Galeras españolas frente a la ciudad de CeutaGTRES

Los tres grandes asedios de la «siempre noble, leal y fidelísima» ciudad de Ceuta

La estratégica ubicación de Ceuta han puesto a este enclave histórico bajo una amenaza más o menos abierta por parte de Marruecos

La «Siempre noble, leal y fidelísima» ciudad de Ceuta, como reza su lema, ha vivido siempre marcada por su situación geopolítica. Este enclave histórico ha vivido siempre rodeado bajo una amenaza más o menos abiertamente hostil por parte de sus vecinos marroquíes.

El territorio del actual reino de Marruecos fue cambiando de manos entre distintas dinastías rivales. A principios del siglo XV, el poder lo ostentaba el Sultanato Meriní, o benimerines, que había a su vez derrocado a los almohades.

Los benimerines habían intentado consolidar su control a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, pero se enfrentaba al empuje reconquistador de las coronas de Castilla y Portugal, por un lado, y a la rivalidad con los reinos musulmanes vecinos, los nazaríes de Granada y los ziyánidas de Tremecén.

Fue entonces cuando, en 1415, una expedición portuguesa conquistó Ceuta a los benimerines aprovechando la inestabilidad interna del sultanato. La ciudad pasaba así a manos cristianas.

El intento de reconquista meriní de 1419

El primer intento musulmán por reconquistar Ceuta se produjo muy pronto. Apenas cuatro años después de la sorpresiva conquista portuguesa, el sultán meriní Abu Said Uthman III comprendió la amenaza que representaba una cabeza de puente europea en suelo africano.

Con el apoyo militar del Reino nazarí de Granada, las tropas marroquíes cercaron la ciudad en 1419 con un contingente formidable para la época. Sin embargo, la resistencia de la guarnición lusitana y la llegada de refuerzos por mar desbarataron el plan.

Este fracaso no solo consolidó Ceuta como ciudad cristiana, sino que desató una definitiva crisis de desprestigio para el Sultanato meriní, que poco después fue derrocado por la dinastía wattasida, mientras al sur se establecía el reino de Marrakech en manos de los saadíes.

El Gran Sitio (1694-1727): el asedio más largo de la historia

Durante los siguientes siglos, Ceuta se consolidó como un importante enclave portugués en el Norte de África. Aunque las relaciones con los reinos musulmanes vecinos no eran fáciles, durante años la ciudad no sufrió grandes ataques y pudo prosperar.

En 1580, Felipe II incorporó Portugal a España, con lo que Ceuta, como todos los demás dominios portugueses, pasó a formar parte de la Unión Ibérica. Cuando los portugueses se rebelaron contra Felipe IV y proclamaron su independencia en 1640, las autoridades ceutíes tomaron la decisión de permanecer leales a España. Por el Tratado de Lisboa de 1688, Portugal reconoció la posesión española de Ceuta.

Pero mientras la ciudad afianzaba su identidad española, se estaban produciendo también importantes cambios entre los reinos musulmanes que darían nacimiento al Marruecos moderno.

A finales del siglo XVII, una nueva dinastía había consolidado su poder en Marruecos: los alauitas. Tras derrotar a todos sus rivales, esta familia se hizo con el control del Sultanato, que han mantenido desde entonces.

El segundo sultán alauí fue Muley Ismail, un gobernante eficaz, despiadado y determinado a consolidar un reino unificado que no dependiese ni de las disputas internas ni de la presión de las Potencias europeas. Su reinado coincidió con un momento de extrema debilidad de España, que bajo Carlos II afrontaba una grave crisis económica y estaba agotada por las guerras con Francia.

Muley Ismail, al frente de un gran ejército que contaba con apoyo técnico francés y con su famosa Guardia Negra de esclavos subsaharianos, emprendió una campaña sistemática para expulsar a los españoles de las costas africanas.

Tras ocupar las plazas españolas de La Mamora, Larache y Arcila, en 1694, sus tropas acamparon frente a las murallas de Ceuta. A pesar de la debilidad española, los ceutíes no estaban dispuestos a entregar su ciudad y lo que se planeó como un asedio rápido se convirtió en el asedio más largo de la historia.

Durante treinta y tres largos años, entre trincheras, minas subterráneas y bombardeos constantes, la población y la guarnición española sobrevivieron gracias exclusivamente al abastecimiento marítimo procedente de la península. El asedio solo concluyó con la muerte de Muley Ismaíl en 1727, dejando la ciudad exhausta pero inexpugnable.

El último asalto abierto (1790-1791)

Mientras Ceuta resistía el asedio de Muley Ismail, en España la Guerra de Sucesión trajo al trono a la dinastía Borbón. Durante todo el siglo XVIII, los nuevos reyes intentaron afianzar las plazas españolas en el norte de África frente a los ataques musulmanes.

El último gran asalto militar a Ceuta se produjo entre 1790 y 1791, cuando el sultán Muley Yazid volvió a poner cerco a la ciudad intensificando el fuego de artillería sobre la plaza fuerte. No obstante, las defensas españolas volvieron a resistir la embestida, forzando la firma de la paz poco después.

Desde 1791, Marruecos no ha vuelto a intentar una reconquista militar de Ceuta, pero no por ello han renunciado a su objetivo. La dinastía alauita simplemente ha cambiado de estrategia. Las balas de cañón y las trincheras han dado paso a la presión diplomática y los asaltos masivos de inmigrantes como el que acabamos de vivir.

El gobierno de Rabat usará todos medios para arrebatar a España el control de Ceuta, pero las imponentes Murallas Reales permanecen como testimonio mudo de una fortaleza que, a lo largo de seis siglos, resistió los mayores embates de la historia militar del norte de África para no perder su identidad cristiana y española.