Imagen de los orígenes del Club Deportivo LeganésCD Leganés

Cuando fusilaron al presidente del Leganés

Ramón del Yerro Ordóñez fue uno más de aquellos hombres que, inspirados por su fe católica, se acercó a un partido nuevo, Acción Popular, para trabajar por el bien de sus vecinos

El 13 de agosto de 1936 los milicianos de Leganés fusilaron en el Km 1 de la carretera de Toledo a cinco personas, entre ellas al primer presidente del Club Deportivo Leganés, D. Ramón del Yerro Ordóñez. Industrial, de 41 años, nacido en 1894 en Casarrubios del Monte (Toledo). En 1928 tomó las riendas del club de fútbol fundado ese año por Félix Pérez de la Serna, el socio nº 1 del club, fallecido en 1995.

D. Ramón había sido también presidente de Acción Popular en Leganés y «concejal durante el Gobierno de Gil Robles», tal como reza la instrucción de la Causa General, y eventual alcalde en 1936. Su esposa –Soledad Alonso Maroto— había fallecido a los 35 años el 7 de marzo de 1934. Un hijo suyo –Ramón del Yerro Alonso— llegaría a ser alcalde por breve tiempo después de la guerra (1940-1941).

Las Hijas de la Caridad

Aquellos cinco hombres no habían sido los primeros en morir en Leganés en la guerra fratricida. El 27 de julio asesinaron, por odio a la fe, al hoy beato José Joaquín Esnaola Arteaga, sacerdote de la Orden de San Agustín, oriundo de Idiazabal (Guipúzcoa). Ese mismo día 27 sufrirían el martirio el coadjutor de Pinto –Manuel Calleja Montero— y su padre –José Calleja Teruel—, junto a las vías del tren a su paso por Parla.

El 12 de agosto le siguieron otras cinco Hijas de la Caridad, religiosas del Colegio de la Inmaculada y del Psiquiátrico de Santa Isabel: sor Melchora Cortés, sor María Severina Díaz-Pardo, sor Dolores Barroso, sor Estefanía Saldaña y sor María Asunción Mayoral. Habían sido expulsadas del psiquiátrico y se habían refugiado en la pensión de Doña Petra Saldaña (hermana de Sor Estefanía) y su esposo Santiago Rico. Milicianos de la FAI registraron la pensión, fueron interrogadas allí mismo, reconociendo por tres veces su condición de Hijas de la Caridad, rechazaron abandonar su condición para pasar a ser maestras o enfermeras laicas. Eso les costó la vida en la Puerta de Hierro de Madrid ese día.

José María Gil- Robles en un mitin de la CEDA

Quizás ese fue el detonante para que los milicianos de Leganés se pusieran a buscar a personajes públicos, significados miembros «de derechas», junto a Ramón del Yerro Ordóñez: Pablo Durán Pérez de Castro, José García Cuadrado, Cayetano Montero Rebollo y Manuel Acero. Merece la pena destacar algunos datos biográficos de estas personas hoy olvidadas por la memoria colectiva. Pablo Durán, fusilado a los 56 años, farmacéutico de profesión, vicepresidente en 1928 de la Unión de Farmacéuticos, había sido miembro de Renovación Española y Gobernador Civil de Zamora en la Dictadura de Primo de Rivera. José García, de 32 años, miembro también de Acción Popular y Presidente de la Sociedad Patronal de Labradores. Cayetano Montero, de 44 años, fue concejal en el Ayuntamiento de Leganés durante la época de Primo de Rivera. Y Manuel Acero era carnicero en Leganés, sin filiación política conocida.

«No es esto, no es esto...»

Ramón del Yerro fue uno más de aquellos hombres que, inspirados por su fe católica, se acercó a un partido nuevo, Acción Popular, para trabajar por el bien de sus vecinos, como lo había venido haciendo antes en el campo empresarial. Dicho partido fue el núcleo duro en torno al cual José María Gil-Robles, inspirado por Ángel Herrera Oria, organizó la CEDA, la coalición de partidos de derechas que le hizo competencia a los disgregados partidos de izquierdas, logrando ser la coalición más votada en las elecciones generales de 1933.

Sin embargo, la Segunda República no fue un régimen democrático, que admitiera el veredicto de las urnas sin más, sino una excusa para hacerse con el poder y desde ahí transformar España en una república satélite de la URSS. Como bien advertía Ortega y Gasset en un artículo publicado el 9 de septiembre de 1931 en la revista Crisol, en los primeros compases del nuevo Estado: «¡No es esto, no es esto! La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo». Y así fue.