El instante decisivoFernando Quintela

El naufragio de Pedro Sánchez: cuando un gobierno empieza a hundirse antes de desaparecer

Ante el 29-N, la cuestión de fondo trasciende la supervivencia de Sánchez. Una democracia no se hunde automáticamente porque un presidente pierda apoyos, convoque elecciones o necesite pactos

El barco se hunde de la mano del PSOEFernando Quintela

Hay fotografías, como esta, que parecen tomadas después de que todo haya terminado porque no muestran el proceso del naufragio, sino sus consecuencias. Aquí se adivina una pequeña embarcación sumergida bajo el agua, abandonada a su suerte, mientras un cabo atraviesa diagonalmente la imagen sin que nadie parezca dispuesto a tirar de él.

No hay tripulantes, rescatadores ni testigos; solo agua, lluvia y una presencia fantasmal bajo la superficie. El barco ya no navega, pero tampoco ha desaparecido. Permanece allí, como esas cosas que dejamos hundirse a poquitos porque confiamos en que alguien acabará ocupándose de ellas.

El norteamericano Todd Hido construye buena parte de su universo fotográfico alrededor de esa sensación de ausencia. Sus casas iluminadas en mitad de la noche, sus ventanas empañadas y sus paisajes solitarios parecen contener el instante posterior a una despedida.

No sabemos quién estuvo allí, pero sentimos que alguien acaba de marcharse. Y el británico Michael Kenna, maestro de los paisajes silenciosos y las largas exposiciones, ha llevado esa reducción todavía más lejos: sus fotografías nos obligan a detenernos, a alejarnos del ruido y a observar aquello que con frecuencia pasa inadvertido. El silencio no es ausencia de información; es otra manera de contarla.

Esta imagen es una mezcla de ambas miradas con una diferencia esencial: aquí hay algo que debería estar a flote y ya no lo está.

La composición descansa sobre una diagonal que nace en el ángulo inferior izquierdo y se pierde hacia la parte superior. Es el cabo cubierto de restos vegetales el que conduce nuestra mirada hasta la embarcación. El casco sumergido aparece como una mancha luminosa entre verdes profundos y reflejos violáceos.

Las gotas de lluvia dibujan centenares de círculos concéntricos que fragmentan la superficie. No hay horizonte ni cielo visible. Todo ocurre en un plano cerrado, sin escapatoria, donde el agua se convierte simultáneamente en escenario y sepultura.

La fotografía podría ser una abstracción de color si no reconociéramos lo que esconde; y ahí reside su dramatismo: cuanto más atractiva resulta la superficie, más inquietante se vuelve aquello que permanece debajo.

La política española ofrece estos días una imagen que invita a establecer ese paralelismo. Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre después de una legislatura marcada por las mentiras, la corrupción y las dificultades para reunir mayorías parlamentarias.

La ruptura con Junts y el bloqueo de iniciativas legislativas han debilitado la estabilidad de la coalición. Los socios que hicieron posible la investidura (Junts, EH Bildu, Podemos y otras formaciones) nunca constituyeron una tripulación homogénea: cada uno mantenía sus propios intereses y exigencias.

El cabo de la fotografía puede representar esos acuerdos que mantuvieron a flote al gobierno. Una cuerda sirve para sujetar una embarcación, pero también puede convertirse en un obstáculo cuando demasiadas manos tiran de ella en direcciones diferentes.

La metáfora, sin embargo, tiene sus límites: mientras Junts ha roto su colaboración, otras fuerzas siguen explorando acuerdos electorales y parlamentarios. El PSOE negocia incluso posibles candidaturas conjuntas al Senado con partidos de su espacio político.

Ante el 29-N, la cuestión de fondo trasciende la supervivencia de Sánchez. Una democracia no se hunde automáticamente porque un presidente pierda apoyos, convoque elecciones o necesite pactos. Su resistencia depende de que las instituciones funcionen, las decisiones puedan fiscalizarse y los gobernantes acepten los límites de su poder.

Con Sánchez no ocurre ninguno de estos escenarios. Quienes cuestionan la gestión del Ejecutivo pueden ver en la fotografía una advertencia sobre el desgaste institucional; quienes lo respaldan pueden interpretar las elecciones como una oportunidad para recuperar estabilidad.

Vuelvo entonces a la embarcación: la lluvia continúa cayendo sobre ella, indiferente, y el cabo permanece tendido, aunque no sabemos si todavía está sujeto a algo capaz de sostenerlo. No vemos el momento en que comenzó a entrar agua ni conocemos las decisiones que precedieron al hundimiento.

Eso es lo que interesa de esta imagen y de su posible lectura política: un naufragio político no comienza cuando el barco desaparece bajo la superficie. Suele empezar mucho antes, cuando quienes lo gobiernan dejan de reconocer que está entrando agua.