Drake atacando el barco del tesoro español

Tres combates en los que Francis Drake fracasó estrepitosamente frente a España

El corsario isabelino sufrió sonados y graves fracasos frente a la defensa del Imperio español, siendo los más estrepitosos sus derrotas en Santa Cruz de La Palma (1585), la Contraarmada (1589) y su última campaña en San Juan de Puerto Rico (1595)

El Imperio español era temido por los ingleses en tiempos de Felipe II. La firme decisión del Rey Prudente de invadir Inglaterra por medio de una Gran Armada junto a la acción de los Tercios, la mejor unidad militar de Occidente de aquel entonces, hizo que Isabel I recurriese a todo tipo de métodos para frenar la amenaza que suponía su eterno rival.

A finales del siglo XVI, los ataques ingleses a naves españolas que llegaban de América o de las Indias Orientales eran cada vez más frecuentes para robar las mercancías que transportaban.

Fue entonces cuando la Reina Virgen comenzó a amparar y financiar abiertamente el trabajo de estos bandidos para debilitar el comercio hispano, sobre todo tras la derrota de dos de sus mejores súbditos, Francis Drake y John Hawkins, en San Juan de Ulúa (1568), puerto español magníficamente fortificado en el golfo de México.

Pero aquella derrota en 1568 no sería la única vez en la que Drake perdería ante los españoles. De hecho, sufrió sonados y graves fracasos frente a la defensa del Imperio español, siendo los más estrepitosos sus derrotas en Santa Cruz de La Palma (1585), la Contraarmada (1589) y su última campaña en San Juan de Puerto Rico (1595).

La Palma frena a Francis Drake en 1585

En 1585, Francis Drake, corsario de la Reina de Inglaterra, emprendió una expedición: dirigirse al Caribe acompañado de la mayor armada que se había visto hasta entonces en aquellas aguas para causar el mayor daño posible a los intereses de España.

Retrato de Sir Francis Drake por Jodocus Hondius I (1583)

Pero antes hicieron diversas escalas, llegando a Santa Cruz de La Palma la mañana del 13 de noviembre. En aquel entonces, la ciudad de La Palma «era uno de los núcleos urbanos más sobresalientes de Canarias»; su ubicación geográfica «en el tráfico transoceánico», así como «lo rentable de su producción agrícola (en especial el azúcar), habían convertido a esta urbe en una de las plazas más codiciadas de la época», explican los autores del artículo Sobre el ataque de Francis Drake a Santa Cruz de La Palma en 1585. La cuestión de Pedro de Liaño, publicado en la Revista de Historia Naval.

Por ello, no es de extrañar que el corsario isabelino intentase atacar la isla. Sin embargo, se encontró con una ciudad preparada ante el ataque de una flota pirata. 32 años atrás, en 1553, La Palma sufrió un saqueo a manos de Pata de Palo (François Le Clerc), quien arrasó la ciudad durante diez días.

Ataque holandés a la Isla de Gran Canaria

Tras el ataque, «la ciudad comenzó a ser más precavida y el cabildo insular tuvo cuidado de fortificar con mayor celo sus puntos débiles y de disponer una mejor organización de las milicias ante un posible ataque», advierten el cronista oficial de Santa Cruz de La Palma, Manuel Poggio Capote; Luis Regueira Benítez, bibliotecario del Museo Canario, y Víctor Hernández Correa, del Servicio de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, en un estudio publicado en el Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura.

Así, el combate se inició con el intercambio de artillería entre los barcos y la ciudad. Poggio y Regueira señalan en National Geographic que «durante la batalla, los ingleses trataron de acercarse para tomar tierra, pero el estado de la mar y el acierto de los artilleros locales impidieron cualquier intento de desembarco».

Aquel gran sistema defensivo que diseñaron tras el primer ataque del pirata François Le Clerc había conseguido derrotar al corsario que pronto tendría fama de caudillo «invencible» y «héroe» nacional.

«Finalmente, con daños en los dos galeones principales, el 'Bonaventure' y el 'Leicester', y al menos en otros dos navíos, los ingleses dieron la batalla por inútil y volvieron las proas hacia alta mar. Después de este fracaso, Drake cambió para siempre su manera de atacar las poblaciones: no volvió a poner a tiro su buque insignia y trató de apoyar las acciones bélicas desde tierra, con maniobras envolventes de la infantería», concluyen el cronista oficial de la ciudad y el bibliotecario del Museo Canario.

«Quien tenga honra, que me siga»

La gloria adquirida tras su participación en la derrota de la Grande y Felicísima Armada de Felipe II duró muy poco, pues un año después, en La Coruña, sufriría una segunda humillación.

Con el objetivo de asediar la ciudad y acabar con los restos de la maltrecha Armada española que arribaron al puerto coruñés, Francis Drake partió el 4 de mayo de 1589 con más de 150 buques y unos 23.000 hombres bajo sus órdenes. La ciudad parecía un objetivo sencillo: contaba con apenas unos 4.000 habitantes, unas murallas medievales deterioradas, un castillo sin terminar y una guarnición de solo 500 o 600 soldados.

