Retrato de Magdalena Ventura, llamada la mujer barbuda, que aparece junto con su marido y su hijo

Picotazos de historia

La historia de Magdalena Ventura, la mujer barbuda que José de Ribera convirtió en una obra maestra

Campesina italiana cuya apariencia cambió a causa de una alteración hormonal, fue retratada por José de Ribera con una dignidad poco común para la época. Su imagen se convirtió en una de las piezas más singulares de la colección del duque de Alcalá

Don Fernando Afán de Ribera, III duque de Alcalá de los Gazules, nació en Sevilla en el año de gracia de 1538. Hijo y heredero de Fernando Afán de Ribera y de doña Ana Girón y Guzmán (hija del primer duque de Osuna), recibió una esmerada educación a manos de selectos tutores y tuvo la suerte de disfrutar de la biblioteca que su padre acababa de heredar de un tío suyo.

Esta biblioteca había pertenecido a Pedro Afán de Ribera y Portocarrero, primer duque de Alcalá, quien había sido un famoso mecenas, coleccionista de arte y bibliógrafo. Su biblioteca personal estaba reputada como una de las mejores de su tiempo y fue trasladada a la vivienda habitual de la familia en Sevilla: la Casa de Pilatos.

A lo largo de su vida serviría don Fernando en diferentes puestos, siempre a satisfacción de todos. Estos destinos muchas veces requerían un gasto personal elevado, las más de las veces no reembolsado por la Real Hacienda, por lo que, si eran codiciados por poder y dignidad, también eran temidos por los gastos a los que se veían expuestos por obligada representación.

Pues bien, don Fernando, hasta el último día de su vida, sirvió al Estado y, por culpa de esto y de su afición a coleccionar arte y curiosidades, dejó unas finanzas problemáticas en sus estados.

Detalle del retrato de Fernando Afán de Rivera y Enríquez. Anónimo italianoBiblioteca Nacional de España

Hijo de su tiempo, siguió la moda imperante de poseer una colección, galería o gabinete de curiosidades, en donde reunir rarezas, obras de arte, miniaturas, etc. Estos gabinetes normalmente estaban divididos en cuatro divisiones u órdenes: Scientifica (instrumentos de precisión, autómatas, instrumentos de navegación, etc.), Artificialia (arte, numismática, antigüedades, etc.), Naturalia (fósiles, colmillos, objetos exóticos de origen animal o mineral, etc.) y Mirabilia (fenómenos de la naturaleza, personas u objetos singulares). Pues bien, se trata de la galería de «fenómenos» del señor duque de Alcalá de la que quisiera hablarles.

Estas galerías de fenómenos, parte del gabinete de curiosidades, seguían una moda común iniciada en Alemania a finales del siglo XVI y popularizada por toda Europa durante el siglo XVII. Se sabe que la de don Fernando Afán de Ribera se empezó a reunir durante su estancia en Nápoles, como virrey de ese reino. Allá fue el duque de Alcalá para sustituir en el cargo a don Antonio Álvarez de Toledo, duque de Alba, con quien se llevó toda su vida a matar.

La galería de fenómenos o prodigios, que también así se la conocía, comprendía al menos catorce retratos, algunos expresamente encargados por el duque, de individuos de físico notable. El escritor Fernando Díaz-Plaja dejó mención de un oficial de los tercios españoles, de la casa de Hurtado de Mendoza, quien era feo de espantar «más viéndole asaltar la muralla brillaba como un Apolo». Este oficial era inteligente, culto y divertido y acabó ganándose el corazón de una afamada beldad del linaje de los príncipes de Ligne. Pues bien, su retrato era uno de los que adornaba la galería.

Continuaban los retratos mostrando filósofos de la Antigüedad, entre los que destacaban Diógenes (por pobre) y Sócrates (por feo); enanos y bufones a quienes en la tradición pictórica española siempre se les ha mostrado con sus defectos físicos o mentales, pero jamás haciendo burla de ellos. Al contrario, incluso dignificándolos. Pero la joya de la colección de los fenómenos era un retrato de una mujer, acompañada por su esposo y un niño de pecho, del que el propio pintor nos dejó bastante información en el mismo lienzo.

Magdalena Ventura fue una campesina originaria de Accimoli, en la región italiana del Lacio. Su vida se desarrolló con normalidad durante la primera mitad de su vida. Casó con un vecino, de nombre Felice di Amici, con el que tuvo al menos tres hijos. Pero, en torno a los 37 años de edad, sufrió un brusco cambio en su vida.

Le empezó a crecer barba y bigote como si fuera barbado varón. Desarrolló una alopecia que le acrecentó la frente al tiempo que su cuerpo se llenaba de vello (hirsutismo). Claramente la pobre Magdalena estaba sufriendo una grave alteración hormonal.

Enterado el virrey de este extraño caso, pues la pobre Magdalena llegó a tener luengas barbas y bigotes, hizo llamar al matrimonio y los alojó en su residencia (el actual Palacio Real de Nápoles) mientras eran retratados para la galería por el propio José de Ribera, conocido como el Españoleto.

Retrato de Magdalena Ventura, llamada la mujer barbuda, que aparece junto con su marido y su hijo

Ribera nos dejó un magnífico retrato del matrimonio. Él aparece en segundo plano, en discreto apoyo a su mujer y con aire resignado. Ella se nos muestra de frente, dando el pecho a una criatura de semanas de vida. Firme y serena la mirada, la de un alma ya hecha a su destino. La cara es la de un varón: duros son los rasgos, barbada la faz y alopécica la frente.

Las ropas y el desnudo pecho son lo único que nos habla de feminidad en esa figura. El cuadro es magnífico. La imagen que muestra es potente pero, como les mencioné antes como rasgo de este tipo de pintura en la escuela española, no hay ni rastro de burla o mofa en los retratados. Al contrario, tanto el marido como la esposa están tratados con dignidad, casi con afecto, aunque sin disimular nada de su singularidad y circunstancia.

Don Fernando Afán de Ribera, a pesar de haber tenido cuatro hijos y otro fuera del matrimonio, vio su línea cercenada por falta de sucesión en la siguiente generación. Hijos muertos en la infancia y vocaciones religiosas hicieron que los títulos y posesiones los heredase su sobrina doña Ana María Luisa Enríquez de Ribera, que casó con el duque de Medinaceli, uniéndose así ambas casas.

También dejó el difunto don Fernando deudas impagadas y obligaciones contraídas. Fue para hacer frente a la caótica situación económica de la Casa de Alcalá por lo que se tuvieron que llevar a pública almoneda muchas de las preciosidades y objetos de arte que reunió el duque en vida. Pero no se hizo así con el retrato de Magdalena y su marido, que pasó a ser una de las más preciadas posesiones de la Casa de Medinaceli.

Hoy el cuadro puede ser contemplado en el Museo del Prado, donde se encuentra en depósito para su pública admiración, pero la propiedad del mismo sigue siendo de los Medinaceli. En el sevillano palacio de Pilatos, donde diariamente ondean las armas de los de la Cerda (Medinaceli), cuelga una copia del cuadro que pintó el Españoleto. Es un lugar de honor, dentro de un palacio ducal, para el humilde matrimonio de campesinos aquejados de lo que les valió en vida burlas.

Este cuadro ha permanecido allí colgado desde 1631, excepto por los años en los que estuvo expuesto en el Museo Napoleón, como parte del expolio de los franceses durante la Guerra de la Independencia. Entregado el cuadro en depósito al Museo del Prado, se encargó una copia, de excelente factura, para que colgara en el mismo lugar.