Ruy González Clavijo, litografía de Rufino Casado, 1860Biblioteca Nacional de España

El castellano que recorrió Asia un siglo antes del Descubrimiento de América y rivalizó con Marco Polo

Ruy González de Clavijo atravesó el Mediterráneo, Oriente Próximo y buena parte de Asia Central, un viaje que quedó recogido en un relato excepcional que hoy permite conocer de primera mano algunos de los territorios más fascinantes del mundo medieval oriental

Marco Polo es, probablemente, el viajero más famoso de la Edad Media. Sin embargo, la historia de Ruy González de Clavijo tiene poco que envidiarle. En 1403, este hidalgo castellano emprendió una larga misión diplomática que lo llevó desde la corte de Enrique III hasta Samarcanda, la gran capital de Tamerlán, situada en la actual Uzbekistán. Aquel viaje, que atravesó el Mediterráneo, Oriente Próximo y buena parte de Asia Central, quedó recogido en un relato excepcional que hoy permite conocer de primera mano algunos de los territorios más fascinantes del mundo medieval oriental.

La expedición de Clavijo solo puede entenderse en el complejo escenario político de finales del siglo XIV. El avance de los turcos otomanos preocupaba cada vez más a los reinos cristianos, y la derrota de la coalición europea en la batalla de Nicópolis (1396) confirmó el creciente poder del sultán Bayaceto I.

Alejandro Magno matando a Clito en Samarcanda, de Daniël de Blieck . Galería de Arte FerensBridgeman Images

En ese contexto destacó la figura de Tamerlán, un conquistador de origen turco-mongol que había levantado un inmenso imperio desde Asia Central hasta las proximidades de la India. Tras derrotar a Bayaceto en la batalla de Ankara (1402), se convirtió en uno de los gobernantes más poderosos de su tiempo y en un posible aliado para Castilla frente al enemigo común otomano.

Con este objetivo, Enrique III decidió estrechar relaciones diplomáticas con el conquistador asiático. Después de una primera embajada castellana, recibida favorablemente por Tamerlán, el monarca organizó una segunda misión encabezada por Ruy González de Clavijo, Gómez de Salazar y fray Alonso Páez de Santa María.

La empresa suponía uno de los mayores retos diplomáticos emprendidos por la Corona castellana durante la Baja Edad Media: establecer contacto con un gobernante situado a miles de kilómetros de la península ibérica.

La expedición partió en mayo de 1403 y no alcanzó Samarcanda hasta septiembre del año siguiente. Durante más de un año, los embajadores atravesaron el Mediterráneo, hicieron escala en Constantinopla, navegaron por el mar Negro y recorrieron Trebisonda, Armenia y Persia antes de adentrarse en Asia Central.

Cada etapa suponía descubrir nuevas ciudades, otras lenguas, diferentes formas de comerciar y costumbres desconocidas para unos castellanos que viajaban por territorios que la mayoría de los europeos apenas podían situar en un mapa.

Cuando finalmente llegaron a Samarcanda, la capital del Imperio timúrida, Tamerlán recibió a la delegación castellana con todos los honores. Clavijo quedó impresionado por una ciudad que describió como un gran centro político y comercial, repleta de jardines y mercados, y con una corte en la que convivían embajadores y mercaderes llegados de distintos lugares de Asia.

Pintura de Stanisław Chlebowski de 1878, mostrando la captura de Beyazid por Tamerlán

Sin embargo, el delicado estado de salud del conquistador marcó el desenlace de la embajada. Poco después, mientras los castellanos emprendían el viaje de regreso, Tamerlán falleció y la alianza proyectada por Enrique III quedó definitivamente frustrada.

A su vuelta a Castilla, Ruy González de Clavijo dejó por escrito aquella experiencia en una obra conocida como Embajada a Tamorlán. Más que el relato de una misión diplomática, el libro se convirtió en una ventana abierta a un mundo prácticamente desconocido para la Europa de comienzos del siglo XV.

Sus páginas permiten recorrer junto al embajador castellano ciudades persas, caravanas comerciales, palacios y jardines, así como las grandes recepciones organizadas por Tamerlán, además de descubrir las costumbres y formas de vida de los pueblos que encontraba a su paso.

Manuscrito de Embajada a Tamerlán

Es precisamente esa mirada la que hace de Embajada a Tamorlán una obra tan singular. Frente a otros relatos medievales, como el de Marco Polo, en los que la observación convive con noticias extraordinarias o episodios difíciles de comprobar, Clavijo muestra un interés constante por describir aquello que ve.

No busca tanto sorprender al lector como dejar constancia del mundo que tiene delante. Esa forma de observar explica que su relato siga siendo una fuente imprescindible para conocer el Asia Central medieval y uno de los grandes testimonios de la literatura de viajes castellana.

Más de seis siglos después, Embajada a Tamorlán continúa ocupando un lugar destacado entre los grandes relatos de viajes medievales. Leer hoy sus páginas es volver a recorrer, de la mano de un embajador castellano, un mundo que apenas comenzaba a descubrirse para la Europa occidental.

Su obra merece figurar entre las grandes joyas de la literatura castellana medieval, porque, mucho antes de que viajar se convirtiera en algo cotidiano, un embajador de Castilla ya había dejado por escrito la fascinación de descubrir el mundo.