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Gerónimo en 1887

Gerónimo, el jefe apache que hablaba español y juró vengarse de los mexicanos

La autobiografía del jefe apache Gerónimo desvela su venganza contra México y su histórica resistencia ante Estados Unidos

«Estoy agradecido de que el presidente de los Estados Unidos me haya dado permiso para contar mi historia. Espero que él y las autoridades bajo su mando lean mi historia y juzguen si mi pueblo ha sido tratado con justicia». Es parte del dictado que realizó el anciano jefe indio Gerónimo al escritor S. M. Barrett, que plasmó en la Autobiografía de Gerónimo, publicada en 1906.

El escritor comenta al inicio de la obra que Gerónimo le contó lo que quiso a su manera, mientras cabalgaban, sentados en su tienda o en los pastos cercanos al fuerte donde se encontraba prisionero. Una vez redactado, el sobrino del apache lo traducía y se lo leía a su tío por si hacía falta cambiar algo del texto definitivo. Ahora bien, ¿qué contó Gerónimo sobre sí mismo?

Gerónimo hablaba español, y su mayor enemigo no era el Séptimo de Caballería, sino los mexicanos, a los que despreciaba profundamente. Vio cómo su «anciana madre, mi joven esposa y mis tres hijos pequeños estaban entre los asesinados» durante un ataque de 400 soldados mexicanos al campamento apache que habían levantado a las afueras de Janos, un pueblo mexicano en el que solían comerciar.

Gerónimo como prisionero de guerra de los Estados Unidos en 1905

Desde ese momento, Gerónimo juró venganza: «He matado a muchos mexicanos; no sé a cuántos, porque a menudo no los contaba. Algunos de ellos no valían la pena contarlos».

Había pasado toda una vida combatiendo como guerrero y jefe apache, pero ese odio no se había disipado: «Todavía no siento ningún amor por los mexicanos. Conmigo siempre fueron traicioneros y maliciosos», afirmó. En esa zona conocida como Apachería, las nuevas generaciones de apaches bedonkohes, una de las cuatro tribus principales de los chiricahuas (chokonenes, chihennes y nednhis), tuvieron que enfrentarse al Ejército de México y al de los Estados Unidos para intentar preservar su territorio.

Un apache que hablaba español

Tras vengar a su familia en Sonora y luchar en numerosas batallas contra los mexicanos, se convirtió en una figura importante entre los líderes indios.

«Yo no era jefe y nunca lo había sido, pero debido a que había sido más profundamente perjudicado que otros, se me confirió este honor, y resolví demostrar ser digno de la confianza», comentó sobre el momento en el que lideró la venganza contra los mexicanos, siendo todavía un joven guerrero.

Su nuevo enemigo a partir de 1870 fue el hombre blanco del noreste. «Quizás el mayor daño que se haya hecho a los indios fue el trato que nuestra tribu recibió de las tropas de los Estados Unidos alrededor de 1863. [...] Nos ordenaron que nos pusiéramos en fila, e inmediatamente las tropas abrieron fuego contra nosotros», describió el apache.

Durante las tres últimas décadas del siglo XIX, el Ejército estadounidense, encumbrado por sus famosos regimientos de caballería, atacó, asesinó y recluyó en reservas a las diferentes tribus indias.

El Oeste se llenó de tropas gubernamentales para impedir cualquier rebelión, en concreto la de los apaches que se establecieron bajo el liderazgo de Gerónimo en la reserva de White Mountain.

Un grupo de algo más de sesenta apaches liderados por Gerónimo encabezó la resistencia durante décadas en la frontera de Arizona con México. Al final, el jefe apache aceptó una tregua camuflada de paz e ingresó en la reserva de San Carlos en 1883, de la que escapó poco después.

Fotografía de C.S. Fly de Gerónimo y sus guerreros, tomada antes de la rendición al general Crook

Desde Washington enviaron al coronel Nelson Miles al mando de cinco mil soldados para detener a la veintena de apaches que había huido.

«Éramos temerarios con nuestras vidas, porque sentíamos que la mano de todo hombre estaba contra nosotros. Si regresábamos a la reserva nos meterían en prisión y nos matarían; si nos quedábamos en México continuarían enviando soldados para luchar contra nosotros; así que no dábamos cuartel a nadie», le contó Gerónimo a su escribano.

Tardaron meses en encontrarlos y, en septiembre de 1886, aceptaron las condiciones de rendición. Gerónimo y su grupo de leales apaches chiricahuas fueron trasladados a varias reservas y prisiones de Alabama y Florida, hasta que llegaron a Fort Sill en 1894, donde Gerónimo dictó sus memorias.

Murió en el invierno de 1909, a los 79 años, de una pulmonía. «Es mi tierra, mi hogar, la tierra de mis padres, a la que ahora pido que se me permita regresar».