Gabriele D'Annunzio (en el centro con el bastón) con algunos legionarios

Picotazos de Historia

La aventura de Fiume y la peculiar personalidad de Gabriele D´Annunzio

Terminada la I Guerra Mundial, uno de los puntos de fricción que quedó, tras el despedazamiento y reparto de los territorios de los imperios centrales y Turquía, fue la ciudad húngara de Fiume (actual Rijeka en la república de Croacia)

Terminada la I Guerra Mundial, uno de los puntos de fricción que quedó, tras el despedazamiento y reparto de los territorios de los imperios centrales y Turquía, fue la ciudad húngara de Fiume (actual Rijeka en la república de Croacia)

Esta ciudad universitaria e importante puerto del mar Adriático estaba habitada por una población mayoritariamente italiana (algo más del 60%), consecuencia de la construcción del ferrocarril (1873) que les unió a las lineas que enlazaban con Bucarest y Viena/Trieste. De golpe y porrazo el puerto de la ciudad se transformó en el puerto más importante del reino de Hungría en el Mediterráneo, lo que transformó la ciudad y atrajo numerosa población de otras partes.

Poeta y héroe de guerra

Pues bien la diversidad de población (italianos, alemanes, croatas, eslovenos, etc) y lo estratégico de su situación lo convirtieron en motivo de disputa entre los reinos de Serbia e Italia. Las negociaciones que se estaban desarrollando en París quedaron abruptamente interrumpidas por la noticia de que un grupo de nacionalistas italianos, formada por unos 2.600 excombatientes del ejercito italiano, que se habían concentrado y partido desde la población de Ronchi di Monfalcone (ahora Ronchi dei Legionari) dirigidos por el poeta y héroe de guerra Gabriele D´Annunzio, habían tomado la ciudad en disputa. Una vez ocupada la ciudad y desde el balcón del ayuntamiento D´Annunzio, con florido lenguaje, proclamó el control y gobierno del puerto, la ciudad y los territorios limítrofes.

Llegada de D'Annunzio a Fiume en 1919

Las potencias aliadas (Reino Unido, Estados Unidos de América, república de Francia, Italia, Serbia, Bélgica, etc.) no reconocieron legitimidad alguna a esta acción ni al gobierno presidido por D´Annunzio, sin embargo a esta fuerza armada, que se llamaban así mismos legionarios, les empezó a llegar ayudas de los lugares más extraños. Diferentes asociaciones de excombatiente y veteranos de guerra, la masonería italiana por medio de sus diferentes logias; los «Fasci Italiani de Combattimento» que ese mismo año había creado el antiguo editor de Avanti, órgano oficial del partido socialista italiano: un tal Benito Mussolini, etc. Los legionarios empezaron a recibir suministros y fondos por medio de estos variopintos grupos.

Estado independiente

Mientras pasaban los meses la conferencia de París planteó la creación de un estado independiente de la ciudad y municipio de Fiume. Estas noticias llegaron a D´Annunzio que se apresuró a declarar – el 8 de septiembre de 1920 – el estado libre e independiente, a la espera de su anexión por el reino de Italia. Hasta que esa anexión se hiciera efectiva Él –Gabriele D´Annunzio– asumía la presidencia, junto con la cartera de Asuntos Exteriores, de un Consejo de Rectores que formaban el gobierno de la Regencia de Carnaro. Pero antes de continuar convendría que les hablara un poco del individuo que asumía la presidencia del consejo.

D'Annunzio en 1922

Llamado por sus admiradores «il Vate», Gabriele D´Annunzio fue una personalidad magnética y extravagante, máximo representante italiano de un movimiento estético y artístico denominado decadentismo. Héroe de guerra condecorado con la máxima distinción al valor fue un cúmulo de manías, obsesiones, contradicciones y adicciones.

Bajito –medía un metro sesenta y cuatro centímetros–, calvo, prematuramente desdentado, desde luego no era un modelo para el David de Miguel Ángel. Pues con todo esto en contra no se pueden imaginar cómo se le daban las señoras. Su voz y forma de hablar las enloquecía y su hiperactividad sexual era legendaria. Tanta era que, de hecho, se pilló todas las variantes de (o al menos la mayor parte de ellas) las enfermedades venéreas.

Obsesionado con el deterioro físico, el perder un ojo en un accidente de aviación fue un trauma que mitigó usando un dramático parche negro que pareció aumentar su carisma, acabaría viviendo retirado y entre penumbras, pues la luz le molestaba desde su accidente.

Instauró el «saludo romano»

Cocainómano, ególatra, esteta radical, dilapidador de fortunas. Fue él quien creó una estética para sus legionarios que copiaría con entusiasmo Mussolini para sus seguidores. Instauró el llamado saludo romano (una invención histórica y cinematográfica), ritos, cantos, uniformes, incluso el terminó «Duce». Y es que así se hacía llamar como presidente del Consejo de Rectores. Pero volvamos a la ciudad de Fiume.

En abril de 1921 cambió el gobierno de Italia. Este nuevo gobierno decidió adoptar una linea más dura y pragmática. Abrieron negociaciones con lo que sería la futura Yugoslavia, que ya había mutado al reino de los serbios, croatas y eslovenos. El 12 de septiembre las dos naciones firmaron el acuerdo de Rapallo e intervinieron en el Fiume. Tras fracasar diplomáticamente con D´Annunzio entró en acción el ejercito de Italia, que sacó al poeta a patadas junto con sus legionarios.

En enero, por el tratado de Roma firmado el 27 de ese mes, se repartieron el territorio del extinto estado libre del Fiume entre Italia y Serbia.

Il Vittoriale, residencia de D'Annunzio en el Lago Garda

Gabriele D´Annunzio se retiró al municipio de Gardone Riviera, a las orillas del lago Garda en Brescia. En este lugar construyó un conjunto de edificios, plazas, calles, teatro, parques, jardines, etc. Este complejo monumental bautizado como «Vittoriale degli Italiani» en el fondo era un enorme monumento y homenaje a su ego de nueve hectáreas de extensión. La residencia, denominada «el Priorato», sería desde entonces el lugar de retiro pero también de encierro, ya que Mussolini –que admiraba al poeta pero desconfiaba profundamente de tan impredecible personaje– lo tuvo discreta pero férreamente vigilado y controlado pero no aislado. D´Annunzio viviría dentro de este homenaje a su ego hasta su muerte en circunstancias que se han visto como extrañas, pero ¿qué hay que no sea extraño en la vida de este hombre?

No se si por sincera admiración o por puro cachondeo, de vez en cuando «Il Vate», como le seguían llamado, se arrancaba con unos ripios espeluznantes en pretendida loa a Benito Mussolini. «Sale el sol, canta el gallo y Mussolini monta a caballo».