San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. Obra de Enrico ReffoEnrico Reffo

Picotazos de historia

Los santos patronos más curiosos: quién protege a los políticos, los ladrones o los que tienen resaca

La elección del patrono quedará, desde entonces, sujeta a la aprobación por parte del colectivo, el concejo municipal, el clero y el obispo de la diócesis. Si no cumple con todas las aprobaciones, no puede ser declarada válida

En un artículo anterior les hablé a ustedes acerca de los santos y la celebración de la onomástica por parte de los bautizados. Hoy quisiera continuar con los santos, pero enfocándonos en su función de patronazgo.

El patronazgo significa que una figura que ha alcanzado, después de un proceso de canonización, el reconocimiento oficial de la Iglesia por el grado heroico de sus virtudes cristianas es oficialmente declarada protectora o intercesora especial ante Jesucristo de un colectivo concreto, bien por profesión, actividad, ciudad, etc. Tengan en cuenta que los santos nunca son adorados por sí mismos, sino venerados como intercesores. Son puentes de comunicación con el Altísimo.

Si bien encontramos desde muy temprano templos e iglesias puestos bajo la advocación de este o aquel santo o de la Virgen, la aparición de santos o vírgenes como intercesores de un colectivo concreto, en especial de los miembros de una profesión, es algo que se producirá durante la Edad Media, con el surgimiento, la estructuración y la consolidación de los gremios profesionales en las ciudades.

Los gremios eran corporaciones de artesanos, comerciantes o trabajadores de un mismo oficio o especialidad que se jerarquizaban y estructuraban para proteger colectivamente sus intereses.

Estos gremios buscaron ponerse bajo el amparo y la protección –toda ayuda es poca– de algún santo reconocido cuya actividad o profesión tuviera alguna relación con la suya, como san Crispín y san Crispiniano, que eran zapateros y son los patrones de esta profesión. En este caso concreto, la advocación fue elegida en el año 1379 por el rey Carlos V de Francia, cuando se instituyó oficialmente el gremio de zapateros de París.

La selección y elección de un patrono, por regla general, a menos que interviniera directamente una autoridad superior (Rey, Papa, obispo, etc.), quedaba a la decisión del colectivo interesado, siendo facultad del obispo de la ciudad aprobar o no la elección. Esto dependía de las circunstancias concretas de la ciudad y la región.

No existían unas regulaciones generales en lo que a esta materia se refiere hasta que la Sagrada Congregación de Ritos, bajo el pontificado del Papa Urbano VIII, publicó la primera. El Decretum pro patronis fue promulgado el 23 de marzo de 1630 y, por primera vez, se estableció que solo podrían ser declarados patronos aquellos que hubieran sido declarados oficialmente santos. Ni beatos, ni venerables, ni el vecino del quinto. Solo santos.

La elección del patrono quedará, desde entonces, sujeta a la aprobación por parte del colectivo, el concejo municipal, el clero y el obispo de la diócesis. Si no cumple con todas las aprobaciones, no puede ser declarada válida. Una vez aprobada por todos, la decisión será comunicada a la Sagrada Congregación de Ritos, en Roma, que tiene que dar su validación para permitir la aprobación apostólica.

Continúa el Decretum limitando la figura de los copatronos o patronos secundarios, de la que se habían dado abusos y exageraciones, soliviantando a otros gremios al considerar que se estaban apropiando de patronos que no debían.

San Arnoul tras renunciar a sus cargos, alrededor de 1680

En 1365 se produjeron importantes disturbios en la ciudad de Ratisbona entre los cerveceros laicos y religiosos, los toneleros y los panaderos. Los conflictos empezaron por la común vinculación con san Arnulfo de Metz. Este santo varón predicó, como medida profiláctica contra la peste, que se dejara de beber agua y, en su lugar, se bebiera cerveza. No es de extrañar que su nombre fuera bendecido por quienes trataban con la cerveza, la cebada, el lúpulo, los toneles, etc.

El 19 de marzo de 1973, el Papa Pablo VI publicó unas nuevas directrices. Las Normae de patronis constituendis redefinieron la figura del patrono y establecieron que los beatos, previa autorización especial, también podían ser elegidos como patronos. Básicamente, se actualizaba una legislación que había permanecido inmutable desde su constitución en el siglo XVII, flexibilizando la elección por los interesados y los trámites de aceptación.

Hoy en día tenemos intercesores o patronos para prácticamente cualquier actividad. Ya les mencioné antes a san Arnulfo, uno de cuyos milagros fue la multiplicación de las jarras de cerveza. También tenemos a san Urbano de Langres, que, entre otros casos, se ocupa de los alcohólicos y los resacosos. Los cornudos, de ambos sexos, están bajo la advocación y el cuidado de santa Gúdula. San Gengulfo, marido engañado, también tiene algo que decir en este campo.

San Drogo, patrón de los feos

Las prostitutas –con perdón– tienen legión de protectores. Entre ellos encontramos a santa Afra, santa Tais, María Magdalena, san Nicolás de Bari (que también lo es de los niños, los contrabandistas, etc.), santa María Micaela, santa María de Edesa, san Vital de Gaza (famoso porque se gastaba todo su dinero con ellas), etc.

San Drogo es el santo patrón de los feos (que también son criaturitas de Dios) y de los barmen (ahora los llaman baristas). El porqué de la relación entre ambos no se me alcanza, pero ¿quién soy yo para discutir? Los ladrones y bandidos siempre pueden contar con san Dimas, el buen ladrón. San Julián el Hospitalario acoge a los asesinos y criminales convictos.

El Papa Pío XII inició un proceso de reforma y actualización de los patronazgos, instituyendo la festividad de san José Obrero y nombrando a santa Clara de Asís patrona de la televisión y a Nuestra Señora de Loreto patrona de la aviación.

Los políticos –¡libera nos, Domine!– están bajo la protección de santo Tomás Moro por decisión de san Juan Pablo II desde el año 2000. El Papa Francisco decidió que san Luigi Scrosoppi, desde el año 2010, fuera el santo patrón del fútbol: jugadores, aficionados, miembros de clubes... El paquete completo.

Los informáticos y programadores cuentan con santa Tecla –muy apropiada– y con san Carlo Acutis. San José de Cupertino, a quien le daba por levitar, protege a los pilotos, al personal de a bordo y a los pasajeros, a los astronautas, a los estudiantes y examinados y a los que no brillan por su intelecto. Parafraseando al torero: «Hay santos patronos pa tó».