El reino olvidado de España que llegó a dominar gran parte de la Península y dio origen a tres reinos

El reino olvidado de España que llegó a dominar gran parte de la Península y dio origen a tres reinos

El brillante reino de Nájera fue decisivo en nuestra historia. Fue un gran impulsor de la Reconquista, heredero de las tradiciones hispánicas como comunidad de destino y cuna de los reinos de Castilla, Aragón y Navarra

Los reinos hispánicos en la Alta Edad Media tuvieron cierto carácter de provisionalidad, con territorios y dinastías volátiles. La palabra «reino» proclama una pretensión de soberanía absoluta que no aceptaba ninguna autoridad superior. Otra singularidad fue el carácter personal de la monarquía. La condición de rey se basaba en una autoridad aceptada en un territorio difuso y reconocida por autoridades vecinas.

Eran, además, soberanías que no reconocían frontera hacia el sur. Los reinos se consideraban llamados a progresar por la Península hasta culminar la sagrada tarea de recuperar el territorio usurpado por los musulmanes.

Estos reinos fueron trasladando sus capitales hacia el sur, según avanzaban las conquistas, para situarlas en lugares menos excéntricos y más próximos a las zonas fronterizas, de donde procedían los peligros y las oportunidades. El reino de Oviedo se transformó en el reino de León y el reino de Aragón fue trasladando su capital de Jaca a Huesca y de Huesca a Zaragoza.

Navarra no fue diferente. En la zona nororiental de la Península el predominio musulmán se perpetuó más tiempo que en la noroccidental. No hubo avances hasta el siglo IX con la acción de los carolingios. El valle del Ebro se consolidó como un territorio musulmán, aunque con una importante presencia cristiana.

Inicialmente, los conversos Banu Qasi (Hijos de Casio) mantuvieron una relación con los núcleos pirenaicos, entre los que destacaba Pamplona, en manos de una familia, los Arista, pronto considerados como «reyes de Pamplona».

La llegada de la dinastía Jimena con Sancho Garcés I inauguró una fase expansiva del reino de Pamplona, estimulada por los contactos con el dinamismo de los leoneses. Las fronteras cristianas se extendieron hasta más allá del Ebro. Pamplona conquistó una franja que se extendía desde Miranda de Ebro hasta Tudela.

Sancho Garcés I de Pamplona

Tierras fértiles y densamente pobladas que doblaron la extensión del reino pamplonés. Por algún oscuro motivo, Sancho decidió conceder en 923 las nuevas posesiones a su hijo García Sánchez II con el título de rey de Nájera.

El saqueo y la destrucción de Pamplona por Abderramán III en 924 y la muerte de su padre hicieron que la corte se trasladase definitivamente a Nájera. García realizó una gran actividad repobladora en los nuevos territorios.

Sus sucesores, Sancho II Abarca y García Sánchez II, «el Temblón», tuvieron que lidiar con Almanzor. Derrotados una y otra vez, Sancho perdió a su hijo Ramiro tras la desastrosa batalla de Rueda, en la que lideró a las fuerzas cristianas junto al rey de León y el conde de Castilla. García Sánchez, tras sucesivas derrotas, tuvo que peregrinar a Córdoba para implorar clemencia del caudillo andalusí.

Luego vino Sancho III, hijo y nieto de castellanas. Su abuela Urraca, hija de Fernán González, fue el sostén de la corona durante su minoría de edad y la principal influencia de su vida. Durante su reinado, el reino de Nájera-Pamplona alcanzó su mayor extensión e influencia. Llegó a extenderse desde el Atlántico a Cataluña.

Hizo avanzar la frontera hacia el sur y consiguió extender su supremacía a casi todos los reinos cristianos españoles, bien por dominio directo o por vasallaje. Sus vecinos le consideraron un monarca de dimensión hispánica, Rex Ibericus, según el abad Oliba, o Imperator Totius Hispaniae, tras apoderarse del reino de León.

Sancho consolidó a Nájera como capital de sus inmensos dominios. En la ciudad se reunía la curia regia, a la que asistían nobles y obispos de todo el reino. En ella se celebraron cortes y se recibió a embajadores.

También se instaló la primera ceca de la España medieval y se establecieron influyentes tradiciones jurídicas, que a través del Fuero de Nájera influyeron en el derecho nacional. La convirtió también en uno de los puntos focales del Camino de Santiago.

En su testamento dividió sus posesiones entre sus cuatro hijos. El mayor, García Sánchez III, conocido como «el de Nájera» porque allí nació, reinó y fue enterrado. La embelleció con monumentos como el monasterio de Santa María la Real, luego panteón real de la dinastía. Murió en la batalla de Atapuerca, en discordia familiar con su hermano Fernando de Castilla. Su hijo Sancho IV fue proclamado rey en el propio campo de batalla. Último rey de Nájera, fue asesinado en 1076 por su hermano Ramón, que le despeñó por el precipicio de Peñalén mientras cazaba.

Tumbas de los reyes de Nájera-Pamplona en el monasterio de Santa María la RealWikimedia Commons

La crisis que siguió a su asesinato fue definitiva. El rechazo del reino a aceptar que el hermano fratricida le sucediera acabó entregando la corona a su primo Sancho Ramírez, conde de Aragón, que unió ambos territorios.

A la muerte de Alfonso I el Batallador, su estrafalario testamento, que dejaba la corona a las órdenes militares, fue rechazado por navarros y aragoneses. A partir de entonces, la zona correspondiente al antiguo reino de Pamplona se independizó y dio lugar al nuevo reino de Navarra.

Así finalizó el brillante reino de Nájera, decisivo en nuestra historia. Fue un gran impulsor de la Reconquista, heredero de las tradiciones hispánicas como comunidad de destino y cuna de los reinos de Castilla, Aragón y Navarra.