Cayetana Fitz-James Stuart en su estudio de pintura del Palacio de LiriaPalacio de Liria

Cayetana de Alba y la segunda vida del Palacio de Liria: la duquesa que reconstruyó su legado

El Palacio de Liria recupera la faceta más cultural y desconocida de la duquesa con una exposición disponible hasta el 31 de enero de 2027

Hay palacios que cuentan una historia y otros que, además, llevan el carácter de quien los habitó. El Palacio de Liria pertenece a esta segunda categoría. En el año en que se conmemora el centenario del nacimiento de Cayetana de Alba y los 70 años de la reinauguración del palacio tras su reconstrucción, una exposición vuelve la mirada hacia la mujer que hizo de Liria mucho más que una residencia familiar.

El recorrido, fruto de un trabajo de investigación iniciado en el Palacio de las Dueñas de Sevilla, propone descubrir a una Cayetana menos conocida: la coleccionista, mecenas, amante del arte y mujer que convirtió la conservación del patrimonio en una parte esencial de su vida.

Vista del pase gráfico de la exposición 'Cayetana. Grande de España', este miércoles en MadridEFE

La historia de Liria pasa inevitablemente por la Guerra Civil. En noviembre de 1936, el palacio fue bombardeado y saqueado. Solo quedaron en pie sus cuatro fachadas.

El XVII duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart, decidió entonces reconstruirlo y encargó el proyecto a su amigo, el arquitecto Sir Edwin Lutyens. No llegaría a verlo terminado. Tras su fallecimiento en 1953, fueron Cayetana y su marido, Luis Martínez de Irujo, quienes asumieron la tarea de culminar la reconstrucción, que concluyó en 1956 bajo la dirección del arquitecto Manuel Cabanyes.

Pero devolver Liria a la vida significaba mucho más que levantar de nuevo sus muros. Había que recuperar también su alma.

«Este es un lugar al que mi madre dedicó una parte esencial de su vida y que representa como pocos su compromiso con la conservación del patrimonio», expresa Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo.

La joven duquesa se implicó en la renovación de los interiores y en la recuperación de las colecciones, buscando por anticuarios de toda Europa piezas con las que devolver al palacio su antiguo esplendor. «Liria es mi obra más preciada», recuerda una de las frases que recoge la exposición.

Una duquesa entre artistas

Cayetana había crecido rodeada de arte. Su infancia y sus años en Inglaterra ayudan a explicar una sensibilidad que después se convertiría en una forma de vida. Su padre fue una figura fundamental en ese aprendizaje y le transmitió el amor por la cultura y por el patrimonio familiar.

A través de siete secciones temáticas, la exposición titulada Cayetana. Grande de España recorre su papel como coleccionista, mecenas y pintora, sus vínculos con la ópera, el cine, el flamenco y la moda, su proyección internacional y su labor solidaria.

Vista del pase gráfico de la exposición 'Cayetana. Grande de España', este miércoles en MadridEFE

A sus adquisiciones se incorporaron obras de artistas como Gustave Courbet, Camille Corot, los impresionistas, Antonio María Esquivel, Julio Romero de Torres o Anglada Camarasa, configurando una colección en la que también quedó reflejado su interés por la historia y la identidad cultural de España, tal y como se explica en la muestra.

La exposición permite descubrir esa Cayetana que quizá ha quedado escondida detrás de sus famosos retratos: una mujer que no solo fue retratada, sino que mantuvo una relación activa con los artistas y con la creación.

También la fotografía ocupó un lugar importante. La duquesa posó para autores como Juan Gyenes, Cecil Beaton o Richard Avedon, convirtiéndose en una de las figuras más reconocibles de su tiempo, al tiempo que defendió la fotografía como una forma de arte.

Liria, una casa abierta a la cultura

En las salas aparece también el Liria que fue durante décadas un punto de encuentro cultural de Madrid. El libro de firmas de la Casa de Alba conserva las huellas de artistas como Miró o Dalí, testimonio de aquella casa abierta a la creación y al intercambio.

Es quizá ahí donde la exposición encuentra su mejor argumento: Cayetana no solo heredó una colección, la hizo crecer. No solo recibió un palacio, lo reconstruyó y lo volvió a llenar de vida.

Vista del pase gráfico de la exposición 'Cayetana. Grande de España', este miércoles en MadridEFE

«La reconstrucción y redecoración de Liria fue uno de los grandes proyectos de su vida y creo que esta exposición permite comprender hasta qué punto ese sentido del deber convivía en ella con una personalidad profundamente vital, curiosa y abierta a su tiempo», asegura el duque de Alba.

A través de retratos, fotografías, documentos y obras de arte, el visitante descubre a una duquesa distinta: creativa, coleccionista, mecenas y profundamente comprometida con la cultura.

«Queríamos que la exposición mostrara no solo a la duquesa de Alba, sino también a la mujer, su manera de mirar el mundo, sus pasiones, sus afectos y esa libertad tan personal con la que vivió», comenta Eugenia Martínez de Irujo, una de las comisarias de la exposición.

Doña Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, en el salón Goya del Palacio de LiriaPalacio de Liria

Porque Liria nació dos veces. Y en esa segunda vida, la figura de Cayetana resulta inseparable de sus muros. «El Palacio de Liria no es sólo el escenario de la exposición, sino parte esencial de su vida y del panorama cultural y social de la ciudad durante 250 años, y en última instancia de la modernidad de España que la duquesa encarnaba», considera Cristina Carrillo de Albornoz, comisaria de la exposición.

Setenta años después de su reinauguración, esta exposición funciona como un recordatorio de que detrás del palacio que hoy conocemos hubo una mujer que dedicó buena parte de su vida a reconstruirlo, enriquecerlo y mantener vivo el legado de la Casa de Alba.