Carga del Regimiento de Dragones Lusitania durante la batalla de la Madonna del Olmo
Picotazos de historia
La batalla en la que el Regimiento Lusitania se convirtió en los «dragones de la Muerte»
El Regimiento Lusitania se ganó en Cuneo uno de los distintivos más singulares de la caballería española: la calavera con las tibias cruzadas
Con fecha de 18 de diciembre de 1709 se emitió una Real Orden, a propuesta del señor don Jaime Miguel de Guzmán-Dávalos y Spínola, conde de Pezuela de las Torres, para que se creara un nuevo regimiento de dragones.
Los dragones eran un tipo de unidad militar cuya creación se atribuye tradicionalmente al mariscal francés Charles de Cossé, conde de Brissac, compuesta de infantería montada o a caballo; más concretamente, eran arcabuceros montados. Lo que se buscaba eran unidades de infantería con una alta movilidad.
Por primera vez se documenta el uso de la denominación «dragón» para los miembros de esta nueva unidad en un informe francés de 1554. Esta tropa evolucionaría transformándose en una unidad de caballería cuyo armamento principal sería un arma de fuego (carabina, tercerola, etc.); el sable, como arma secundaria, y, además, se acompañaría de alguna herramienta (zapapico, hacha, etc.) por si había que realizar alguna función de zapadores o de atrincheramiento.
En cuanto al nombre de dragones, no existe unanimidad en su atribución. Unos opinan que fue debido a un tipo de arma de fuego corta y de terrible efecto a corta distancia, como sería el caso de un trabuco o un retaco; otra versión alude a que los dragones eran el distintivo característico en los estandartes de las primeras unidades y que de ello derivó su nombre. Las dos versiones son igualmente válidas.
Volviendo al regimiento que nos interesa, con fecha de 10 de febrero de 1718 pasó a denominarse Regimiento Lusitania, 10.º de Dragones.
Ahora, con su benévolo permiso, vamos a trasladarnos a los campos de Italia. La fecha en la que nos encontramos es la del 30 de septiembre del año 1744. El lugar está cerca de la ciudad piamontesa de Cuneo. Europa está en guerra por causa de la sucesión a la Corona imperial.
Regimiento de Cazadores de Lusitania (conocidos como los «Dragones de la Muerte»). Obra de Augusto Ferrer-Dalmau
El último emperador fue Carlos VI, de la Casa de Habsburgo, quien promulgó una Pragmática Sanción (decreto de gran importancia que dictaba el soberano con fuerza de ley fundamental) para permitir que su hija María Teresa sucediera en la Corona imperial y en los territorios patrimoniales de la Casa de Habsburgo.
Como suele suceder en estos casos, la Pragmática fue impugnada por los mismos que la firmaron exactamente en el momento en que Carlos VI murió, iniciándose así el conflicto conocido como guerra de Sucesión Austriaca.
En esta compleja situación, España estaba aliada con Francia y Prusia (gobernada por un pícaro Federico II que había echado mano de Silesia para gran cabreo de María Teresa), junto con varios Estados menores. Se enfrentaban a la coalición formada por el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio ruso, Gran Bretaña, Sajonia, los Países Bajos y Cerdeña.
Ese mencionado día 30 de septiembre, el rey de Cerdeña, Carlos III, al mando de una fuerza combinada de tropas sardas y austriacas compuesta por unos veinticinco mil soldados, se enfrentaba a las tropas franco-españolas, bajo el mando del príncipe de Conti y del infante Felipe de Parma, formadas por unos veintiséis mil soldados que estaban poniendo sitio a la ciudad de Cuneo.
Iniciada la batalla, las tropas del rey de Cerdeña presionaron con gran dureza hasta conseguir abrir una brecha en el Regimiento de Infantería de Lyon. Desde la segunda línea borbónica avanzaron los regimientos Numancia y Lusitania para taponar la brecha y frenar al enemigo.
Desmontados, abrieron fuego con sus armas hasta conseguir detener el avance. El comandante en jefe del Regimiento Lusitania, coronel don Francisco Remírez de Esparza, viendo vacilar al enemigo al ser detenido por el fuego de sus tropas, decidió pasar a la ofensiva y dio la orden de botasilla (montar) y dirigió la carga contra el enemigo.
A esta carga se sumó un escuadrón del Regimiento de Dragones Batavia, que se había unido a ellos –el Regimiento Batavia sería redenominado Almansa y es el antecesor del regimiento que actualmente lleva este nombre– y que también cargaría ciegamente.
Las cargas pretendían atacar los flancos de la columna austro-sarda y se llevaron a cabo bajo unas terribles condiciones, ya que los españoles recibían fuego de fusilería desde el flanco. Otra grave dificultad a la que se enfrentaron fue el terreno, lleno de cercas, huertos, viñas, etc., que dificultaban el avance de los caballos. Al menos seis cargas se llevaron a cabo; al final, los caballos estaban tan agotados que apenas podían ir al paso.
Estabilizada la línea y frenado el ataque, cuyo impulso fue absorbido casi en su totalidad por el Regimiento Lusitania, se fue apagando el ímpetu ofensivo de las tropas del rey de Cerdeña, quien, viéndose tácticamente superado, aprovecharía el anochecer para llevar a cabo una retirada.
Esta batalla, que pasaría a la historia con los nombres de batalla de Madonna del Olmo o de Cuneo, supuso una derrota, pero no tendría graves consecuencias estratégicas para el bando austriaco. El derrotado sufrió la pérdida de unos cuatro mil quinientos soldados entre muertos, heridos y prisioneros, amén de tres banderas y el mismo número de cañones que fueron capturados. Las tropas de Conti sumaban unas dos mil bajas en total.
Batalla de Madonna del Olmo
El heroico Regimiento Lusitania, que tan destacado papel había representado durante el combate, había quedado muy mermado. Dos tercios del regimiento estaban muertos o heridos. Cuando formaron los restos, se encontraron con que el coronel, herido como estaba, era el único oficial presente. Todos los demás estaban muertos o heridos.
Tanto el príncipe Luis Francisco de Borbón-Conti como el infante de Parma elevaron muy elogiosos partes explicando la heroica conducta del Regimiento Lusitania. Felipe V, asombrado y agradecido, a lo largo de los tres primeros meses del año 1745 emitió sucesivas reales órdenes por las cuales se otorgaba una serie de privilegios y distintivos al regimiento:
–El Regimiento Lusitania lucirá desde entonces la calavera con las tibias cruzadas como distintivo, tanto en las monturas como en los morriones y bocamangas (luego sustituidas por unos triángulos). Desde entonces, el regimiento también será conocido como los Dragones de la Muerte.
–El uso del color amarillo será el distintivo del regimiento, realzado por los vivos de color negro en el cuello y las bocamangas, en luto por los caídos.
–El estandarte recibirá el añadido del lema «Lusitania tessera omnis armatura fortier» («Lusitania con su estandarte es más fuerte que cualquier armadura»).
–Ítem más: para eterna memoria y luto por los caídos, de la moharra del estandarte del regimiento penderá una corbata negra.
Así fue como el Regimiento de Caballería Lusitania se ganó el tétrico y espectacular distintivo.