de «cristianos contra musulmanes».

Sí aparece el término «Campeador», pero no «Cid»

Para la historiadora Maruxa Duart Herrero, el término utilizado fue «Campeador» o «Campidoctor», empleado para ensalzar su figura «por vencer en duelo personal al alférez del reino de Navarra». Según esta versión, el calificativo del «Cid» lo habría adquirido en la taifa de Zaragoza durante su primer destierro, donde se refugió y protegió a los reyes moros. Aquí es donde apareció el término por primera vez en árabe Sidi –título que inspiró una novela de Arturo Pérez Reverte de 2019– y que los historiadores traducen como «Señor».

No obstante, el investigador David Porrinas explicó en Trincheras Ocultas que el término «Cid» no aparece en los textos de la época. ¡Por lo que ninguno de sus contemporáneos le llamó Cid! Sin embargo, Campeador sí que aparece, y él mismo se intituló así con su puño y letra en el documento oficial de la creación de la catedral en Valencia en 1098, donde aparece escrito: «Ego Ruderico Campidoctor», traducido como «Yo Rodrigo Campeador».

El lenguaje empleado por este personaje en este escrito esclarece la idea de Reconquista, ya que transforma la antigua mezquita mayor de Valencia en una catedral. Este hecho se dio en todos los territorios donde se restauró el catolicismo. Por eso el término empleado fue el de «Restauración» en vez de «Reconquista», este último acuñado durante el siglo XIX. Esta idea de los reyes –y señores, como en el caso del Cid– cristianos de reestablecer catedrales en los nuevos territorios recuperados demuestra el fin último del norte peninsular.

Unos cincuenta años después de la muerte de Rodrigo Díaz en Valencia, en el Poema de Almería, redactado en pleno contexto de la conquista de la ciudad almeriense impulsada por Alfonso VII –quien unificó Castilla y León de forma definitiva–, se encuentra la primera referencia histórica al término «Cid». En este se afirma que «dominó tanto a los moros como a nuestros condes».

Cuadro del Cid usado en la portada de la novela 'Sidi'

Cuadro del Cid usado en la portada de la novela 'Sidi'Augusto Ferrer-Dalmau

El invencible

David Porrinas asegura que «nunca fue vencido por sus cualidades psicológicas más que físicas». Además, se implicó en seis batallas como comandante de su propia tropa en las que salió victorioso, mientras que, en contraste, su rey Alfonso VI –que lo desterrará en otra ocasión por supuestamente no acudir en su auxilio militar– tan solo fue capaz de vencer en dos.

Rodrigo Díaz, junto a su célebre caballo Babieca, también ostenta el privilegio de ser el único capaz de vencer en dos ocasiones a los almorávides en un periplo de veinte años. Estos guerreros vinieron desde África proclamando la Guerra Santa, lo que encendió los ánimos definitivos de los reyes cristianos en un momento que el Papa estaba a punto de llamar a filas para la Primera Cruzada. Aquello, sin duda, dio el impulso definitivo para la expansión cristiana hacia el sur.

Además, el Cid debió tener un talante especial, ya que como asegura Porrinas «el porcentaje más amplio de los combatientes de Rodrigo Díaz serían musulmanes», lo que nos habla de la complejidad de la época antes de la llegada de los almorávides, donde, vuelve a resaltar, no existía una dualidad de «cristianos contra musulmanes». Rodrigo Díaz siempre tuvo a su fiel mesnada de su lado, lo que le convirtió en un auténtico empresario de la guerra, capaz de ofrecer buenos sueldos a unos hombres dispuestos a agrandar su leyenda en vida.

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