Patrulla de la CNT durante la Guerra Civil

El asesinato de los Creus, entre la Historia y la «memoria»

Su destino no fue la libertad sino la muerte, pues al llegar a la altura del Cerro de los Ángeles allí fueron ejecutados a sangre fría

La muerte de cuatro de los hermanos Creus es una historia que, por desgracia, se repitió en diversas partes de España hace 90 años. De un plumazo, murieron cuatro de los siete hermanos Creus Vega a manos de los milicianos del Comité Rojo de Pinto.

Los Creus habían llegado a Pinto en 1905. Aquel año, D. Félix Creus García, casado con María de la Concepción Vega Ayas, compró una finca emblemática, que antes había pertenecido a los Gurumeta y justo antes a, nada más y nada menos, que a Santa María Micaela, donde había establecido una casa de reposo para el noviciado de Madrid.

A esa finca, llamada «de la Concepción», se dirigieron el 13 de agosto de 1936 algunos miembros del Comité Rojo de Pinto a buscar a los dueños. Ellos no se encontraban allí, pues vivían en Madrid. Quien sí tuvo la desdicha de hablarse trabajando en aquel lugar fue Ladislao Martín Díaz, el mecánico de la finca.

Al parecer, en su afán por modernizar la industria, los Creus habían introducido el uso de maquinaria agrícola, muy avanzada para la época. Sin embargo, esto no gustó a los jornaleros cuyo pan había finiquitado aquel avance tecnológico.

Sea por ese motivo o por otros de tipo ideológico, el caso es que los milicianos ya habían sustituido a la autoridad militar (la Guardia Civil había abandonado el municipio nada más producirse el pronunciamiento militar, siguiendo una «orden de concentración», acudiendo al puesto de Getafe) y política (la corporación municipal fue disuelta por la vía de los hechos consumados y su lugar lo ocupó el susodicho Comité). Ellos eran el poder fáctico, cuyo origen provenía del control absoluto de la violencia.

Aquel día 13 de agosto, interrogaron en plena calle a Ladislao y, no viendo satisfechas sus demandas, tres milicianos (cuyos nombres se conocen, por figurar en la investigación posterior, pero no merece la pena replicar aquí) le dispararon a quemarropa. Dejándole medio muerto, fueron a informar de la «hazaña» al Comité y les ordenaron volver para rematarlo. Eso es lo que hicieron, no sin antes arrastrarlo varios centenares de metros hasta llegar al cementerio y enterrarle allí (quizás aún con un hilo de vida).

Buscando la manera de atrapar a los Creus, mataron mientras tanto a D. José Ortiz de Lanzagorta Martínez (alcalde entre noviembre de 1934 y junio de 1935), de Acción Popular, el partido católico del momento por excelencia.

A los Creus les atraparon poco a poco. Gracias a la denuncia de una asistenta llamada Gregoria, los milicianos atraparon primero a Félix Creus Vega en el Colegio de Farmacéuticos de Madrid. Le hacen contactar con otros hermanos suyos (Juan, José, Jesús) para que saldaran una deuda de 12.000 pesetas supuestamente contraída con algunos lugareños de Pinto.

Con amenazas, convencieron a Jesús para que viajara desde Huércal-Overa (Almería) hasta Madrid y de ahí a Pinto en medio de la guerra. Se da la circunstancia, además, que tenía que dejar abandonadas a su suerte a su mujer y a sus tres hijos (Concepción, Félix y María Jesús, naciendo esta última apenas unos días antes, el 6 de agosto).

Confiado en no se sabe qué buena voluntad, qué palabra dada, o simplemente porque sabía que no podría cargar en su conciencia no haber hecho todo lo humanamente posible para salvar a sus hermanos, accedió a ir a Madrid.

En ese y en varios puntos las versiones, basadas en la memoria, empiezan a diferir, llegando se incluso a afirmar que fueron toreados en la plaza. Sin embargo, una cosa es la memoria, el relato de cada familia, y otra muy distinta lo que recogen los documentos históricos.

Los interrogatorios, efectuados nada más acabar de la guerra, dicen que los hermanos Creus fueron llevados desde Madrid a Pinto en camioneta, tomados por el alcalde socialista (de la facción de Largo Caballero), que se les interrogó en la sede del Comité Rojo, se les sustrajo el dinero que llevaban encima y fueron reintroducidos en la camioneta de vuelta a Madrid.

No obstante, su destino no fue la libertad sino la muerte, pues al llegar a la altura del Cerro de los Ángeles allí fueron ejecutados a sangre fría. Al poco tiempo, sus cuerpos fueron llevados al cementerio de Getafe y en su Registro quedó reflejado su defunción y enterramiento.

En este, como en muchos otros casos de la guerra civil, quien quiera conocer los nombres de los responsables de estos hechos, no tiene más que preocuparse un poco en buscar en la Causa General, donde figuran todos ellos, y en las investigaciones realizadas posteriormente.

luego, es más fiable lo que dicen aquellos documentos, reflejo de un proceso judicial en el que se buscaba contrastar las diferentes versiones para esclarecer la verdad y no solo señalar a culpables preestablecidos, que en la memoria transmitida de generación en generación, donde se mezclan exageraciones con sentimientos y confesiones a medio hacer.