La asignatura pendiente de querer a nuestra historia

Conocer nuestra historia es también aprender a quererla, asumir sus luces y sus sombras y reconocernos como herederos de quienes la protagonizaron

Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado

Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado

Los españoles tenemos una asignatura pendiente de aprobar, desde hace ya mucho tiempo, con nuestra historia. Peor aún, en los últimos años, hay empeños contumaces y gubernamentales para que ni siquiera la estudiemos, para seguir suspendiéndola o, en todo caso, lo hagamos bajo un sesgo ideológico que la vitupera y condena, o simplemente la niega y la cancela. Objetivo: sumirnos en la peor ignorancia e inducirnos a despreciarla, avergonzarnos de ella y, sin casi, deber pedir perdón por ser sus herederos.

El empeño, sin embargo, no les está resultando nada fácil. Al contrario, la respuesta está siendo muy potente y hasta diría que se les ha torcido la batalla y que, me meto en ella, la vamos ganando. Diría que cuanto más se nos intenta ocultar y tergiversar, más se ansía conocerla. Al cabo, lo que hacen de manera sistemática no es otra cosa que insultar a nuestros abuelos. Y a los abuelos, aunque sean muy lejanos, las gentes del común los queremos mucho.

Que eso es de lo que en realidad se trata. Que aprendamos, conociéndola, a quererla, a sentirla como propia y a considerarla como algo a lo que pertenecemos y nos pertenece. O sea, lo que es el profundo y esencial significado de la palabra patria.

Sin fanfarrias ni flagelos. Asumirla en su grandeza y en sus miserias, sin leyendas negras ni rosas. Como sus hijos. Que es lo que somos.

Por ello he querido titular así mi último libro, Hijos de España, y, con toda humildad, intentar abrir ventanas a conocer nuestras raíces, nuestras ramas, flores y frutos, unos dulces y otros amargos. Humanos, al fin.

Portada del libro 'Hijos de España'

Portada del libro 'Hijos de España'

Y para ello me decidí a hilvanar en ese inmenso y hondo escenario a toda una galería de personajes, un total de 58 en este tomo, que la recorrieron y protagonizaron, desde el más remoto pasado prehistórico de Miguelón de Atapuerca, por los Sénecas y Trajanos de la Hispania romana y la Roma Hispana, por las invasiones y las reconquistas, los descubrimientos y los imperios, los cénits y los ocasos, hasta llegar a hace cien años y las siete cargas del Alcántara, límite que fijan los historiadores para considerar que la «memoria», no pocas veces bisoña y de parte, se decanta ya en Historia.

No tiene, vaya esto por delante, pretensiones de sabidurías de las que carezco ni de ofrecer primicias y revelaciones que revuelquen los momentos más trascendentales de nuestra Historia. Pero aún menos verán en ella rastro de lo que cultiva y engorda una reconocible parva: la de quienes tienen como meta única y esencial la de negarla y borrarla contra toda evidencia, testimonio o documento, y concluir en que nunca fuimos nada o, en todo caso, muy malos. La peste del Mundo, a su sectario juicio.

La intención y la propuesta son sencillas y humildes. Hacer un viaje por nuestra historia de la mano de los hombres y mujeres que, de una u otra manera, la forjaron. He optado, desde luego, por glosar y destacar a quienes considero que lo merecían, aunque algunos hayan caído en injustos olvidos o en señalamientos torticeros.

«La Verdad, el Tiempo y la Historia». Óleo sobre lienzo. Obra de Francisco de Goya

«La Verdad, el Tiempo y la Historia». Óleo sobre lienzo. Obra de Francisco de GoyaWikimedia Commons

Es palpable, y no la oculto, la predilección por quienes con su peripecia me han emocionado personalmente y con quienes me hubiera gustado compartir un momento, pasear por sus ciudades, navegar en sus barcos, caminar por sus caminos y que alguno llevara a Santiago, calentarme en una de sus hogueras la noche antes de la batalla o hasta disfrutar de una velada con alguna de aquellas damas y parecer que tengo de juglar la gracia que no quiso darme el cielo.

En suma, asomarme, y que ustedes atalayen conmigo, a aquellos tiempos y mirarlos con sus ojos y no con los nuestros de ahora, que esa es otra de las estupideces actuales y hasta convertidas en dogmas «modernos».

Antonio Pérez Henares posando junto a su nuevo libro 'Hijos de España'

Antonio Pérez Henares posando junto a su nuevo libro 'Hijos de España'Cedida

A eso los invito, aunque haya de ser a través de la lectura. Si alguno los atrapa y les hace querer conocerlo, habré dado mi misión por cumplida y, si acaban por dejar el libro «a mano», por echar, cuando se tercie o venga al pelo, un vistazo y refrescar otro pasaje y personaje, entenderé que hasta con nota.

Los lectores de El Debate, algunos ya se habrán dado cuenta y otros lo harán en cuanto ojeen el libro, se encontrarán además con bastantes conocidos. Hijos de España fue creciendo durante estos años de atrás en estas páginas hasta que al cabo emergió con fuerza la necesidad de aderezarlo todo y vestirlo con las galas de libro en este primer tomo. Porque seguro que también habrá lectores que echen de menos a algunos. No se preocupen. No están olvidados. Esperan su turno para salir a escena porque ellos la tienen aparte, dada su personalidad y desempeño, en su propio Corral de Comedias. Y hasta ahí puedo, por hoy, leer.

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