Cómo las botas militares de Wellington evolucionaron hasta convertirse en las actuales botas de agua
Cómo las botas militares de Wellington evolucionaron hasta convertirse en las actuales botas de agua
Nacidas como un calzado militar diseñado para el duque de Wellington, las botas impermeables acabaron conquistando Europa y, en España, adoptaron un nombre inesperado: katiuskas, por una popular zarzuela estrenada en 1931.
Los zapatos son también parte de la historia de la humanidad. Explican cómo evolucionan las civilizaciones, cómo era el terreno en épocas pasadas y, sobre todo, los avances tecnológicos de aquellas sociedades.
Ahora que empieza el otoño, las botas de agua recuperan su utilidad para poder pisar los charcos sin mojarse, aunque es un tipo de calzado que utilizan los pescadores, jardineros y trabajadores de otros sectores a lo largo de todo el año. Hasta el famoso oso Paddington vestía unas botas rojas llamadas Wellington, pero que en España solemos llamar katiuskas. ¿De dónde viene este nombre?
No hace falta irse muy lejos en el tiempo para descubrir que los zapatos de goma o los botines impermeables no surgieron hasta mediados del siglo XIX, en plena era de los inventos modernos.
Dibujo: Una bota Wellington - o la cabeza del ejército
El primer boceto en cuero suave es de Arthur Wellesley, primer duque de Wellington, que las diseñó en 1817. Sin embargo, no fue hasta mediados de siglo cuando las famosas botas empezaron a fabricarse de goma. En 1844 Charles Goodyear patentó el vulcanizado del caucho, es decir, la transformación química del caucho crudo en un material más duradero, elástico y resistente.
Casi diez años después, Hiram Hutchinson comenzó la producción industrial en Francia. Es a partir de entonces cuando empezó a emplearse el caucho y la goma para fabricar zapatos que pudieran repeler el agua. Eso era en Europa, pero, como pasa muchas veces, a España llegaron mucho más tarde y de una forma mucho menos práctica y más curiosa. «¡Atrás! ¡Porque muere quien toque a esa mujer! | ¡No es de valientes, no tiene excusa | quien no respete a la mujer rusa!».
Cartel de la zarzuela 'Katiuska, la mujer rusa'
Así empieza la canción principal de una opereta-zarzuela que se popularizó en la España de 1930. La obra es un drama ambientado en la Revolución rusa de 1917 que mezcla el amor y la política, en el que una mujer huye de los bolcheviques. Esta zarzuela de dos actos, con música de Pablo Sorozábal y libreto de Emilio González del Castillo y Manuel Martí Alonso, se estrenó con el nombre de Katiuska, la mujer rusa.
Unas botas nacidas de una zarzuela
La obra se estrenó el 27 de enero de 1931 en el Teatro Victoria de Barcelona y desde el primer día triunfó en toda España. Como parte del vestuario, la actriz salía al escenario con unas llamativas botas altas negras que tuvieron el mismo o más éxito que la propia zarzuela. Ya lo anunciaba el nombre de la obra: la mujer protagonista era Catalina, cuyo diminutivo en ruso es Katiuska.
Así que aquellas botas se popularizaron tanto que las mujeres iban por las zapaterías preguntando por «unas katiuskas» de goma. Una prenda que por entonces era complicada de encontrar en España, no así en otros países del continente europeo.
Las katiuskas no fueron una moda pasajera: con el paso de los años, los zapateros españoles empezaron a fabricar sus propias botas de goma y este tipo de calzado y su nombre se integraron en la cultura popular.
Décadas después, la Real Academia Española incorporó la palabra a su diccionario como voz propia para referirse a las botas de goma. Un triunfo de la zarzuela que se trasladó a los pies y al vocabulario de los españoles, pero que encuentra su origen etimológico en la Rusia de la Revolución.