José Baviera caracterizado como Fermín Galán en una de las escenas de la película 'Fermín Galán: el héroe, el film'

Fermín Galán en la Guerra del Rif: la heroica defensa de Xeruta por la que ganó la Laureada como legionario

La acción de 1924 en el Rif revela a un oficial del Tercio de Extranjeros marcado por el valor, la disciplina y la capacidad de mando en condiciones extremas

En los ásperos escenarios del Rif, donde la guerra no se libraba en campos ordenados, sino en barrancos, poblados y emboscadas, se forjaron muchas de las figuras más singulares del Ejército español del primer tercio del siglo XX.

Entre ellas destaca el teniente Fermín Galán Rodríguez, cuya actuación en el poblado de Xeruta, el 1 de octubre de 1924, compendia el tipo de liderazgo que exigían aquellas campañas: firmeza, sangre fría y capacidad para sostener una posición en inferioridad.

Aquella jornada, lejos de las imágenes épicas de las grandes ofensivas, fue un combate de retaguardia. Galán se encontraba al frente de las fuerzas encargadas de cubrir el repliegue de una columna que protegía la carretera hacia Dar-Acobba. Era, en esencia, la misión más ingrata: resistir para facilitar la retirada de otros.

El escenario no podía ser más adverso. Las fuerzas al mando de Galán –integradas por efectivos de la Legión– se enfrentaban a un enemigo numéricamente superior y en un terreno que favorecía la confusión. Sin fortificaciones ni posiciones preparadas, el combate se desarrolló en condiciones de clara desventaja.

Escena de la guerra del Rif

A pesar de ello, el teniente decidió mantener la posición sin intentar una retirada precipitada. Aquella decisión implicaba asumir el riesgo de quedar rodeado o de sufrir un elevado número de bajas. Y, en efecto, el combate resultó especialmente duro.

Las cifras dan cuenta de la intensidad del enfrentamiento: cuatro muertos, entre ellos un oficial; seis heridos, dos de ellos también oficiales, y dos desaparecidos.

Para una unidad de ese tamaño, el número de bajas resultaba considerable y reflejaba la presión constante del enemigo.

La emboscada en Xeruta

El momento más crítico se produjo al atravesar el poblado de Xeruta. Allí, ocultas entre el terreno y las construcciones, aguardaban fuerzas adversarias preparadas para lanzar un ataque repentino.

La compañía que cerraba la marcha –la de extrema retaguardia– se encontró de pronto bajo un asalto violento y masivo. En ese instante, la reacción del mando resultaba decisiva.

Galán, lejos de intentar evitar el contacto o buscar una salida apresurada, optó por hacer frente al ataque de forma directa. Según el relato oficial de méritos, no rehuyó el riesgo, sino que lo afrontó de manera consciente, asumiendo la gravedad de la situación.

El combate llegó a desarrollarse a distancias muy cortas, incluso cuerpo a cuerpo, en una escena característica de la guerra en la cabila: rápida, desordenada y extremadamente peligrosa.

Durante toda la acción, el teniente Galán se distinguió por una combinación de factores que explican su posterior reconocimiento: valor personal, al exponerse directamente en los momentos más críticos; entusiasmo y liderazgo, al mantener la moral de la tropa, y conocimiento del terreno y del tipo de guerra, cualidad clave en conflictos como el del Rif.

Incluso después de resultar gravemente herido, continuó dirigiendo la acción, lo que refuerza la imagen de un oficial comprometido con su unidad hasta el límite físico. En un contexto en el que la disciplina podía quebrarse con facilidad, mantener el orden era tan importante como resistir al enemigo. Ambos elementos fueron los más destacados de su actuación.

Una retirada ordenada

Tras haber resistido el embate enemigo y con un tercio de las fuerzas fuera de combate, llegó el momento de la retirada. Lejos de convertirse en una desbandada, el repliegue se llevó a cabo con orden y precisión militar.

Este punto resulta especialmente relevante: en las operaciones de retaguardia, la retirada suele ser el momento más vulnerable. Sin embargo, la capacidad de Galán para organizarla permitió evitar mayores pérdidas y mantener la cohesión de la unidad.

La acción cumplió así su objetivo principal: proteger el movimiento del resto de la columna, incluso a costa de un elevado sacrificio.

Reconocimiento tardío

Por estos hechos, el teniente Fermín Galán fue recompensado mediante una orden circular de 8 de septiembre de 1934, una década después del combate, publicada en el Diario Oficial número 208 del día siguiente. El retraso en el reconocimiento no era extraño en los procedimientos de concesión de la Laureada.

Portada de la revista 'Crónica' donde aparece una foto de Fermín Galán

Un ejemplo de la guerra del Rif

Más allá de la figura individual, la acción de Xeruta ilustra las características de la guerra en el norte de África: combates imprevistos, frecuente inferioridad numérica, terreno desfavorable e importancia decisiva del mando sobre el terreno. En ese contexto, oficiales como Galán representaban un modelo de actuación basado en la resistencia, la disciplina y la iniciativa personal.

La jornada del 1 de octubre de 1924 no fue una gran batalla en términos estratégicos, pero sí un episodio significativo de la historia militar española. En ella, el teniente de la Legión Fermín Galán demostró que el liderazgo, en situaciones límite, no se mide por la victoria absoluta, sino por la capacidad de sostener la posición, proteger a los propios y mantener el orden frente a la adversidad.

Su actuación en Xeruta queda como testimonio de una forma de entender el mando en combate: firme y consciente del valor que exige la resistencia.

Sin embargo, el episodio clave de su vida por el que es conocido fue la sublevación de Jaca, en diciembre de 1930, cuando Galán encabezó un levantamiento militar de carácter republicano, proclamó la República en la ciudad e intentó avanzar hacia Huesca. El movimiento fracasó rápidamente y el teniente Fermín Galán fue fusilado junto a las tapias del polvorín de Fornillos. Él mismo dio la orden de fuego al pelotón.