Momento de la Conmemoración de la muerte de Juan Sebastián Elcano
Conmemoración del Quinto Centenario de la muerte de Juan Sebastián Elcano
Que el Estado y sus diversas instituciones no se hayan volcado en tal celebración responde, como bien sabemos, a un conjunto de circunstancias de difícil explicación para los que son de fuera
El pasado día 4 de agosto se celebró el quinto centenario de la muerte del primer marino que dio la vuelta al mundo. Este es un acontecimiento único para la historia de la náutica y de la humanidad y sin duda un descomunal orgullo para la nación que consiguió esta hazaña.
¿Se imaginan que el individuo hubiera sido inglés? Todas las televisiones del mundo hubieran retransmitido el momento en que el rey Carlos III asiese una corona de flores frente a la bahía del pueblo natal del héroe oceánico. A bordo del buque insignia de la Royal Navy, la hubiese lanzado al mar en su recuerdo. En una parada naval sin precedentes, decenas de barcos de guerra harían rugir su artillería mientras la Royal Air Force sobrevuela en una formación perfecta llenando el cielo con los colores de la Unión Jack.
Se nos saltarían las lágrimas a medio planeta escuchando los acordes del Rule, Britannia, mientras los presidentes de EEUU, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, por lo menos, mantienen inmóviles el saludo militar… Pero dejemos de soñar que somos ingleses: no lo somos. La celebración consistió en un entrañable acto en que participaron cuatro pequeños veleros, un barco fletado por la cofradía de pescadores de Guetaria y una lancha de la Guardia Civil.
Que el Estado y sus diversas instituciones no se hayan volcado en tal celebración responde, como bien sabemos, a un conjunto de circunstancias de difícil explicación para los que son de fuera. Porque cualquier otra nación hubiese recordado con grandes fastos esta efeméride. Vemos aquí los efectos de la inmemorial inoculación de la leyenda negra en el inconsciente colectivo hispánico, y sus variadas y letales secuelas en nuestros días. Que incluyen desde el complejo de culpa hasta la autodemonización, que no existirían si lo que tuviésemos inoculado fuese la verdad histórica y con ella un legítimo orgullo por nuestro pasado compartido.
Porque Juan Sebastián Elcano no pasó a la historia por casualidad. Desde el primer viaje de Cristóbal Colón (de él hablaremos otro día), España buscó con ahínco el paso a las islas de la especiería. Los siguientes viajes colombinos; los llamados viajes menores de Ojeda, Juan de la Cosa y compañía; el viaje de Solís, cocinado y devorado frente a la atónita mirada de sus hombres en el rio de La Plata; y otros, buscaron sistemáticamente el paso que condujese a Asia.
La expedición Magallanes-Elcano
Rastreada y cartografiada toda la costa atlántica americana hasta El Plata, solo restaba continuar el rastreo hacia el sur. Y esa fue la tarea encomendada a la expedición Magallanes-Elcano. Así, al enésimo intento y tras exhibir una resolución asombrosa, España encontró al fin el camino de las especias navegando hacia el oeste. Esto lo hizo contra el empeño de Portugal, que hasta hizo circular cartografía inventada para hacer creer a España que ese paso era imposible.
Por eso es chiripitifláutico que Portugal haya querido celebrar la primera vuelta al mundo, o el descubrimiento del estrecho de Todos los Santos, rebautizado como estrecho de Magallanes por el rey español Carlos I. Es como si nosotros celebrásemos la Era dos descubrimentos portuguesa como algo español por el hecho de que el más insigne de los descubridores, Juan da Nova, era gallego. Pero mis queridísimos amigos portugueses comparten conmigo esta visión. Otra cosa son los políticos, frecuentemente poco dados a sumergirse en saberes históricos.
Pero no son solo los portugueses, sino que otros países, como Francia, suelen hablar de la primera vuelta el mundo dada por Magallanes. Esto es así porque la leyenda negra antiespañola también se ha inoculado de modo inmemorial en sus meninges. Algo necesario para retraer méritos a los españoles, pues son tantos que el frecuente supremacismo se tambalearía haciendo peligrar su propia identidad, sustentada de un modo precario en esa leyenda. Las razones son fundamentalmente inconscientes. La imagen demonizada de los españoles está tan enraizada que dan por averiguado nuestra incapacidad para hacer algo meritorio, aunque la realidad es que, por ejemplo, nuestra primera circunnavegación precedió en 247 años a la primera francesa de la expedición de Bougainville.
Cambio de calendario
Pero volviendo a Elcano, hay que decir que fue consciente del error de Magallanes al desoír todos los consejos y atacar Mactán sin posibilidad de recibir apoyo desde el mar y sabiendo que lo estaban esperando miles de guerreros. Esto causó la muerte de Magallanes y muchos españoles y puso en grave peligro la expedición. Sin embargo, tras tomar democráticamente el mando, el vasco supo dirigir con gran acierto la dificultosísima vuelta por el lado portugués del mundo con los lusos intentando que no lo consiguiera.
Tuvo que sacrificar a parte de sus hombres, que cayeron prisioneros, para completar con éxito la primera circunnavegación. Y aún más. Recién llegado a España, no dudó en obedecer al Rey y embarcarse en una nueva expedición que zarparía de La Coruña tres años después. Allí embarcó a tres de sus hermanos y a su cuñado. Todos morirían durante el viaje. A Juan Sebastián le llegó su hora el cuatro de agosto de 1526, hace diez días se cumplieron cinco siglos.
Pero si miramos al detalle el calendario vemos que es hoy cuando se cumple el quinto centenario de su muerte. Efectivamente, no podemos olvidar que 56 años después de la muerte de Elcano se produce el cambio del calendario del imperio romano al del imperio hispano. En efecto, por iniciativa de Felipe II y con el asesoramiento científico de los astrónomos de la Universidad de Salamanca, se actualiza el calendario romano, pues atrasaba como un reloj viejo. Se sustituirá por el nuevo reloj de precisión de Salamanca, el llamado calendario Gregoriano.
Sumar esos diez días desaparecidos
De este modo España adelantó diez días su calendario como quien pone en hora su reloj atrasado. Así, el 4 de octubre de 1582 fue seguido por el 15 de octubre, y el nuevo calendario incluyó medidas de corrección para que no se atrasase. Progresivamente el resto del planeta fue adoptando el calendario español. Inglaterra por ejemplo lo adoptó en 1752, con 170 años de retraso. Si quisiésemos saber cuándo se cumplen cinco siglos de la muerte de Elcano deberíamos por tanto sumar esos diez días desaparecidos y decir que es hoy 14 de agosto.
Pero es tiempo ya de dejar el teléfono en la toalla y de zambullirse en el agua, esa delicia contenida en un recipiente esférico. Mientras miramos al horizonte sabemos que si lo seguimos, volveremos al mismo sitio, y que fue uno de los nuestros, Juan Sebastián Elcano, quien lo hizo por primera vez.