Batalla de Mohács, 1526
La batalla de Mohács: la caballería húngara que estuvo a punto de derrotar a Solimán el Magnífico
A pesar de todo la valerosa carga de los jinetes húngaros estuvo a punto de ser decisiva. Arrollaron a las primeras filas de los turcos para ser finalmente detenidos en la última línea por la artillería y los mosquetes de los jenízaros del Sultán
Hungría fue una de esas naciones que han servido de dique de contención contra la barbarie, como Polonia o España. A su amparo pudo desarrollarse la Europa de los monasterios, de las catedrales y las universidades. Al final de la Edad Media, era uno de los reinos más poderosos de la cristiandad.
Su conversión al cristianismo en tiempos del rey Esteban la había convertido en una de las fronteras más avanzadas de la cristiandad latina. Lindaba con las estepas que seguían arrojando sobre Europa sucesivas oleadas de interminable barbarie. Los húngaros y los polacos salvaron a Europa de la invasión mongola de 1241, aunque su resistencia tuvo un coste terrible. Hungría quedó devastada. Perdió, como mínimo, una cuarta parte de su población.
Después vinieron los turcos. En 1354 atravesaron los Dardanelos, apoderándose del bastión de Gallipoli y ocupando la mayor parte de lo que quedaba del imperio bizantino, especialmente la fértil Tracia, lo que dejó aislada a Constantinopla. En 1389 destruyeron el reino serbio, después de la tremenda batalla de Kosovo. Entre 1382 y 1422 destrozaron el otrora poderoso imperio búlgaro. El resto de los principados balcánicos eran impotentes ante tamaña agresividad. Solo Hungría fue capaz de afrontarla. Lo hizo durante más de un siglo.
Batalla de Kosovo, de Adam Stefanović
Conscientes de la amenaza, los reyes húngaros buscaron en las potencias cristianas la ayuda imprescindible para revertir la marea islámica. Ya en 1396, el rey Segismundo consiguió organizar una cruzada que fracasó ante Nicópolis por la orgullosa imprudencia de la caballería francesa que le acompañaba.
Dos caudillos húngaros frenaron este avance de forma valerosa hasta el heroísmo: Juan Hunyadi y Matías Corvino. Con ellos el reino húngaro llegó a su mayor extensión. Se convirtió también en el soporte de cuantos se negaban en los Balcanes a aceptar la conquista mahometana. Una nueva cruzada, promovida por el Papa Eugenio IV y destinada a salvar Constantinopla movilizó a húngaros y polacos.
Dirigida por Juan Hunyadi fracasó en la batalla de Varna, en la que encontró heroica muerte el joven rey Vladislao I. Constantinopla estaba condenada. Cayó definitivamente ante el Sultán Mehmet II en 1453 tras una valerosa defensa. El Imperio bizantino brilló tenuemente por última vez. El bastión cristiano de oriente había desaparecido para siempre.
A continuación, Mehmet II puso sus ojos en Hungría. Planificó una cuidadosa ofensiva con un gigantesco ejército que se estrelló ante los muros de Belgrado en 1456, ante otra heroica defensa, dirigida por Juan Hunyadi, que hizo honor por ultima vez a su prestigio como defensor de la cristiandad.
Matías Corvino y Vladislao II consiguieron mantener un difícil equilibrio contra los turcos durante lo que quedaba del siglo XV. Todo cambió con la llegada al trono otomano en 1520 de Solimán el Magnífico, uno de los grandes monarcas de la historia. Comenzó su reinado emprendiendo una campaña militar contra las potencias cristianas en el Mediterráneo y los Balcanes. Conquistó Belgrado en 1521 y Rodas en 1523, acabando con el Dominio de los Caballeros Hospitalarios.
En 1526 le tocó el turno a Hungría. En respuesta a la negativa del joven rey Luis II a pagar tributo a la Sublime Puerta, Solimán encabezó un colosal ejército de casi cien mil hombres para destruirla y continuar hacia los dominios de los Habsburgo en Austria. En primavera abandonó Constantinopla y a principios del verano entró en Hungría.
El rey Luis no estaba a la altura de sus grandes antepasados. Era un buen hombre, pero no tenía ni el criterio, ni la autoridad que les había caracterizado. Movilizó el ejército real, pero la organización de los contingentes que debían reforzarlo desde Croacia y Transilvania se realizó con mucho retraso. Los turcos avanzaron asolándolo todo a su paso, por lo que Luis decidió imprudentemente afrontarlos sin aguardar a los refuerzos que se esperaban.
Rey Luis II de Hungría
El enfrentamiento se produjo a poco más de 100 Km. de Buda, en la llanura de Mohacs, donde los húngaros esperaban poder utilizar adecuadamente su potente caballería. Pero los tiempos habían cambiado. Ya había pasado la época de la caballería acorazada, y los turcos contaban con un ejercito mucho más moderno, en el que la infantería con armas de fuego y una eficiente artillería jugaban un papel principal.
A pesar de todo la valerosa carga de los jinetes húngaros estuvo a punto de ser decisiva. Arrollaron a las primeras filas de los turcos para ser finalmente detenidos en la última línea por la artillería y los mosquetes de los jenízaros del Sultán.
Muerte del rey Luis II de Hungría tras la batalla de Mohács (1526)
Las consecuencias de la batalla fueron dramáticas. Habían caído tanto el rey, como la inmensa mayoría de la nobleza húngara. El reino había quedado desarbolado, la capital cayó de inmediato y su territorio fue saqueado y ocupado. La corona fue reclamada por el príncipe Fernando, en nombre de su esposa, hermana y heredera del difunto Rey.
Fernando era hijo de Juana de Castilla y hermano de Carlos V, en cuyo nombre gobernaba los estados de los Habsburgo en Austria, que de repente habían quedado convertidos en la última frontera de la Cristiandad.