Cuadro El regreso a Sevilla de Juan Sebastián de Elcano tras la primera circunnavegación del mundo (8 de septiembre de 1522) por Elías Salaverría en 1919Museo Naval

La desconocida promesa que Elcano cumplió descalzo tras dar la primera vuelta al mundo

El buque-escuela de la Armada española sigue la estela de la gesta de la Primera Vuelta al Mundo al llevar el nombre de Juan Sebastián Elcano y su escudo de armas como memoria vida de la historia marinera de España

Quién podía imaginar que solo con la carga que trajo Elcano a bordo de la única nave superviviente, La Victoria, fue más que suficiente para amortizar y dar beneficios a una navegación que había empezado hace tres años con cinco embarcaciones y cientos de tripulantes.

El 6 de septiembre de 1522 tal vez sea una fecha desconocida para el gran público, pero tiene tanta o más relevancia histórica como el 20 de julio de 1969, cuando el ser humano pisó la superficie lunar por primera vez. Aquel día de septiembre de hace más de cinco siglos, 18 hombres exhaustos, cadavéricos y sin fuerzas capitaneados por Juan Sebastián Elcano llegaron a Sanlúcar de Barrameda. Habían sido los primeros en circunnavegar la totalidad de la Tierra, 85.700 kilómetros.

Mapamundi de Bautista Agnese (1500-1564) de 1544 con la ruta de la primera vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián ElcanoBiblioteca del Congreso de Estados Unidos

Si en 1969 gran parte de la población mundial vio en directo a Neil Armstrong colocar la bandera sobre la Luna, en el caso de Juan Sebastián de Elcano, la noticia corrió como la pólvora hasta Valladolid, donde estaba la corte de Carlos, el rey emperador.

A pesar del agotamiento, el entusiasmo por regresar a su hogar o el hambre, lo primero que hizo el capitán de la Victoria cuando avistó Sanlúcar fue escribir una carta a su rey contándole lo que habían logrado: «Mas sabrá su Alta Majestad lo que en más avemos de estimar y temer es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el occidente e veniendo por el oriente».

Elcano y la Victoria. Fuimos los primeros.Ferrer-Dalmau

Además, en la misiva solicitó al monarca que se les pagase lo convenido a los participantes de esta gran empresa «por los muchos trabajos e sudores e hambre e sed e frío e calor que esta gente ha pasado en tu servicio, les hagas merced de la quarta parte e veintena de sus caxas e quintalada». Todavía a bordo de lo que quedaba de la embarcación, los 18 supervivientes fueron remolcados hasta que, por fin, pisaron tierra firme sevillana dos días después.

Como prometió Elcano ante la Virgen tres años antes, lo primero que hicieron fue acudir descalzos y con velas a la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria.

De la Primera Vuelta al Mundo a Valladolid

La empresa que empezó Magallanes cumplió el objetivo de encontrar un paso navegable entre el Atlántico y el Pacífico que permitiera llegar a la especiería. La expedición, a pesar de las deserciones, las muertes y la mala mar consiguió llegar a las Molucas.

Ese era el objetivo inicial, pero Elcano fue un paso más allá. El capitán Espinosa, al mando de la nao Trinidad, intentó regresar por el Pacífico, mientras la tripulación de la Victoria, capitaneada por Elcano, «decidió lanzarse hacia el Índico sur, un océano inexplorado y desconocido», según atestigua el grumete Martín de Ayamonte.

Esta decisión del marino de Guetaria supuso surcar aguas desconocidas, sin un rumbo fijo ni puerto en el que poder detenerse. Toda una gesta de supervivencia que terminó de la mejor manera posible, teniendo en cuenta las dificultades que atravesaron.

Una vez en Sevilla la vida de aquellos hombres cambió para siempre. Elcano viajó hasta Valladolid con dos compañeros para contarle al emperador los detalles de la expedición. Durante la audiencia, Carlos I, sorprendido por la hazaña, cedió a los supervivientes (incluidos los que seguían presos en Cabo Verde) su quinto real, el porcentaje del valor de la mercancía que correspondería a la monarquía, un 20 %.

Además, el monarca nombró a Elcano caballero y le entregó un escudo de armas que siglos después sigue navegando como enseña del buque escuela de la Armada española. Más allá de los honores, el marino recibió 500 ducados de oro anuales y vitalicios, que son algo más de 20.000 euros actuales. Un dineral para la época.

Sin embargo, Elcano estaba consagrado al mar. Tan solo tres años después volvió a embarcarse como piloto en la que fue su última navegación.