Los ingleses desembarcaron unos 10.000 hombres en Santa María de Oza y arrasaron el barrio de la Pescadería, mientras los habitantes de la ciudad se preparaban para resistir. Soldados y vecinos, hombres y mujeres, colaboraron en la defensa de la Ciudad Vieja.

Los atacantes consiguieron finalmente abrir una brecha en las murallas mediante una mina y se dispusieron a entrar en la ciudad para combatir cuerpo a cuerpo. Pero, pese a la superioridad inglesa, los defensores se negaron a rendirse.

Durante el asedio, las mujeres desempeñaron un papel fundamental. Primero auxiliaron a los combatientes, llevando agua, comida y munición, retirando heridos y colaborando en la reparación de las defensas.

Cuando el ataque se hizo más intenso, algunas participaron directamente en los combates, arrojando piedras, recargando armas y defendiendo las murallas. Entre ellas destacó Mayor Fernández de la Cámara y Pita, conocida como María Pita, cuya intervención se convertiría en uno de los episodios más célebres de aquella defensa.

María Pita cargando contra los ingleses. Arturo Fernández Cersa

Según el relato tradicional, cuando los ingleses lograron abrir la brecha definitiva, el marido de María Pita, Gregorio de Rocamonde, murió durante los combates. Esto hizo que María Pita derribase a un alférez –según algunos, era el hermano de Drake– que pretendía clavar la bandera de su regimiento en lo alto de la muralla y, atravesándolo con una lanza (otras fuentes sugieren que le atacó con una piedra o con una espada), le diese muerte. Tras acabar con él, tomó la bandera del invasor y arengó a los defensores diciendo: «Quien tenga honra, que me siga».

Este acto «enardeció» a los españoles, que intensificaron la resistencia y lograron expulsar a los ingleses. Otras fuentes dicen que, por temor real, Drake decidió levar anclas y huir antes de perder a toda su armada.

El ocaso del corsario inglés

Tras otras empresas particulares motivadas por el lucro y la fama, en octubre de 1595 Drake decidió, junto con su primo John Hawkins, atacar Las Palmas de Gran Canaria. La ciudad logró rechazar el ataque enemigo y obligó a retirarse de nuevo a los conocidos como «perros del mar» isabelinos.

Tras aquella derrota, la flota inglesa logró reabastecerse en La Gomera. Después continuó su travesía hasta llegar al Caribe en noviembre de ese mismo año, donde recibió noticias sobre la situación del galeón español Nuestra Señora de Begoña. Meses atrás, el buque se había separado de su convoy debido a un fuerte temporal y había tenido que arribar, con grandes dificultades, a San Juan de Puerto Rico. Allí, la tripulación trataba de repararlo mientras esperaba la llegada de auxilio español.

Con la prepotencia que lo caracterizaba y su menosprecio al enemigo, pese a las derrotas sufridas, Drake se lanzó a la caza del galeón español, consciente de que este custodiaba tres millones de pesos de plata. La escasa guarnición de la ciudad, compuesta por 400 hombres, se vio reforzada por los 300 hombres del Nuestra Señora de Begoña y los 500 infantes de marina bajo el mando de Téllez de Guzmán, quien capitaneaba las fuerzas de auxilio.

Drake, Hawkins y su tripulación llegaron a San Juan de Puerto Rico el 22 de noviembre de 1595 con el propósito de apoderarse del ansiado tesoro y convertir la isla en un bastión inglés. Cansados y hambrientos, decidieron pasar la noche frente a la bahía, sin saber que se encontraban al alcance de varias baterías españolas, cuyos artilleros aguardaron cautelosos hasta bien entrada la madrugada para atacar por sorpresa.

En el momento en que Drake y sus oficiales se dispusieron a cenar, los soldados españoles abrieron fuego. Realizaron 28 disparos y uno de los proyectiles impactó en la cabina, causando la muerte de tres capitanes y un guardiamarina.

En aquel primer ataque, el pirata inglés también resultó herido. Ante el caos provocado por el fuego español, intentó desembarcar a sus hombres sin éxito debido a la fuerte artillería, por lo que levó anclas y se alejó de su posición para intentar un nuevo ataque la noche del 23.

Entierro de Francis Drake arrojando su cadáver al mar en l costa de Panamá. Thomas Davidson, 1899, Ayuntamiento de Plymouth

Tratando de aprovechar también el factor sorpresa, el corsario inglés envió a varios de sus hombres a incendiar los navíos de Téllez de Guzmán. A pesar de la rápida reacción de las fragatas españolas, no pudieron salvar la Magdalena, que fue engullida por las llamas y en la que murieron 40 de sus tripulantes.

Sin embargo, el resplandor de las llamas de la Magdalena era tan intenso que dejó al descubierto las barcazas inglesas. Aprovechando aquella luz, los artilleros y tiradores españoles de las fragatas restantes acribillaron a los asaltantes y mataron a centenares de ingleses.

Cegado por la avaricia y con el orgullo dañado, Drake no cesó en su intento y organizó nuevos desembarcos, pero estos fueron rápidamente rechazados por las defensas españolas hasta que, humillado, ordenó la retirada el 25 de noviembre. El pirata inglés abandonó San Juan de Puerto Rico y puso rumbo a Panamá, donde moriría de disentería en enero de 1596.