Visita del Rey Alfonso XIII a la Escuela Indígena en Melilla. En la foto se encuentra Ben Mizzian y su padre
Alfonso XIII, el primer Rey que visitó Ceuta y Melilla para reafirmar la presencia de España en África
Este monarca visitó estas ciudades españolas en 1904, 1911 y 1927, aunque también lo intentó en 1921 pero ¿por qué no fue en ese año?
En mayo de 1904, Alfonso XIII, acompañado del ministro de la Guerra, visitó Melilla, las islas Chafarinas y Ceuta en un viaje de reafirmación española de estas ciudades frente a las ambiciones de otras potencias. Recibió honores militares, ovaciones y vivas de la multitud al atravesar las calles, y los periódicos subrayaron la actitud respetuosa de musulmanes y judíos.
El monarca presidió los tedeums en las iglesias de Melilla y Ceuta, sin descuidar el rezo en la pequeña iglesia de las Chafarinas. En las comandancias militares hubo recepciones en las que se le presentaron las autoridades civiles, religiosas y militares. La visita a las plazas incluyó los campamentos y las principales defensas, además de la colocación de la primera piedra del puerto de Melilla.
En Ceuta presidió el desfile de tres mil soldados y oficiales de la Comandancia General desde una tribuna árabe realizada por el Ayuntamiento. La presteza y la energía del Rey fueron resaltadas por los periodistas, al aludir a que Alfonso XIII dirigió el timón del barco Giralda, practicó el tiro y salvó obstáculos.
Alfonso XIII, acompañado por el coronel Eugenio Sanz de Larín, jefe del Tercio, pasa revista a las fuerzas legionarias en la ceremonia de entrega de la primera bandera a esta unidad
El monarca impresionó a los nativos por la sencillez de su presencia, al vestir uniforme de campaña sin más condecoración que la cruz de las cuatro órdenes militares.
En Melilla, Alfonso XIII visitó el campamento de la cabila de Frajan, bajo la protección española, y asistió al zoco creado en su honor. Recibido con música y descargas al aire de fusiles, presidió la fiesta de «correr pólvora», junto a más de 600 cabileños que acudieron a Ceuta para aclamarlo y saludarlo en su visita a los fuertes exteriores. Y es que la alegría en las calles ante la visita regia fue evidente, ya que se trasladaron a ellas personas de diversos puntos de la costa norteafricana a través de vapores que llegaron desde Orán a Melilla.
En Ceuta destacaron los arcos triunfales, construidos en diferentes calles y pagados por varias instituciones locales y cuerpos militares. El Rey se interesó por el estado de las infraestructuras y el viaje demostró que resultaba necesario impulsarlas en relación con los crecientes intereses de España en el norte de África.
Animó a que finalizaran las obras paralizadas del puerto de las islas Chafarinas y se interesó por las minas subterráneas que comunicaban las posiciones defensivas. En Ceuta visitó el mausoleo a los caídos en la guerra africana de 1859 a 1860, muestra de su interés por la historia militar. No obstante, la prensa insistió en las buenas relaciones con los nativos cercanos a las dos plazas españolas, manifestadas en sus líderes, que transmitieron a Alfonso XIII su deseo de entenderse con España antes que con Francia y Gran Bretaña.
Imágenes de la Plaza fuerte de Melilla en 1909
Tras la campaña de Melilla de 1909, con victoria de las armas españolas, el Rey visitó la ciudad a comienzos de 1911. El Rey dispuso la primera piedra del monumento a los caídos en la citada acción militar, sufragado por una suscripción nacional organizada por una comisión femenina, que había de situarse en el cementerio melillense. Se presentó, igualmente, delante de las tumbas de varios oficiales y soldados muertos en la guerra.
Por esos días, un temporal azotó el puerto de la plaza y el Rey acudió a los lugares que sufrieron las consecuencias del mal tiempo e inspeccionó los desperfectos ocasionados. Su comitiva alcanzó Nador, donde el Monarca visitó el campamento militar y las minas, avanzando hasta una altura desde donde se contemplaban la llanura de Bu-Erg y la Mar Chica, y mantuvo encuentros con jefes locales. Después, viajó en tren hacia Segangan y Atlaten, visitando los reductos y fortificaciones de Taxdirt –lugar famoso por una carga de caballería al mando de Cavalcanti–, donde rindió homenaje ante el monumento en memoria de las víctimas de esos combates.
En julio de 1921 se produjo el desastre de Annual, que conmovió a la nación. Los españoles apoyaron al nuevo Gobierno de concentración, bajo la presidencia de Antonio Maura, que decidió emprender una campaña de reconquista de los territorios perdidos a partir de septiembre. El Rey estuvo permanentemente informado de dicha campaña, ayudando en la recaudación de dinero y material, animando a las tropas en la Península y ejerciendo su papel institucional, pero quiso reunirse con las tropas españolas en Melilla.
El ministro de la Guerra, Juan de la Cierva, fue enviado por el Gobierno en diciembre para inspeccionar los hospitales, encontrarse con los mandos, evaluar la situación de los soldados y averiguar más noticias sobre los prisioneros españoles en manos de los rifeños. Alfonso XIII le pidió que evaluara también la posibilidad de que él visitara Melilla para estar con los que combatían.
Finalmente, De la Cierva desaconsejó el viaje por la peligrosidad y porque supondría una comprometida identificación entre la Corona y el desarrollo de la campaña de reconquista si esta fracasaba, que no fue el caso. Por lo cual, finalmente, el Rey no viajó a Melilla; tan solo pudo volver a esa ciudad, y también a Ceuta, en su viaje del otoño de 1927. En ese momento, las campañas del Rif cesaron con victoria española y la situación se normalizó en paz, por lo que el Gobierno autorizó el viaje de los Reyes al Protectorado.