Soldados de la Compañía Easy celebran el Día de la Victoria en Europa en Berchtesgaden, 1945

Los soldados que celebraron la derrota de Hitler bebiéndose el alcohol que guardaba en el Nido del Águila

El lucrativo botín que se encontraba dentro del refugio de Hitler era demasiado tentador, no solo para los estadounidenses, sino también para los franceses: la carrera había comenzado

En los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, el mando aliado temía la existencia de un «reducto nacional» en Baviera y Austria, donde miles de nazis reacios a rendirse podrían refugiarse en las escarpadas montañas, abastecerse con las abundantes provisiones acumuladas durante años y librar una guerra de guerrillas.

Pero poco a poco aquella preocupación fue desapareciendo y, en consecuencia, Berchtesgaden, ciudad bávara donde se encontraba el famoso refugio de montaña de Adolf Hitler, el Nido del Águila, pasó de ser objetivo estratégico a uno de prestigio: aquel chalé había sido un regalo oficial del Partido Nazi al führer por su 50.º cumpleaños.

Debía ser una extensión del complejo de Obersalzberg, donde varios de los principales lugartenientes, como Martin Bormann, Albert Speer o Hermann Göring, tenían sus residencias. Pero debido al miedo a las alturas de Hitler, el dictador acabó visitando el Nido del Águila tan solo en 14 ocasiones.

Aun así, el Nido del Águila –que el pasado 26 de octubre fue arrasado por un incendio provocado– fue el lugar donde recibió a personalidades extranjeras como el ministro de Asuntos Exteriores italiano, el conde Gian Galeazzo Ciano, y el embajador francés André François-Poncet, o donde el dictador alemán se encontraba con su círculo más cercano. Por ello, todas las unidades aliadas en la zona deseaban fervientemente capturar Berchtesgaden.

El lucrativo botín que se encontraba dentro del refugio de Hitler era demasiado tentador, no solo para los estadounidenses, sino también para los franceses: la carrera había comenzado.

En la mañana del 4 de mayo de 1945, el 506.º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101.ª División Aerotransportada partió para tomar el nuevo objetivo. Pero sería el 7.º Regimiento de Infantería de la 3.ª División de Infantería estadounidense el que llegó primero. «Tomaron Berchtesgaden sin disparar un solo tiro», indica el Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial de Nueva Orleans.

La unidad estadounidense desplegó por la ciudad un pelotón y avanzó montaña arriba hacia Obersalzberg. Al llegar al Berghof, la residencia de Hitler, descubrieron que toda la zona había sufrido graves daños a causa de un bombardeo de la RAF el 25 de abril.

«Aunque los edificios de la zona quedaron prácticamente destruidos, los hombres descubrieron despensas bien surtidas, aún intactas, que contenían cantidades de licores, vinos, quesos y conservas», señala la página del museo.

Los soldados de la 3.ª División de Infantería descorcharon algunas de las botellas y brindaron entre las ruinas de la residencia de Hitler antes de regresar a Berchtesgaden.

Poco después, en aquella misma tarde, llegó a la localidad la 2.ª División Blindada francesa, cuyos integrantes ascendieron a la mañana siguiente hasta el Nido del Águila, que no había sido alcanzado por los bombardeos aliados, y realizaron el descubrimiento más jugoso de todos: «una bodega que contenía aproximadamente medio millón de botellas del mejor vino, champán y coñac imaginable», indica el Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial.

Soldados de la 3º División de Infantería en Berghof, 4 de mayo de 1945Archivos Nacionales Estados Unidos

Los franceses quisieron quedarse con todo, pero el problema era que los alemanes habían inutilizado el ascensor del Nido del Águila antes de huir. Pero aquello no les paró, según narra el Museo, los soldados hicieron subir a sanitarios con sus camillas para bajar el botín hasta un aparcamiento: «Allí, los franceses vaciaban el equipo de sus tanques para meter la mayor cantidad posible de cajas de la valiosa carga. Incluso vaciaron el agua de sus cantimploras para llenarlas de vino».

Los últimos en llegar fueron los hombres de la 101 ª División Aerotransportada; sin embargo, fueron los que más tiempo se quedaron. Tal y como cuenta Larry Decuers, antiguo conservador del Museo Nacional de la Segunda Guerra Mundial y veterano de la 101.ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos, el 2.º Batallón del 506.º Regimiento de Infantería Paracaidista fue el elemento principal de la 101.ª en llegar, y los oficiales y soldados comenzaron a asegurarse los mejores alojamientos de la ciudad.

El coronel Sink, comandante del 506.º, se reunió con el comandante del 7.º Regimiento de Infantería de la 3.ª División de Infantería y le informó que la 101.ª los relevaba. El Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada ordenó a los hombres de la 3.ª División de Infantería en Berchtesgaden que regresaran a su área de operaciones en Salzburgo, Austria.

La 3.ª División de Infantería acató las ordenes, pero no sin las manos vacías. Descubrieron la bodega Göring, que contenía 16.000 botellas. Cargaron seis camiones con licor y regresaron a Austria. El mayor Dick Winters, del 2.º Batallón del 506.º Regimiento de Infantería Paracaidista, recordaría más tarde el descubrimiento de la bodega de Göring, que contenía 10.000 botellas.

El 2.º Batallón del 506.º Regimiento de Infantería Paracaidista intentó beberse las 10.000 botellas restantes, y probablemente estuvo muy cerca de lograrlo. Si bien no era la única fuente de alcohol en la ciudad –había bodegas por todas partes–, la reserva de Göring era, sin duda, la bebida alcohólica de mayor calidad a la que tuvieron acceso los paracaidistas.

El capitan Lewis Nixon, del 2º Batallón del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista en la mañana del 8 de mayo de 1945Cuerpo de Señales del Ejército de los Estados Unidos

El 7 de mayo, día en que Alemania firmó el acuerdo de rendición, el contenido de la bodega de vinos de Göring se distribuyó entre las compañías del 2.º batallón, un camión cargado para cada una. El capitán Lewis Nixon ya había seleccionado cinco camiones cargados de licor para él y los demás oficiales del batallón.

«Paracaidistas borrachos recorrían la ciudad en lujosos Mercedes, disparaban sus armas y celebraban su supervivencia a la guerra», comenta el antiguo conservador del Museo. Al día siguiente, la fiesta continuaba cuando el 2.º batallón recibió órdenes de trasladarse a Zell am See, Austria, a unos 50 kilómetros de distancia, para tareas de ocupación. Cuando el convoy partió de Berchtesgaden a las 22:00 de la noche, los hombres seguían cantando y bebiendo en la parte trasera de los camiones.