Una vista aérea muestra el lecho seco del río DanubioAFP

El bajo nivel del Danubio deja al descubierto los restos de un puente romano en Bulgaria

Se trata de los restos del conocido como Puente de Constantino, una de las mayores obras de ingeniería del Imperio Romano

El acusado descenso del nivel del río Danubio, que ha alcanzado mínimos históricos, ha dejado al descubierto en Bulgaria los cimientos de un puente construido durante la época romana, según informó este viernes el Museo Regional de Historia de Pleven, situado en el norte del país.

Los restos corresponden a los fundamentos de una antigua infraestructura que permanecía sumergida y que ha podido ser localizada gracias a la bajada excepcional de las aguas. El director del museo, Volodya Popov, explicó a la agencia búlgara BTA que los cimientos se encuentran actualmente a unos 70 centímetros bajo el agua, informa Efe.

Su identificación fue posible con la colaboración de pescadores de la zona, conocedores del lugar exacto en el que se encuentran los vestigios. Al no ser visibles directamente desde la superficie, su localización resulta complicada y únicamente pueden detectarse mediante un dron cuando se conoce con precisión el punto en el que están situados.

Los restos pertenecen al conocido como ‘Puente de Constantino’, denominado en su época ‘Pons per Danuvium Ductus’. Esta construcción está considerada una de las mayores obras de ingeniería levantadas durante el Imperio romano por las dimensiones que llegó a alcanzar y por la complejidad de su estructura.

El puente fue inaugurado personalmente por el emperador Constantino I el 5 de julio del año 328. Sobre esta infraestructura existe abundante documentación procedente tanto de fuentes antiguas como de investigaciones arqueológicas desarrolladas en épocas más recientes, tal y como recordó Popov al explicar la importancia del hallazgo.

Los estudios realizados permiten conocer con bastante detalle las características que tuvo la construcción. El puente alcanzaba aproximadamente los 2,5 kilómetros de longitud y unos cinco metros de anchura. Además, se elevaba hasta casi diez metros sobre el nivel del agua del Danubio.

Su función era comunicar la antigua ciudad de Ulpia Oescus, situada cerca de la actual aldea de Gigen, en el norte de Bulgaria, con la fortaleza de Sucidava, emplazada en la actual Corabia, en territorio de Rumanía. De este modo, la infraestructura servía como conexión entre ambas orillas del Danubio.

Los cimientos fueron construidos mediante bloques y losas de piedra que se reforzaron con ladrillo. Sobre esta base se levantó posteriormente una estructura de madera destinada al tránsito de personas y mercancías, lo que permitía mantener una comunicación estable entre los dos puntos conectados por el puente.

Desde el acceso situado en territorio búlgaro hasta la orilla rumana se distribuían ocho pilares. Estas estructuras estaban separadas entre sí por distancias que oscilaban entre los 30 y los 35 metros, formando parte del sistema que sostenía el conjunto de la construcción.

El ‘Puente de Constantino’ permaneció en funcionamiento durante aproximadamente 70 años. Su existencia terminó después de que fuera incendiado deliberadamente con el propósito de impedir que tribus bárbaras pudieran utilizarlo para atravesar el Danubio y atacar desde el norte los territorios pertenecientes al Imperio romano.

El redescubrimiento parcial de sus cimientos se ha producido en un contexto marcado por una persistente sequía que afecta a la región y que se ha visto agravada por varias olas de calor extremo registradas en Europa central.

Estas condiciones meteorológicas han provocado que el caudal y el nivel del Danubio continúen disminuyendo en Bulgaria.

La situación ha llegado hasta el punto de registrar este jueves su nivel más bajo en las proximidades de la ciudad septentrional de Ruse, situada junto a la frontera con Rumanía.

En ese punto, el nivel del río quedó 104 centímetros por debajo de la cota mínima considerada necesaria para garantizar una navegación segura.

Esta fuerte reducción de las aguas ha permitido que estructuras arqueológicas que habitualmente permanecen sumergidas, como los cimientos del antiguo puente romano, puedan ser nuevamente localizadas y documentadas.