El cuadro de Tiziano 'Carlos V en la batalla de Mühlberg'Museo del Prado

La batalla de Mühlberg, la gran victoria de Carlos V y los Tercios españoles contra los protestantes

El emperador Carlos V se puso personalmente al frente de sus Tercios en la primavera de 1547 para aplastar a la Liga de Esmalcalda, una alianza militar y política de príncipes y ciudades protestantes del Sacro Imperio Romano Germánico

Con gota, cansado por el paso de los años y rodeado de frentes políticos y militares que amenazaban su Imperio, el emperador Carlos V decidió, una vez más, encabezar sus ejércitos en una batalla desconocida para muchos, pero trascendental para el futuro de la Monarquía Hispánica.

En la primavera de 1547, el «rey-emperador» asumió personalmente la dirección de la campaña militar en Germania. Su objetivo era someter de una vez por todas a los príncipes luteranos que habían desafiado su autoridad.

La rebelión germánica comenzó en 1531, cuando varios príncipes protestantes, encabezados por el elector Juan Federico de Sajonia, constituyeron una alianza que llevaría el nombre de la localidad donde se gestó: la Liga de Esmalcalda. No era una cuestión exclusiva del ámbito teológico; la Liga tejió una red de pactos con los enemigos tradicionales del Imperio, como Francia y Dinamarca.

Juan Federico de Sajonia, retrato pintado por Tiziano

Pero toda esa tensión estalló en 1546 con la ocupación de varios territorios católicos y la expulsión de las tropas imperiales hasta los confines de Baviera, atacando directamente la hegemonía de los Austrias y la Monarquía Hispánica en el corazón de Europa.

Carlos V no se dejó amedrentar y reunió a los tercios españoles, curtidos en los campos de batalla de Italia y Hungría, bajo el mando del duque de Alba. A estos se sumaron regimientos valones y flamencos, fuerzas papales comandadas por Octavio Farnesio y un nutrido cuerpo de bohemios y austriacos liderados por el archiduque Fernando, hermano del emperador y rey de Bohemia.

Una batalla en el Elba

El momento cumbre de esta campaña militar sucedió en abril de 1547, en la batalla de Mühlberg, a orillas del Elba. Una táctica pulida y la rapidez con la que las tropas cruzaron el río supusieron la victoria frente a los protestantes, como atestigua una de sus crónicas: «Y así su Majestad y el serenísimo rey de los Romanos, su hermano, habiendo primero pasado los caballos ligeros y los húngaros con algunos arcabuceros españoles en grupa, y el duque de Alba con el duque Mauricio y su caballería, pasaron luego con el resto de la caballería con tanta presteza que en espacio de poco más de una hora se halló toda de la otra parte del río».

Batalla de Mühlberg, xilografía de Luis de Ávila y Zúñiga, 1550

El despliegue imperial cogió por sorpresa a sus enemigos: «escaramuzando con ellos y entreteniéndolos dio dentro con una gruesa carga de hasta mil doscientos caballos de los del duque Mauricio y la gente de armas de Nápoles, de tal manera que los enemigos comenzaron a desmayar […] fueron rotos y puestos en huida una hora antes de que se pusiera el sol, yendo los nuestros en su alcance toda la noche y parte del día siguiente», como relató don Luis de Ávila y Zúñiga, comendador y militar que participó en la campaña. En un intento desesperado por frenar el avance y permitir una retirada controlada, el elector de Sajonia ordenó a su caballería una carga frontal, pero fracasó estrepitosamente.

Los jinetes sajones terminaron huyendo en desbandada. La batalla terminó con la captura del elector y la rendición total de los restos de la Liga de Esmalcalda.

Además de los prisioneros, la Liga perdió aquel día casi la mitad de sus efectivos, entre muertos y heridos, frente a unas pocas bajas en las filas imperiales. La victoria de Carlos V en Mühlberg supuso el desmantelamiento de la unión creada por los rebeldes protestantes y el encarcelamiento de los príncipes que la encabezaban. Pero, ante todo, fue un triunfo militar que reforzó la autoridad de la Monarquía Hispánica y el catolicismo en sus posesiones del centro de Europa.