El general Prim en la batalla de TetuánGTRES

Dinastías y poder

Castillejos, Prim y el asalto a Ceuta

Ahora Castillejos ha vuelto a ser noticia. Aunque no por Prim, ni por O'Donnell, ni por la guerra de 1860. Es Fnideq, una ciudad marroquí pegada a Ceuta, que mira hacia la frontera española

Castillejos ha vuelto a aparecer estos meses en los mapas españoles. Es un municipio marroquí situado al norte del país, justo en la frontera con la ciudad española de Ceuta, en la costa del Mediterráneo y dentro de la región histórica del Rif occidental.

Es la ciudad que se extiende junto al paso fronterizo del Tarajal. Allí, en las últimas semanas, se ha concentrado buena parte de la tensión migratoria que ha situado a Ceuta ante una situación extraordinaria.

El nombre da Castillejos tiene una historia española mucho más antigua que el asalto de este verano. En su día, el general Juan Prim y Prats fue titulado marqués de los Castillejos por la reina Isabel II de Borbón, en honor a la victoria que había liderado en este lugar durante la guerra contra los marroquíes.

Años después, Prim se rebeló contra la soberana que lo había titulado y se convirtió en protagonista de la Revolución de 1868 y principal valedor de Amadeo de Saboya. Fue conde de Reus, vizconde del Bruch, pero, sobre todo, marqués de los Castillejos, titulo ganado en los campos de batalla.

El rey Amadeo elevó el marquesado a ducado como reconocimiento póstumo y concedió el título a su hijo Juan. Los Castillejos: un lugar de Marruecos convertido en título nobiliario y símbolo de una victoria militar para los españoles.

La batalla de los Castillejos se libró el 1 de enero de 1860, durante la guerra de África, cuando las tropas españolas avanzaban desde Ceuta hacia Tetuán. El terreno que hoy forma parte del entorno de Fnideq –Los Castillejos en árabe– y de la frontera con Ceuta fue en su día escenario del comienzo de la leyenda militar de Prim.

Ante una situación crítica para los españoles, el general asumió personalmente el mando. Prim se convirtió en un héroe nacional. Su fama creció todavía más en Tetuán y, posteriormente, en Wad Ras.

La imagen del general a caballo, avanzando hacia el enemigo cuando la situación parecía desfavorable, quedó incorporada al imaginario de aquella España que buscaba en las campañas exteriores una afirmación de su poder. A Prim se le atribuyó entonces la frase de «Los españoles no retroceden».

Prim había nacido en Reus en 1814, en una familia de clase media. Su padre, Pablo Prim Estapé, ejercía como notario y también militar: había combatido durante la Guerra de la Independencia contra los franceses y, posteriormente, participó en la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

Su madre, Teresa Prats y Vilanova, procedía de una familia de comerciantes. Aquel ambiente familiar explica, en parte, que el muchacho entrase muy joven en la carrera de las armas: con apenas diecinueve años se incorporó a las fuerzas isabelinas para combatir a los carlistas, poco después de la muerte de Fernando VII. Ascendió por méritos de guerra y no tardó en convertirse en uno de los militares más destacados de su generación.

Pero Prim no fue solamente un oficial. Fue también un conspirador profesional de la política española del XIX. Liberal y progresista, se enfrentó primero al regente Espartero y participó en la sublevación de 1843.

Después llegaron sus choques con los gobiernos moderados, los exilios y los pronunciamientos. Conspiró contra Narváez y terminó convertido en prototipo del «espadón» del siglo XIX: un modelo de general que era al mismo tiempo, diputado, ministro, conspirador y jefe militare. Uno de los personajes con mayor poder e influencia política en la España de su tiempo.

El joven Prim defendió a Isabel II con las armas, pero el Prim maduro terminó conspirando para expulsarla. En 1868, junto a otros protagonistas de la Revolución, contribuyó a derribar la monarquía liberal isabelina. Después buscó un nuevo rey para España y apostó por la candidatura de Amadeo de Saboya.

Pero cuando el italiano llegó al trono, Prim ya había acumulado enemigos entre los distintos estratos de la política, la sociedad y el clero. Murió asesinado en Madrid el 30 de diciembre de 1870, apenas unos días después de la llegada del nuevo monarca.

En su vida privada, Juan Prim tuvo también una historia peculiar. Se casó en París, en la iglesia de La Madeleine, el 3 de mayo de 1856, con Francisca Agüero y González, hija de un importante banquero mexicano. El matrimonio tuvo dos hijos que sobrevivieron: Juan, nacido en 1858 y futuro militar, e Isabel, nacida en 1862. Hubo además un primer hijo que murió al poco de nacer.

Ahora Castillejos ha vuelto a ser noticia. Aunque no por Prim, ni por O'Donnell, ni por la guerra de 1860. Es Fnideq, una ciudad marroquí pegada a Ceuta, que mira hacia la frontera española. Una nueva ironía de la historia: el lugar que hizo marqués a uno de los grandes militares españoles del siglo XIX es hoy uno de los escenarios desde los que se contempla la frontera más sensible de la España del XXI.

Castillejos, un nombre que para los españoles evoca una carga de caballería del siglo XIX, aparece ahora asociado a un paso fronterizo y a un espacio que vuelve a ocupar el centro de la conversación política. En 2026, como en 1860, la geografía sigue siendo la misma, aunque hayan cambiado los protagonistas y los conflictos.